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[CINE] Modelo 77: la transición tras las rejas

Dirigida por Alberto Rodríguez, Modelo 77 nos adentra en la vida de una parte de la sociedad constantemente excluida y olvidada, tanto en la época en la que se desarrolla la historia, la Transición Española, como en la actualidad: los presos, especialmente aquí los de la cárcel Modelo de Barcelona.

Ana Adom

Lunes 14 de noviembre
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Modelo 77 nos adentra en la vida de una parte de la sociedad constantemente excluida y olvidada, tanto en la época en la que se desarrolla la historia, la Transición Española, como en la actualidad: los presos, especialmente aquí los de la cárcel Modelo de Barcelona. Presos políticos, comunes o perseguidos por la ley de Peligrosidad Social, que reemplazó en el 70 a la Ley de Vagos y Maleantes y que sirvió especialmente para penalizar a homosexuales y transexuales. Personas encerradas sin ningún tipo de garantía y soportando constantemente el trato degradante y los abusos de los funcionarios.

Dirigida por Alberto Rodríguez, no es la primera vez que este director se aventura a llevar a la gran pantalla una parte de la historia política y social de la España del siglo pasado, como ya hizo con El hombre de las mil caras (2016) sobre los GAL y como usó de telón de fondo en algunos otros de sus trabajos más cercanos al género policiaco como Grupo 7 (2012) o la premiadísima La isla mínima (2015).

El momento es clave, año 1977, tras la muerte de Franco se suceden las negociaciones para dar paso al cambio de régimen y el optimismo cala en una población asfixiada tras 36 años de dictadura.

Una parte de los presos, más formada y politizada, comienza a organizarse para que ese cambio político incluya también a los presos comunes encarcelados bajo el régimen franquista, tomando un papel central la lucha por una amnistía total. Es por ello que tras considerar limitados los indultos de los últimos años, en el 76 nace en la cárcel de Carabanchel la Coordinadora de Presos en Lucha (COPEL) que se extendió luego a otras prisiones del Estado y que contó con el apoyo de grupos de abogados. La Coordinadora fue perdiendo fuelle a medida que crecían las decepciones en un nuevo Régimen del 78 pactado por arriba para que todo quede atado y bien atado con los antiguos franquistas, como se muestra en la escena en la que los presos queman su bandera y finalmente desaparecerá en 1979 tras la aprobación de la nueva ley penitenciaria.

La película la protagonizan Miguel Herrán en el papel de Manuel, un joven de un barrio humilde de Barcelona a quien vemos entrar en la cárcel por un robo con varias incógnitas y sin fecha de juicio y un Javier Gutiérrez espectacularmente caracterizado como José Pino, el experimentado compañero de celda de Manuel.
La película pone especial atención a esas distintas formas de organización de los presos por reivindicaciones de derechos básicos pero con la vista puesta en la ansiada libertad. Dos horas en las que se amontonan crudas escenas basadas en hechos reales, como las autolesiones de cientos de presos en solidaridad con los compañeros desaparecidos y que se utilizaron como forma de presión a las direcciones penitenciarias para aceptar demandas como la apertura de puertas a los periodista. También los motines, alguno en coordinación con otras cárceles, fueron distintas formas de hacer traspasar las rejas la crítica situación que se vivía dentro de ellas.

Cuando Manuel, que pese a sus reticencias iniciales se había radicalizado hasta llegar a ser uno de los más activos miembros de COPEL, pierde la esperanza de la lucha negociada, ya que los indultos son selectivos y la amnistía no llega, afirma con determinación: “Este país es para los hijos de los dueños, nada va a cambiar”. Y es que la llegada de la democracia formal, una democracia para ricos como deja claro Manuel, no significaba acabar con la violencia sistemática ejercida por el Estado dentro y fuera de las cárceles, sino en muchos casos una continuación de un régimen que la Ley de Amnistía finalmente firmada en octubre de 1977 permitió a través de su pacto de olvido.

El desenlace de la película Modelo 77 representa una de las mayores fugas de la historia de España.
José Pinto, quien por un momento, pese a su constante escepticismo, también había confiado en la fuerza de COPEL, pasa a plantear a sus compañeros otra estrategia, la única que ya se concibe como viable para saborear pronto la libertad: planear la fuga. Y en poco más de dos semanas abren un túnel que unirá la enfermería de la cárcel Modelo con las alcantarillas de la calle contigua y que el 2 de julio del 78 verá suceder la fuga de 45 presos.

Poder adentrarse en unas escenas tan poco comunes de nuestro imaginario del pasado en la gran pantalla es un regalo y por supuesto también una buena manera de reflexionar sobre el papel real de la cárcel y sobre las formas de organización y resistencia que llevaron contra las condiciones infrahumanas y destructivas a las que son condenados aquellos que sistemáticamente son apartados de la sociedad por su identidad o sus ideas políticas, que a día de hoy siguen siendo inaceptables.


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