Cultura

TEORÍA MARXISTA

Capitalismo y afectos: sobre las funciones capitalistas de la alienación subjetiva

Sergio Abraham Méndez Moissen

México @SergioMoissens

Miércoles 18 de abril de 2018 | 13:05

Félix Guattari escribió un libro de psicoanálisis y marxismo titulado Revolución Molecular. Analiza la categoría de alienación y se atreve a dar un salto al vacío afectivo.

Karl Marx escribió en sus Manuscritos Económico Filosóficos su ruptura teórica con la obra de Ludwig Feuerbach. Ahí la categoría “alienación” encuentra un papel trascendental.

El obrero en el capitalismo está doblemente alienado: primero por la incorporación automática y deshumanizante de la máquina. En segundo lugar: por la incapacidad de reconocer su creación como propia. El obrero no se reconoce en su trabajo creativo: al contrario, se extraña.

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En el capítulo III de Revolución Molecular, escrito en 1977, Guattari aborda la multiplicidad de alienaciones subjetivas en el capitalismo. Tratándose de un marxista que estudió psiquiatría y que encabezó el movimiento antipsiquiátrico (es decir que buscó formas terapéuticas alternativas al uso de la psquiatría represiva) su texto resulta sugerente.

Alienación subjetiva capitalista

Dice Félix que su misión es rebelarse contra Sigmund Freud: que los instantes vividos por cada individuo no pueden considerase con el psicoanálisis tradicional por medio de la alegoría del teatro. Más bien las afectividades están formadas como una fábrica: un taller.

Existe pues un proceso de individuación, de formación de la personalidad, dinámica, siempre atrofiada, formada, moldeada, construida, por la máquina capitalista.

El orden capitalista impone de un modo muy sutil el modo de vida pero también es una fábrica de afectos. El modo de sentir y de relacionarnos con el mundo real y simbólico de un modo anímico.

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Algo aparentemente tan subjetivo como el afecto anímico (tristeza, alegría o soledad) no son inseparables de las funciones capitalisticas de la alienación subjetiva. Dice Guattari:

Si el capital requiere el aumento de la productividad del trabajador el patrón construye sin saber un nudo indescifrable en lo inmediato de vectores de alienación y de construcción de la subjetividad afectiva. Por ejemplo: la escuela hoy multiplicada en el capitalismo, generalmente forma socialidades que llegan al punto de conglomerados comunes y ordinarios colectivos que no son arbitrarios y no se pueden descomponer en esferas autónomas de la producción material de los afectos sin entender que es parte de un modo más complejo y total de semiotización y de subjetivación alienada.

La escuela, la prisión, la familia, los medios de comunicación masiva, la iglesia, la heteronormatividad, el racismo son, según Guattari "juntos una mega máquina compuesta por una multitud de elementos no inseparables que tienen su centro en la máquina (fábrica, taller) del capitalismo". Somos pues individuos equipados de modos de percepción normales: esto se construye en la fábrica, la escuela, la iglesia, los medios, etcétera.

El centro de la alienación está en el capital:

El capital es el centro de esa homogeneidad, funciona en estricto sentido a partir de la lógica de la ganancia y el capital es el centro de los valores del poder que constituyen esa gran máquina de producción de subjetividades, afectos y ánimos.

En términos más sencillos: la alienación generalizada y colectiva de la sociedad total está organizada por la empresa, por la fábrica, por el cluster industrial. Mientras más disciplina exista en las fábricas, talleres, empresas, más disciplinada estará nuestra subjetividad anímica. Mientras más disciplinada y explotada está la clase trabajadora, sugiere Guattari, más explotada y disciplinada estará la subjetividad global de la sociedad.

En el caso contrario, de la emancipación de las cadenas de los trabajadores, la sociedad entera se sentirá más libre. El ejemplo sugerente es mayo de 1968 en Francia. A 50 años de la “Primavera” como una de las experiencias más radicales de la irreverencia y de la libertad: es producto del poderoso movimiento liberador que ocurrió en todas las empresas y no al revés. La liberación de la sociedad en los años sesenta no produjo el movimiento de ocupación de fábricas. Fue al revés.

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