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UNIDAD OBRERO-ESTUDIANTIL

Cuatro lecciones de la huelga de Cádiz para la juventud y el movimiento estudiantil

Muchos jóvenes hemos seguido con admiración estos nueve días de huelga ¿Qué podemos aprender de esta gran lucha para las que tenemos por delante?

Pablo Castilla

Contracorrent Barcelona - estudiante de Filosofía, Economía y Política en la UPF

Jueves 25 de noviembre | 19:02

La huelga de Cádiz que durante nueve días ha copado los telediarios y llenado las redes sociales ha llegado a su fin después un preacuerdo entre CCOO y UGT con la patronal, no exento de cuestionamietos por parte de otras organizaciones de la izquierda sindical y sectores de los huelguistas.

El ejemplo de los trabajadores y trabajadoras en lucha contra la precariedad que sufren ha generado la solidaridad de amplios sectores de la población. Tras un largo periodo de pasividad, las imágenes de la bahía traían recuerdos de un pasado que los más jóvenes ni siquiera hemos conocido y precisamente por eso debemos aprender de las lecciones que nos deja el conflicto.

Estado capitalista y gobierno de turno siempre en la barricada de enfrente

En los últimos año se ha mostrado la combatividad por parte de la juventud que enfrentamos las cargas policiales en las movilizaciones contra la sentencia del procés, el encarcelamiento de Hasél o el asesinato de Samuel. Salimos a las calles a luchar por nuestras demandas porque la historia, y especialmente la historia del movimiento obrero, nos ha enseñado que es la única vía efectiva de conseguir nuestras demandas.

Entonces denunciábamos la criminalización que sufríamos por parte de los medios de comunicación y la represión del gobierno central y la Generalitat en el caso de Catalunya. Ante la huelga del metal, la prensa se ha esforzado en disfrazar las acciones de protesta obrera como actos de delincuencia.

El “gobierno más progresista de la historia” ha militarizado la ciudad, enviado tanquetas y desplegado las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad por los barrios, mientras el PCE pedía a quienes reprimía que confiaran en él. Así, se ha demostrado que la lucha por conquistar derechos sociales y mejoras en las condiciones de vida no es solo contra la patronal, sino también contra el Estado y el gobierno de turno.

La unidad obrero-estudiantil y la potencialidad de la lucha de la clase trabajadora

Sin embargo, la fuerza del movimiento estudiantil o las protestas juveniles no es equiparable al “poder de fuego” que posee el movimiento obrero con sus métodos de lucha. La potencialidad de una huelga universitaria no es la misma que la paralización de un punto clave para la industria naviera. Puesto que los y las trabajadores son quienes controlan los sectores estratégicos de la economía, su capacidad para poner contra las cuerdas al Estado capitalista es mayor y por tanto también su carácter hegemónico. Los obreros en huelga organizando piquetes, montando barricadas, recibiendo el apoyo de su comunidad y enfrentando la represión del Estado muestran que la clase trabajadora podía estar dormida, pero no desaparecida.

He aquí la importancia de construir un movimiento estudiantil unido con los y las trabajadoras, tomando además de nuestras demandas propias las reivindicaciones de los sectores en lucha como podían ser la huelga de Cádiz, los obreros de fábricas en cierre o el personal docente precarizado. Ahora gran parte de la juventud ha visto como el mismo gobierno que la reprimía cuando se movilizaba también cargaba contra los trabajadores y trabajadores en lucha; el mismo gobierno que hace la Ley Castells en la universidad y prepara una nueva reforma laboral contra el conjunto de la clase trabajadora.

La necesidad de la autoorganización para superar a las direcciones que juegan para el enemigo

La lucha de clases sigue viva, pero las “falsas direcciones” que juegan para el enemigo también lo están y así se ha visto en Cádiz. Los supuestos defensores de la clase trabajadora, con el PCE llamando a la calma, Unidas Podemos criticando las cargas que su propio gobierno enviaba y las burocracias sindicales negociando a espaldas de los trabajadores, dan cuenta de que las direcciones traidoras del movimiento obrero no están muertas, sino gobernando y en los despachos de CCOO y UGT.

Quienes han negociado el convenio sectorial no eran los comités de empresas, ni siquiera delegados del personal de las empresas afectadas; eran elegidos por las burocracias sindicales de las federaciones del sector. Sin una asamblea unitaria de todos los huelguistas que tomara las decisiones y a la que se sometieran los sindicatos, el conflicto quedaba en manos de quienes trabajan para el enemigo. Sin organismos de autoorganización, la fuerza de la espontaneidad obrera se diluye perdiendo para imponerse su fuerza a las burocracias a medida que avanza el conflicto sin que emerja una alterativa.

Este esquema también aplica para las protestas de la juventud y el movimiento estudiantil de los últimos tiempos caracterizados por su explosividad ante hechos puntuales que desataban la rabia. En el caso de las movilizaciones en Catalunya contra el encarcelamiento de Hasél, la negativa del SEPC o Arran – principales organizaciones juveniles aquí – a impulsar asambleas en los centros de estudio o barrios, que reunieran a los miles de jóvenes que salíamos a la calle propició que el movimiento se desgastara y aquella fuerza y experiencia no se conservara para luchas posteriores.

Ahora ante la lucha contra la Ley Castells, la falta de asambleas de facultad masivas donde nos reunamos estudiantes, personal docente y no docente para discutir nuestras demandas y un plan de lucha para conquistarlo supone un gran límite para derrotar esta contrarreforma universitaria.

La lucha queda en manos del organizaciones como Estudiantes en Movimiento vinculada a las juventudes del PCE, integrante de la coalición cuyo ministro hace la reforma. También queda a cargo de los representantes estudiantiles de CREUP acomodados a la gestión antidemocrática de la universidad y el Frente de Estudiantes vinculada al PCTE que, pese a ser crítico con el gobierno, mantiene los mismos métodos burocráticos y se niega a desarrollar organismos de autoorganización.

En Cataluña, el SEPC, aunque no está comprometido con el apoyo al gobierno “progresista”, supone también un freno a la masificación de las asambleas de facultad existentes. Evita así cualquier desbordamiento que pudiera tomar la lucha contra Castells para ir un paso más allá y cuestionar el modelo universitario neoliberal de la Generalitat, con quien la CUP, a pesar de su negativa a los Presupuestos, se niega a romper su pacto de investidura.

La necesidad de construir una izquierda independiente del reformismo en el gobierno, anticapitalista y revolucionaria

Por último, falta un quinto elemento que articule políticamente esa lucha contra la policía, las patronales y el Estado, que se construya en los centros de trabajo y pelee por que se desarrolle la hegemonía obrera, que combata el rol de las burocracias sindicales peleando por la autoorganización, a la vez que una a la juventud con el conjunto de la clase trabajadora; hablamos de un partido anticapitalista revolucionario e independiente de la izquierda del régimen.

Nos referimos a una organización que no pida a los trabajadores confianza en el gobierno como hace el PCE, sino que esté junto a ellos para desarrollar sus propias fuerzas. Que lejos de ofrecerse como mediación en los conflictos obreros como hizo "Kichi" de Anticapitalistas, pelee por impulsar asambleas generales de las plantillas en lucha para superar a las burocracias sindicales.

Necesitamos una alternativa política que frente a la avance de la extrema derecha no pida aliarse con la Ministra de Trabajo que prepara el próximo ataque a la clase trabajadora como hizo Teresa Rodríguez, sino una formación que plantee la necesidad de un reagrupamiento de la izquierda anticapitalista y revolucionaria con independencia de clase en disposición de luchar por una salida a la crisis para la clase trabajadora y los sectores populares.

Porque el mal menor es Unidas Podemos haciendo oídos sordos mientras su gobierno reprime huelgas. Son los sindicatos diciendo que no es hora de movilizarse contra la subida de la luz. Es cargar contra una manifestación que protestaba por un asesinato homófobo mientras se garantiza el desfile de nazis por Chueca. El mal menor es enviar el ejército a Ceuta para enviar expulsar migrantes y regalar miles de millones al IBEX 35 de los Fondos Europeos con el apoyo de Vox ¿Cómo podemos enfrentar el ascenso de la extrema derecha así? Sencillamente no se puede.






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