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Casado renuncia a Casado: el PP de Feijóo se abre paso y ya negocia con Vox el gobierno de Castilla y León

Tras más de cuatro horas de reunión con los barones territoriales, el presidente del PP pacta su salida el Congreso del 2 abril. Se consolida la vía Feijó, mientras Mañueco da pasos para cogobernar con Vox en Castilla y León.

Santiago Lupe

Jueves 24 de febrero
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Tras varios días en los que el presidente nacional del PP ha visto desvanecerse la práctica totalidad de sus apoyos, en la noche de este miércoles al jueves se selló la “pax Feijóo”. Tras más de cuatro horas de cónclave con los barones territoriales, Casado asumió su derrota y pacto su salida para el próximo congreso extraordinario del PP que, previsiblemente, se celebrará el 2 y de abril.

Una despedida que había quedado preanunciada con su intervención en la sesión de control del Congreso, en la que más que una pregunta al gobierno quiso leer el que será ya su epitafio político.

A cambio de esta “salida honrosa”, si es que tal cosa se pudiera decir, Feijóo recibiría el apoyo a su candidatura. Ambos dirigentes se encontraron este miércoles en la sede de la calle Génova antes de la reunión con el resto de barones, a la que no estaba invitada la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, por no ser presidenta del PP madrileño.

Lo acordado en este encuentro deberá ratificarse en la próxima Junta Directiva del partido, que se celebrará el martes 1 de marzo. Hasta el Congreso la portavoz del Grupo Parlamentario en el Congreso, Cuca Gamarra, asumirá también las funciones de coordinadora general. Esteban González Pons será el encargado de presidir el Comité Organizador del Congreso, que se conformará con al menos un miembro de cada organización territorial.

Fuera del acuerdo alcanzado, varios barones se han manifestado a favor de la posible candidatura de Alberto Nuñez Feijóo. Este viejo amigo de narcos y empresarios, aparece como el nuevo pegamento capaz de unir las distintas familias del PP. Lo hace tras la derrota humillante del ala de Casado y el rescate de Ayuso de una posible defenestración y expulsión, a cambio de que contenga sus aspiraciones al gobierno de la Comunidad y en ningún caso a disputar la presidencia del PP y la candidatura a las próximas generales.

Feijó ni confirma ni desmiente, pero en las quinielas no hay tampoco ningún candidato. Parece pues que se consolida la vía del actual presidente de la Xunta. Una salida intermedia, con un toque de bonapartismo interno innegable, cuyo contenido está por desplegarse en los próximos meses. Casado cae ante Ayuso espoleado por la crisis que ha generado en el PP el auge de Vox que confirmaron los resultados de Castilla y León.

Los intentos de separarse de los acuerdos con la extrema derecha – a pesar de haber asumido ya buena parte de su discurso y propuestas como se vio en la campaña electoral castellanoleonesa – chocaron con el trumpismo de Ayuso dispuesta a llegar a los pactos necesarios sin importar “lo que diga la izquierda”. Feijóo es muy posible que mantenga el rumbo hacia esta trumpenización o lepenización del PP.

Se trata de una tendencia que viene de lejos y que es expresión de la crisis orgánica que afecta al sistema de partidos del 78, que ahora tiene su flanco más dinámico en su ala derecha. El mismo Casado ganó el Congreso del 2018 representando al ala más proclive a disputarse con Vox quien era más reaccionario. El que ahora muchos medios venden como el adalid de la lucha contra la corrupción y paladín moderado, nos deja “perlas” como haber solicitado la ilegalización de la CUP, amenazar a Puigdemont de acabar como Companys, aplicar un 155 permanente en Catalunya como en el Ulster o acusar a los profesores catalanes de no dejar a los niños ir al baño si hablaban castellano.

Lo que suceda en Castilla y León será un buen indicador de a donde apunta la flecha. Ayer mismo, antes del decisivo cónclave en Génova, Mañueco se sentó durante dos horas con el candidato de Vox, Juan García Gallardo. Un encuentro calificado por ambos como cordial y fructífero y en el que la formación de Abascal insistió en que solo facilitará su investidura si acceden al gobierno. También, este derechista conocido por sus exabruptos misógenos y homofóbicos en redes sociales, se congratuló de que había visto sintonía en sus propuestas para acabar con las leyes de memoria histórica y contra la violencia machista de la comunidad.

Lo cierto es que nadie querrá una repetición electoral – salvo quizá Vox-, así es que es muy probable que el primer gran acto del nuevo PP de Feijóo sea un acercamiento a la extrema derecha mucho más osado que el de Moreno en Andalucía o Ayuso en la Comunidad de Madrid. Aunque sea por otras vías, y con una figura mucho menos carismática para su base social en comparación con Ayuso, la trumpenización del PP avanza. Y como en política en general los originales siempre cosechan mejores resultados que las copias, Vox seguirá avanzando también como ya muestran las primeras encuestas que lo acercan al sorpaso.

El PSOE por su parte aclaró ayer, en la respuesta a Casado del presidente en el Congreso, que no adelantarán elecciones. Sánchez lo vendió como un gesto de política de Estado, y en un sentido lo es. Unos comicios ahora darían un mapa parlamentario prácticamente ingobernable. Los sondeos no suman ni por izquierda, ni por derecha. La atomización parlamentaria se agravaría con la emergencia de las candidaturas provinciales de la España Vaciada, el bloque “progresista” necesitaría al menos de los votos de JxCat y la CUP, y las derechas solas tampoco llegarían a la mayoría absoluta.

Todos quieren ganar tiempo para lograr un desempate a su favor. Todos lo necesitan, y el IBEX35, la patronal y la UE lo exigen. El siguiente gobierno, si asume en 2023 que es cuando toca, será el encargado de gestionar la resaca de los Fondos NextGeneration. Retirada de estímulos, ajuste fiscal y contrarreformas, esa será su hoja de ruta. Afrontarla desde una posición de debilidad permanente es un peligro para el gestor de turno de los negocios de los de siempre.

El peligro del ascenso de la derecha y la extrema derecha es más que real. Desde la izquierda gubernamental e institucional se apela a consolidar un cordón democrático en las instituciones. Unidas Podemos y sus socios parlamentarios recetan más de lo mismo, unión con un PSOE que asume gran parte del marco de la derecha en materias como la cuestión territorial, la política migratoria y exterior y, por supuesto, los grandes ejes de su política económica. Seguir abonando las causas profundas del descontento y malestar que son fermento del crecimiento de estas tendencias reaccionarias.

Esta unidad con Moncloa no solo renuncia a resolver estos grandes problemas sociales o la defensa irrestricta de demandas democráticas como el derecho a decidir como antídoto al veneno españolista y la España de los balcones de Abascal, Ayuso y el caído Casado. Sobre todo renuncia a romper la paz social y el clima de desmovilización impuesto por el neorreformismo y sus aliados en lo social, las burocracias sindicales y de los movimientos.

Prepararse para enfrentar el auge de la derecha y la extrema derecha no pasa por repetir las políticas que le están abriendo paso. Es necesario que desde la izquierda anticapitalista, el sindicalismo alternativo y los movimientos sociales, se ponga en el centro la recuperación del músculo social. Promover la movilización y la autoorganización contra todas las políticas de derechas, también las aplicadas por el gobierno “progresista” y los autonómicos, exigir permanentemente el fin de la concertación social de la burocracia sindical. Y al mismo tiempo abrir en la izquierda un debate necesario sobre qué alternativa política construir a la bancarrota de quienes son la pata izquierda del social-liberalismo u otras, como la política de mano extendida de la CUP, que lo han sido de otras opciones fracasadas como el procesismo catalán.

Ante el auge de Vox y el proyecto de un PP que avanza a su unidad de destino con la extrema derecha, no necesitamos una izquierda del mal menor y la rebaja de expectativas, sino poner en pie otra que pelee por una hoja de ruta basada en la independencia política de todos los partidos que gobiernan para los capitalistas, el desarrollo de la más amplia y unitaria movilización social y la defensa de un programa contra el régimen, del que la extrema derecha es su último baluarte, y que resuelva los grandes problemas sociales sin detenerse en el respeto a los privilegios de los grandes capitalistas.


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Santiago Lupe

Nació en Zaragoza, Estado español, en 1983. Es director de la edición española de Izquierda Diario. Historiador especializado en la guerra civil española, el franquismo y la Transición. Actualmente reside en Barcelona y milita en la Corriente Revolucionaria de Trabajadores y Trabajadoras (CRT) del Estado Español.

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