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Convención Constitucional: mucho ruido y pocas nueces. ¿Se lograrán los cambios exigidos en las calles?

La Convención Constitucional, órgano nacido bajo el auspicio del Acuerdo por la Paz de noviembre del 2019, empezó la discusión de “fondo”, de los contenidos que pasarán a ser parte del proyecto de Nueva Constitución. Entre las alarmas de patrones y derechistas, la moderación de otros y los intentos “refundacionales”, hay mucho ruido y pocas nueces. Hasta ahora se aprobó que Chile será un “Estado regional, plurinacional e intercultural” así como varios cambios en relación a los “sistemas de justicia” incorporando la justicia indígena, y se iniciaron las votaciones de formas de Estado.

Pablo Torres

Martes 22 de febrero
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La derecha cavernaria

Fue el escritor y novelista peruano Mario Vargas Llosa quien acuñó esa frase, dirigiéndose a un público derechista en las calles de Santiago el año 2017 para convencerles que se sumen entusiastas a la nueva aventura de Piñera para su segundo mandato presidencial. El término podría perfectamente calzar con los ánimos y sentires de un sector del gran capital y de la derecha oligárquica frente a la Convención. “Se busca la subordinación de los jueces al poder político”; “se busca debilitar a la justicia y desmantelar el poder judicial”; “busca la deformación del estado, la desintegración nacional, la descomposición nacional”; “se esconde el estado federal bajo el estado regional”; “esta propuesta es un botín de guerra”; “priman los caprichos, ni España se atrevió a tanto”; “se busca el separatismo, se busca desintegrar el país”; esta propuesta se hizo con odio y revanchismo”; “se busca dinamitar el Estado unitario”; “fue una compulsión fanática”. Como señaló el convencional Daniel Stingo en su intervención, “todas estas cosas las pueden escuchar si las buscan en lo que nos dijeron hoy día y ayer”. La derecha, en minoría, quedó rechazando todo. Y ahí quedó. Y ahora saltaron los viejos burgueses democristianos, renunciados y en crisis, buscando articular un movimiento de “amarillos por Chile” a través de un nuevo profeta del “diálogo” como Warnken.

Veníamos analizando (ver acá) que tras las votaciones en Comisión de varios artículos “polémicos”, saltaron alarmas empresariales y del “partido del orden” amenazando con las penas del infierno. ¿Está justificado tanto berrinche derechista y del “centro” burgués? El objetivo es uno, por ahora: presionar lo mayor posible para moderar todo en el Pleno con los famosos dos tercios y desde ahí salga una Constitución moderada que no toque sus intereses, aunque haga ciertos cambios. Vale decir: Gatopardismo, cambiar algo para que nadie cambie. ¿Irse de la Convención? No, por ahora. Cubillos sintetizó este espíritu: “En Venezuela la derecha abandonó, acá al menos yo no”.

En esta campaña aparecieron nuevamente los “gremios” y asociaciones de la “sociedad civil” en defensa de la “libertad de enseñanza”; las “tradiciones”; la “propiedad privada”, y buscan emerger sectores para liderar causas reaccionarias como los “camioneros” exigiendo militares y represión en La Araucanía contra el pueblo mapuche, y explotando la crisis migratoria en el norte exigiendo militares y represión, con participación de la ultra derecha republicana en sus bloqueos como vimos en Antofagasta. Buscan, todos ellos, llevar la relación de fuerzas hacia la derecha, hacia ningún cambio y hacia una agenda securitaria y de “orden”. La clase obrera, la juventud, las mujeres y los pueblos debemos prepararnos para enfrentarles. Está inscrito en la nueva situación política abierta.

Gatopardismo frente amplista y restauración democrática

¿Conquistarán las grandes mayorías trabajadoras y populares los derechos que se han luchado por décadas como salud, educación, salarios y pensiones dignas, vivienda, tierra? Aunque por un lado se nos aparezca una especie de campaña del terror contra la Convención; y por otro, sectores (como el bloque de Movimientos Sociales Constituyentes y ex Lista del pueblo) hablan de cambios profundos que generan la ilusión que cambiará radicalmente el modelo y el viejo régimen; lo cierto es que, ni los primeros quieren por ahora tirar abajo la Convención; ni los segundos tienen la fuerza ni la estrategia para esos cambios radicales.

Y esto por la sencilla razón que lo más probable, de no mediar grandes cambios políticos y sociales en la relación de fuerzas –como sería el ingreso del movimiento de masas o franjas de ella en la lucha política- es que salga de la Convención una Constitución moderada, incluso que pueda tener varios cambios “simbólicos” importantes y no sean de su agrado (como llamar al Estado “Plurinacional y Regional”) pero sin tocar los pilares del poder y la riqueza de los dueños del país. En régimen político es probable no existan los dos tercios para eliminar el Senado, y todos los bloques acuerdan un “presidencialismo moderado”. El mismo sistema de justicia, pese a cambiar su nombre e integrar enfoques de género y plurinacional, no atenta contra la vieja casta millonaria y reaccionaria de los jueces, ni siquiera aquellos que sirvieron a la dictadura; ni siquiera se discutió la elección popular de jueces y los jurados populares.

Vale decir: hay cambios (por ahora solo en régimen político y justicia), pero sin tocar realmente la herencia de la dictadura de Pinochet. Y más probable es que esa herencia no se toque justamente cuando se resuelvan medidas referente a la “propiedad privada” de grandes medios de producción (desde los minerales, hasta las tierras forestales, los derechos de agua, etc.). Se busca recomponer una cierta crisis estatal transformando el viejo aparato estatal “portaliano”, centralista y cesarista, en un Estado más “integral” que “incorpore” sectores sociales postergados y cambios simbólicos, pero sin que estos cambios ataquen ni los intereses de los grandes dueños del país, ni de las viejas estructuras del poder político capitalista. Por ejemplo mientras se aprueba la “Plurinacionalidad”, se rechaza cualquier separación territorial. Vale decir, las comunidades no podrán hacer valer su “territorio” cuando reclamen la “plurinacionalidad”.

¿Se podría votar en pleno la “restitución” de las tierras como reclama un proyecto aprobado por la Comisión Ambiental? ¿O la expropiación de los derechos de agua, que la SNA calificó como una expropiación de 200 mil millones de dólares? Requeriría el concurso del FA. No es descartable con bloques débiles pero tampoco es lo más probable. La clave del proyecto FA es hacer reformas que se han exigido en las calles, pero, como en su momento lo hizo Bachelet, desvirtuarlas tomándolas de forma parcial, con “gradualidad”, moderación y conciliación. Y en la Convención, cambios parciales y derechos sociales pero sin tocar las viejas estructuras económicas y políticas.

¿Y entonces?

De provocarse una fisura mayor en el bloque del “Acuerdo por la Paz” (desde FA hasta la Derecha), vale decir, donde se aprueban cambios un poco más que “simbólicos” y “jodan” más al capital, el proyecto de la Convención Constitucional y por tanto del desvío institucional, podría ir a una crisis. Esa es la parte correcta, desde una posición de clase burguesa, que plantean los “amarillos” de Warken.

¿De ser así, iría un sector más a polarizar más el plebiscito de salida? Todo aquello es difícil que le sea conveniente al gobierno de Boric, pues en el parlamento puede quedar virtualmente bloqueado en sus reformas. Un “estallido institucional” no es la salida ni para Boric ni para el gran capital.

No obstante, aún está abierto el camino.

Movimientos sociales y ex Lista del Pueblo: ¿Estrategia de movilización independiente o estrategia parlamentarista de maniobras y presión institucional?

La Convención en su momento más intenso, mientras las masas menos interesadas. ¿Se debe al verano, a la apatía? ¿Ya no se quieren más cambios?

No se trata de eso. Es evidente que hay expectativas en Boric y desde hace meses hay pasividad. Las mayores acciones “de calle” han venido por derecha con los camioneros. Sin embargo, la politización creciente, en pasividad, no implica que no hay ánimos de cambios.

Pero hay un objetivo de bajar o moderar “expectativas” de la gente y se ha formado un frente común en ello, para que las grandes mayorías trabajadoras y populares sigan esperando (nuevamente) lo que han esperado por 30 años y más. Y eso va acompañado de una política consciente para “desmovilizar”. Como les dijo Izkia a los pocos manifestantes en Plaza Dignidad “la gente se aburre que protesten fuera de su casa”. El PC y las burocracias sindicales han seguido esta campaña de pasividad a cabalidad ya casi hace dos años.

Lamentablemente el bloque de los Movimientos Sociales – ex Lista del Pueblo, aunque han empujado medidas más de izquierda aprobadas en comisiones y que han irritado a grandes empresarios, siguen a la pura estrategia de negociaciones y maniobras parlamentarias y la subordinan a la voluntad del FA y del “progresismo”, que probablemente liquidarán cualquier aspecto progresivo.

Esa estrategia del bloque de izquierda de la Convención (que se inscribe en un programa de “reforma” del Estado y no en una política revolucionaria) no se propone la unidad y coordinación de las luchas, ni la preparación y el desarrollo la autoorganización y la movilización independiente de las masas trabajadoras, populares, mujeres, jóvenes e indígenas, sino la reforma estatal mediante maniobras y negociaciones con el “progresismo”. Dicho camino lleva al respeto a todas las reglas del Acuerdo por la Paz, a los dos tercios, a la “vía institucional”. Ya lo han hecho, y por algo se mantiene una Convención mientras continúan presxs de la revuelta y no hay ni juicio ni castigo a los represores y asesinos en la revuelta.

Su política de “defender la Convención” es fundamentalmente falsa. La CC no es “hija” del estallido (como también pronunció recientemente Patricio Fernández) más bien es una especie de “hijo bastardo” pero del viejo régimen. Pero el problema no es solo allí, de análisis, sino de política y de acción. “Defender la Convención” no logrará la conquista de las demandas de Octubre, sino que corre el peligro ir a un frente común con el gran empresariado y el FrenteAmplismo, de defender todos una Constitución moderada, con cambios parciales y simbólicos. No sería una vía de “apertura” para nuevas luchas como dicen, sino una vía de “clausura” de la etapa que abrió la revuelta y que luego fue desviada por el Acuerdo por la Paz.

En lo inmediato “Defender la Convención” llevará a puras negociaciones con el progresismo y después a preparar el “Apruebo de Salida” en el plebiscito. ¿Lucha de clases y movilización? Nada de ello. A lo más, algunos “comandos del Apruebo” dicen algunos. Es decir: la estrategia de continuar el camino de pasivizacion del movimiento de masas. Un camino iniciado en el Acuerdo por la Paz, y que ya lleva sus dos años con pandemia entremedio.

Con esa política cualquier cambio más progresivo se verá cercenado en el pleno. Lo que hoy se necesita, más que nunca, es preparar las condiciones, junto a las organizaciones de masas de la clase trabajadora, del pueblo y de los movimientos sociales, para un gran movimiento de lucha en las calles por demandas claves como la libertad los presos, la condena a los violadores de derechos humanos, el fin a los negocios de la salud, educación, AFP, y conquistar salarios y pensiones que permitan vivir dignamente, poner fin a la precarización laboral, conquistar el derecho al aborto legal y libre, el derecho a la autodeterminación del pueblo mapuche, recuperar los recursos naturales, etc. Es momento de unificar y coordinar estas peleas en un Pliego Único de Demandas y en un Plan de Lucha.


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Pablo Torres

Dirigente nacional del Partido de Trabajadores Revolucionarios (PTR). Autor y editor del libro "Rebelión en el Oasis", ensayos sobre la revuelta de octubre de 2019 en Chile, Edición Ideas Socialistas, 2021.

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