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Claves de la segunda vuelta entre Lula y Bolsonaro en Brasil

Entrevistamos a André Barbieri, editor de La Esquerda Diário -que integra la Red Internacional de La Izquierda Diario- y dirigente del Movimiento Revolucionario de Trabajadores (MRT). A un día del ballotage en Brasil, Barbieri repasa las alianzas políticas que tejieron tanto Bolsonaro como Lula en esta campaña, qué se puede esperar de una eventual futura presidencia del PT y cómo enfrentar a la "nefasta extrema derecha".

Santiago Montag

Viernes 28 de octubre
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¿Qué nos podes contar sobre el desarrollo de la campaña hacia esta segunda vuelta?

En primer lugar podemos ver una derechización de toda la campaña y la situación en general. Esto es a partir de la consolidación del bolsonarismo en el Congreso (senado y cámara baja) además de haber ganado o habiendo estado muy próximo de hacerlo en primera ronda en varias gobernaciones importantes, de ahí una base social que efectivamente tendrá continuidad más allá del 30 de octubre. Entonces todos los debates estuvieron centrados en deslegitimar a la figura del otro a través de fake news, de órdenes judiciales, declaraciones televisivas, etc. Sobre los proyectos económicos de cada uno no hay ninguna novedad, lo que está generando mucha incertidumbre pero también desviando la atención de los debates más profundos sobre lo que va a pasar luego. Lula por un lado apela al crecimiento de Brasil bajo su mandato entre 2002 y 2010, mientras que Bolsonaro a que entregó el Bolsa Brasil (un subsidio a las familias más pobres) que es superior a la ayuda económica que entregaba Lula, pero que no tendrá continuidad más allá de las elecciones.

¿Cómo se expresó la campaña de ambos estos últimos días?

El punto más alto de tensión fue el enfrentamiento que tuvo Roberto Jefferson (del PTB) con la Policía Federal durante una orden de captura por difundir fake news. Este personaje es un aliado de primera hora de Bolsonaro, pero de cara a la segunda vuelta, Bolsonaro buscó distanciarse de este ataque, pues teme desgastar sus intentos de ganar el apoyo de sectores de la gran burguesía.

También estuvo tratando de presionar al Supremo Tribunal Federal (STF), haciendo denuncias de que estaban favoreciendo a la campaña de Lula al sacar sus spots radiales, una forma de evadir el problema que le generó el ataque de Jefferson. Además de salir por televisión a dar un discurso con tono de derrota donde habría un posible fraude electoral pidiendo al mismo tiempo aplazar las elecciones. Luego continuó con su tendencia de amenazas golpistas cuando se reunió con la cúpula militar más cercana, para pedirles que intervengan. Recordemos que el STF le concedió de forma inédita a las Fuerzas Armadas fiscalizar las elecciones, o sea tienen el poder de avalar o no la votación, que podría ponerse en cuestión si fuera muy cerrada la diferencia.

Entre otros temas estuvieron varias declaraciones de los líderes evangélicos conservadores atacando fuertemente a Lula da Silva llegando a asegurar que había hecho un “pacto con el diablo’’. Algo que Lula tuvo que salir a desmentir, y al mismo tiempo articular un discurso basado en la familia y los valores cristianos para captar el voto conservador expresado en su “Carta Pública al Pueblo Evangélico” . Esto llevó a Lula a posicionarse claramente contra el aborto y el consumo de drogas. Esta ampliación de alianzas le va a traer serios problemas teniendo en cuenta que ya está cediendo mucho a la burguesía industrial y los bancos pensando en un futuro gobierno. Podemos verlo expresado en la fórmula electoral con Alckmin y tejiendo acuerdos con su competidora de primera vuelta, Simone Tebet del derechista MDB. O sea, busca posicionarse como el candidato de la gobernabilidad en Brasil.

Decías que luego de la primera vuelta el bolsonarismo llegó para quedarse, ¿podrías profundizar sobre ese tema?

Debemos destacar que el actual presidente, Jair Bolsonaro, obtuvo más de 51 millones de votos, 1,7 millones más que en 2018, y llega a la segunda vuelta con un margen mucho mayor al esperado. También mejoró su posición en el Congreso teniendo en cuenta la fragmentación del sistema político. En la Cámara de Diputados, el Partido Liberal (PL) de Jair Bolsonaro ganó al menos 23 diputados, llegando a 99, y se convirtió en la bancada más grande de los últimos 24 años en la Cámara, cuando el ex Partido del Frente Liberal (PFL) llegó a obtener 106 parlamentarios en la reelección del expresidente Fernando Henrique Cardoso (PSDB), en 1998.

En el Senado, el Partido Liberal es el que más crece en su presencia parlamentaria este año, con 13 escaños; puede perder el puesto de primer grupo parlamentario si se produce la fusión de União Brasil con el Partido Progresista -PP- (este nuevo partido llegaría a 16 senadores). En resumen, la extrema derecha bolsonarista absorbe la base social de la vieja derecha tradicional del MDB y del PSDB.

Sus aliados ganaron varias gobernaciones (Claudio Castro en Río de Janeiro y Romeu Zema en Minas Gerais; Tarcísio Freitas y Onyx Lorenzoni lideran la elección de cara a la segunda vuelta en San Pablo y Rio Grande del Sur).

Como sabemos, Bolsonaro y sus aliados buscarán tomar una nueva posición, desde el Congreso y los gobiernos estatales, para atacar a los trabajadores, las mujeres, los afrodescendientes, pueblos originarios y las personas LGBT. Esto confirma que el "bolsonarismo" no es un fenómeno pasajero en la política brasileña. El escenario es el de un país mucho más a la derecha de lo esperado.

Lula está liderando las encuestas manteniendo la misma distancia que sacó en primera vuelta, pero como decías la radiografía de Brasil nos muestra un escenario más a la derecha. ¿Cómo repercute esto en un futuro gobierno de Lula?

Esta relación de fuerzas, con un bolsonarismo fortalecido, está presionando aún más el ambiente hacia el conservadurismo y más giros a la derecha. De hecho Lula ya estuvo tejiendo nuevos aliados. Estos "aliados" del PT son los que han sostenido todo el giro a la derecha en Brasil desde el golpe institucional contra Dilma Rousseff en 2016. El régimen político está conquistando lo que quería, llevando a la candidatura de Lula hacia el "hemisferio derecho". Para Lula, la articulación hacia el llamado "centro" va mucho más allá de los acuerdos con otros candidatos como Simone Tebet (4,2% dos votos) y Ciro Gomes (3%), tendrá que lidiar con gobernadores derechistas e intendentes que en sus ciudades apuestan a impulsar al "bolsonarismo".

No está de más recordar que la candidatura de Lula y el PT fue resucitada del ostracismo por el guante del mismo régimen político que había encarcelado al expresidente en 2018, con el objetivo de relegitimar y restaurar la figura debilitada del sistema político brasileño. Como parte de esta operación política, el PT incluyó en su seno al PSDB, fusionando las siglas de las dos fuerzas que habían polarizado la política durante el transcurso del antiguo régimen de 1988. En esa condición, ante la inestabilidad permanente que representa Bolsonaro, la candidatura de Lula es aún más sensible a los anhelos de los verdaderos factores de poder, que exigen del PT lo que siempre estuvo dispuesto a dar: la garantía de la gobernabilidad y la no reversión de las reformas contra derechos sociales que conquistaron los capitalistas en el ciclo 2016-2022. Ahora querrán compromisos aún más duros de que se pondrán sus intereses por arriba de las necesidades más sentidas por la clase trabajadora y los pobres, y nombres que representen esto dentro del gobierno.

La política ahora es seguir cosechando apoyo en el campo de la derecha, y decir que no se puede ganar a Bolsonaro sin expandir el ya amplísimo Frente Amplio. La prensa comienza a anunciar que "los brasileños son conservadores". El objetivo es condicionar aún más a Lula, que ya tiene con él una constelación de derechistas, empezando por su candidato a vicepresidente el derechista Alckmin. Pero también basado en la búsqueda del PT por conseguir el apoyo de simpatizantes en el PSDB, como el expresidente Fernando Henrique Cardoso, Henrique Meirelles, sus funcionarios neoliberales, y hasta el nutrido grupo de empresarios y banqueros que responden a las principales cámaras empresariales. Esta política de conciliación con la derecha solo fortaleció la recuperación bolsonarista.

La actual política de Lula y el PT desmoraliza y debilita la lucha contra la extrema derecha, termina siendo responsable de fortalecer a Bolsonaro y a la ultra derecha. Es necesario fortalecer la movilización y organización independiente de trabajadores, negros, mujeres, la comunidad LGBT para conectar las aspiraciones de la población pobre y trabajadora en un serio enfrentamiento con la nefasta extrema derecha.


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Santiago Montag

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