SUPLEMENTO

Cuba: “El aumento de la represión tiene que ver con las necesidades del plan Tarea Ordenamiento y su política de shock”

Entrevista a Lisbeth Moya González

cuba
Ilustración: @marcoprile

Cuba: “El aumento de la represión tiene que ver con las necesidades del plan Tarea Ordenamiento y su política de shock”

Milton D’León

Pablo Oprinari

Conversamos con Lisbeth Moya González, quien es una joven periodista, escritora y activista política como parte de la izquierda crítica cubana. En esta interesante entrevista, realizada en los últimos días de diciembre, se consideran distintos aspectos de la difícil problemática económica, política y social que recorre la isla, cuyo destino es de gran interés para los trabajadores y pueblos de América Latina y el mundo. Sin compartir algunas de las diversas cuestiones que desarrolla, consideramos de suma importancia dar a conocer su visión sobre lo que acontece en el interior de la propia isla y los caminos que se proponen para una salida de la actual crisis cubana. Esta entrevista es parte de un conjunto que estamos realizando a una parte de la llamada izquierda crítica cubana; próximamente estaremos publicando un artículo sobre la situación y el programa, donde abordamos nuestra visión y posición como parte de los debates en curso.

Las movilizaciones del 11 de julio de 2021 marcaron un antes y un después en la situación política en Cuba. ¿Cuáles fueron, para ti, las causas de esas movilizaciones?

El 11 de julio fue un día bastante polémico, fue un día que para mí no fue una sorpresa. Sabíamos con anticipación que las cosas estaban mal desde el punto de vista económico, desde el punto de vista del descontento de la gente, y que eventualmente iban a explotar. No sabíamos de qué manera, pero sí que algo se iba a armar. Yo vivo en un barrio marginal que se llama Jesús María, en el centro de La Habana vieja, y todo el tiempo sentíamos el descontento popular. Estaba todo muy caldeado. También sabía, pues conozco otras partes de la historia, porque tengo a mis padres, por ejemplo, que viven en el interior del país, que allí la situación económica era mucho más terrible que en La Habana.

Por otro lado, hay que considerar que en Cuba pasamos por un período especial y si bien tuvimos un maleconazo el 5 de agosto de 1994, este fue un pequeño estallido social, comparado con el 11 de julio. La ciudadanía está acostumbrada, por falta de tradición política o porque se les educa en obedecer y ser parte de un sistema, como un engranaje continuo, a no rebelarse. Porque además el derecho de manifestación en Cuba no existía en lo más mínimo, hasta hace muy poco que en la nueva Constitución sí se habla del derecho a manifestación.

Entonces, en Cuba no existe tradición de protesta. No existen sindicatos que ejerzan esa función; aunque existe la Central de Trabajadores de Cuba, que es como un gran sindicato que está controlado por el Gobierno, pero no ejerce la función de sindicato. Cuando tienes problemas en el trabajo con tu jefe o cualquier cosa el sindicato no te va a respaldar de la misma manera. Cuando tienes un problema con los efectos de las medidas económicas que se apliquen a nivel macro en el país no vas a ver a un sindicato en la calle reclamando tus derechos. O ante situaciones como las que se enfrentaron hace un tiempo, cuando ocurrió una especie de despidos masivos, que acá se le llamó en ese momento un “proceso de idoneidad” dentro de los trabajos, que sencillamente te decían que ya no, porque se abría el sector privado, y se buscaba echar a la calle a trabajadores del sector estatal, hacían un proceso de selección y sencillamente echaron a la calle a un montón de gente para que fueran precisamente la mano de obra de ese sector privado. Eso le dolió a mucha gente porque muchas personas estaban adaptadas a su trabajo y sencillamente verte sin trabajo de un día para otro no es nada gracioso y ahí no hubo un sindicato, por ejemplo, que protestara, y no sucedió nada.

Con esto no estoy diciendo que en Cuba no exista una tradición política de protesta. Tenemos una historia que es de antes del ‘59, que era una historia convulsa de protestas, de lucha, pero luego se vino a eliminar toda posibilidad de asociación, de disenso, o sea, básicamente, actualmente, si no estás de acuerdo con lo que se plantea desde arriba, esa verticalidad, si no estás de acuerdo con ellos, no puedes protestar.

Entonces el 11 de julio llega en el punto álgido de un montón de contradicciones, contradicciones de tipo económico que tenían que ver con la situación cubana que estaba mal desde antes. En Cuba nunca hemos estado económicamente bien, desde el período especial hasta los días de hoy, que nadie se engañe. La situación más reciente tiene que ver con la desaparición total de los productos básicos, conseguir un pomo de aceite, carne o lo que sea, acá es muy difícil. Tiene que ver con la gran inflación que existe, descomunal, que se dice era del 6900%, no sé bien la cifra, pero era una brutalidad, pero es que las cifras oficiales nunca están a mano.

Pero yo creo que el fenómeno es mucho más complejo que eso. Para analizarlo hay que pensar, por ejemplo, que no se puede olvidar un momento que fue clave de lo que sucedió en Cuba en enero, que fue la Tarea Ordenamiento Económico, que fue un momento en la economía que, en medio de la crisis económica y sanitaria que implica el COVID-19, se decidió hacer algo que el gobierno había atrasado durante mucho tiempo, algo que estaba planificado, pero que no se había hecho, y como ya estábamos en una crisis muy grande e insostenible, pues decidieron meter esa medida económica, un paquetazo de una vez para tratar de “cambiar algo” y tratar de “revitalizar la economía”. Estoy utilizando palabras que ellos mismos emplean.

Y que en realidad representó un ataque enorme a las condiciones de vida del pueblo cubano…

Sí. Cuando hablo de esto me acuerdo de Alejandro Gil, ministro de economía, diciendo en la televisión que se iban a abrir las tiendas en moneda libremente convertible, llamadas MLC, donde tendrían acceso las personas que reciben remesas o que reciben dólares, euros u otras monedas extranjeras. Esas personas que tenían esas monedas se harían una tarjeta MLC, donde esta moneda tendría un valor asociado, según la fluctuación del MLC en el mercado, a partir de la cotización de las distintas monedas extranjeras. Con esta tarjeta podrían comprar en tiendas especiales, en las cuales Alejandro Gil dijo que se ofertarían productos de “alta gama”; de esta forma se refieren a productos que no se encuentran normalmente en las tiendas comunes.

Esto fue presentado por el gobierno como una manera de captar los dólares y otras monedas extranjeras que entraban a Cuba, y supuestamente con esos recursos poder invertir y llenar las otras tiendas. Cuando oí eso dije: esto es un apartheid económico, no sé qué voy a hacer yo y todo el mundo porque a estas tiendas no voy a poder acceder nunca. En aquel momento recuerdo que tuve muchos debates y que muchas personas me decían: “no es así, en las tiendas comunes va a haber cosas”, en fin. Esto porque desde el gobierno se afirmó que nunca se dejaría de abastecer a las demás tiendas, y que serían unas pocas tiendas en MLC en cada municipio, en cada localidad.

Pero la realidad es que cada día hay más tiendas en MLC y menos tiendas normales. Hay pueblos donde solo existen una o dos tiendas normales y el resto son tiendas en MLC. Todo esto en un país en donde a los obreros, a los trabajadores no se les paga en MLC, sino en pesos cubanos. Recordemos que estas medidas fueron presentadas para sacar de circulación el CUC, que había sido una moneda emergente que habían implantado durante el periodo especial, para eliminar la circulación del dólar en Cuba. Este proceso de dolarización entra entonces de una manera novedosa y conveniente para ellos.

Y entonces ¿qué sucedió? Que cada día había más tiendas en MLC. Cada día los precios en las tiendas MLC estaban más altos y se decidió comercializar en esas tiendas más productos de los que no se encontraban en ninguna parte: por ejemplo, los cigarros, que solamente se venden en MLC. Y cada día las tiendas normales, donde puedes comprar en pesos cubanos, son menos y están más vacías.

Y cada día, los cubanos tienen que acudir a un mercado negro, con precios descontrolados. Se trata de personas que consiguen el MLC en el mercado negro, donde lo compran a precios elevadísimos, por ejemplo 70 u 80 pesos por un MLC y con eso adquieren los productos. Esto implica que hay un mercado especulativo del MLC, por un lado; de los dólares y euros por otro, y finalmente de los productos de primera necesidad y de todo tipo. Por ejemplo, para comprar un paquete de pollo tienes que dar como 600 pesos cubanos. Eso era inconcebible antes, cuando un paquete de pollo te costaba 8 dólares, que era como 200 pesos, y estoy dando un precio alto. Un pomo de aceite que antes costaba uno o dos dólares ahora cuesta el equivalente a 10 y a veces hasta 15 dólares. Y así todo.

Al mismo tiempo está la crisis sanitaria: no hay medicamentos, prácticamente no hay test para saber si la gente tiene coronavirus. Las cifras de la pandemia son ficticias, porque hay mucha gente contagiada que no puede hacerse test, que tienen los síntomas pero que no se les contabiliza porque no hay test para hacerle. Conozco muchísimos casos que han estado con coronavirus en su casa sin poder testearse. Entonces, si a eso le sumas en el contexto del Covid-19 que la crisis sanitaria había tocado un pico pandémico enorme, que había ciudades que estaban desbordadas y hospitales colapsados, si a eso le sumas los sarcásticos del noticiero de la televisión cubana y de los medios de prensa, diciendo que todo está bien, que no pasa nada. Y esto es porque en Cuba no hay transparencia periodística, y los medios alternativos son totalmente asediados. Y buena parte de los “medios alternativos”, esa crítica tengo que hacerles, a veces son una locura porque realmente están pagados por Estados Unidos y eso no se puede negar, y son terriblemente malos informando, o sea calumnian todo el tiempo. Hay realidades tristes que contar, pero ellos se pasan o inventan, pero también hay medios alternativos muy respetables, eso sí, no lo olvidemos.

Entonces, llegado el 11 de julio teníamos la crisis, teníamos un pueblo, un pueblo que no puede más económicamente hablando, teníamos a la televisión mintiendo todo el tiempo.

Queríamos preguntarte sobre los antecedentes en ese terreno de lo que vienes desarrollando.

Sí, te puedo decir que en el ámbito de lo político habían sucedido varias cuestiones que eran también bastante fuertes, y es que en Cuba existe una oposición que había hecho acciones desde hace muchísimo tiempo, una oposición que no tiene matiz de izquierda, una oposición en buena medida de derecha, aunque la izquierda y la derecha se ha transfigurado un poco en los sucesos asociados a esa oposición en los últimos años. Me refiero, por ejemplo, a los sucesos del 27 de noviembre frente al Ministerio de Cultura, donde durante meses estuvieron sitiados y en huelga los miembros del movimiento San Isidro, como Luis Manuel Otero Alcántara y el resto de sus integrantes. Estaban en huelga, protestando precisamente por el encarcelamiento de Denis Solís, un rapero cubano, también opositor, causado por enfrentarse a un policía. Solís había sido condenado a prisión por esto y por otras arbitrariedades del Gobierno. Entonces, estaba San Isidro en huelga, llegaron a las casas de ellos con excusas del Covid-19, de que había alguien que había entrado al país que era Carlos Manuel Álvarez, el periodista, y desalojan a San Isidro. Además de esto a Luis Manuel se lo llevan preso.

Entonces esto fue un punto álgido, digamos, de colapso político, en particular para los artistas y los escritores jóvenes, porque un grupo grande de simpatizantes, inicialmente de simpatizantes de San Isidro, pero después sencillamente de jóvenes, de personas que veían en lo que estaba sucediendo una arbitrariedad más del Gobierno, del tema de la censura y de la no posibilidad de disenso en Cuba.

Yo estuve el 27 de noviembre. Estuve porque quería ver qué sucedía; como periodista debo ver qué sucede políticamente en mi país. Aunque no coincidía con Luis Manuel Otero Alcántara tenía que ver qué estaba pasando y, además de eso, sí estuve allí de convicción por el tema del disenso y la represión en Cuba, que para mí es fundamental ahora mismo y lo era en ese momento. El tema de la represión y del disenso en Cuba es preocupante, acá no hay libertad de manifestación ni de asociación. Mientras en otros países ustedes se manifiestan, aunque los repriman o no, en Cuba no podemos: aquí te manifiestas, te agarran preso y te acusan de delitos contra la seguridad del Estado que implica una cantidad de años encima.

Entonces, volviendo, el caso del 27 de noviembre, que si bien no era de izquierda sí encendió la llama de muchas cosas. Entonces en ese día se congregaron frente al Ministerio de Cultura 500 personas como mínimo. Éramos jóvenes que teníamos miedo, que estábamos allí tratando de dialogar con las instituciones y exigir precisamente en torno a temas como la libertad de Luis Manuel, así como el derecho al disenso, la libertad de expresión y demás. Sin embargo, ese 27 de noviembre no había una conciencia política colectiva de grupo ni mucho menos. Ya después se intentó crear, con los que participaron, un grupo que se llamó 27N, que terminó dispersándose porque precisamente, después de eso, la seguridad del Estado, la policía política, se encargó de desmembrarlo mediante el método de la prisión o el exilio. Esta es la respuesta que se da desde el Estado, a ti te dicen que en tu país no puedes estar y si estás vas a la cárcel. Y tienes que irte de tu país. Porque disientes, porque políticamente no estás de acuerdo con lo que el Gobierno plantea y es el momento en el que tu vida se reduce a estar preso en tu casa o en una prisión sin poder trabajar, sin poder decir ni hacer nada, donde tus libertades civiles y políticas son eliminadas y te obligan a irte pues te dicen o te vas o te hacemos todo esto. En mi caso, que soy de izquierda, he sido hostigada en mi trabajo. Entonces, basado en ese concepto, podemos decir que la seguridad del Estado se ha encargado de desmembrar toda la disidencia y toda oposición.

Después del 27N ocurrieron otras cosas, una serie de momentos de manifestación política. Pero todos los que salieron a la calle después de ese día fueron reprimidos y apresados, están en la cárcel esperando sentencia, como es el caso de Luis Robles, que al parecer se lo hicieron el otro día, pero ahora no sé ni lo que le salió en materia de años. Y antes del 27 de noviembre también... habíamos tenido una marcha que fue el 11 de mayo de 2019. Esa fue una manifestación de la comunidad LGBT, muy masiva, que también fue reprimida, y algunos de sus miembros fueron apresados, y de allí surgió 11M, que es una plataforma que lucha por los derechos de la comunidad LGBT y con la que tengo la suerte de colaborar, porque hacen un trabajo de activismo hermoso.

Entonces tenemos todos estos antecedentes de represión y de un despertar de la sociedad civil cubana en materia de activismo. Sin embargo, es curiosísimo que la marcha del 11 de julio no fue organizada por la sociedad civil cubana. Los artistas, la comunidad LGBT, los intelectuales y demás solo fuimos simples participantes o espectadores ese 11 de julio. Fue el pueblo de centro Habana, de Jesús María, de Marianao, de Los Pocitos, de la Güinera, etc., que son los barrios pobres de La Habana, los marginados, los que más están sufriendo la crisis económica; fue de allí de donde surgió la manifestación, desde donde salieron a las calles, en un fenómeno que fue bastante fuerte y simultáneo en muchos lugares del país.

Se ha criticado que la marcha fue violenta de parte de los manifestantes. Yo realmente no sé qué espera el Gobierno cubano. No quiero minimizar la violencia de los manifestantes – sé que hicieron cosas como intentar tomar cuarteles de policía o virar patrullas de policía– pero sí vi y viví en carne propia la violencia del Estado sobre los manifestantes. Está el caso de Leonardo Romero Negrín, que estaba conmigo ese día y que fue apresado injustamente sin hacer nada, solo porque le pedimos cuentas a un policía que estaba golpeando a un menor de edad. Leonardo fue reprimido, le fracturaron las costillas, le sucedieron muchas cosas dentro de la prisión y estaba desaparecido. No lo encontrábamos. Y una semana después, que pudimos dar con él gracias a la presión social y política, logramos que saliera. Pero no todos los presos tienen la suerte de Leonardo Romero.

¿Cómo vinculas las políticas gubernamentales, y en particular la Tarea Ordenamiento, con el aumento de la desigualdad social y el avance de la restauración capitalista?

Yo diría que la restauración capitalista es algo que ha venido sucediendo, de a poco. Es innegable que en Cuba la economía es una especie de Frankenstein. Yo la llamaría una economía de resistencia: todo el tiempo estamos resistiendo. A mi modo de ver, en Cuba el tema de los medios de producción nunca se ha afrontado como debería hacerse en un país que se plantea construir el socialismo: que es socializar los medios de producción de manera cooperativa, y no centralizarlo todo, porque el Estado cubano siempre ha sido bastante centralizado y ha querido siempre tener el poder económico. Nunca se ha laborado en la construcción de esa economía ideal, ya sea por el bloqueo o ya sea por la mala gestión de la burocracia en Cuba.

Evidentemente vivimos el bloqueo y el asedio norteamericano, porque estamos al lado del imperio que no quiere que el socialismo exista en ningún país porque es su opuesto histórico. Hemos vivido siempre en un estado de alarma, en un estado sitiado, y el desarrollo de la economía ha sido bastante centralizado y muy poco socializado.

Entonces en medio de esto viene el avance de la restauración capitalista, que tiene que ver también con las nuevas generaciones que detentan el poder en Cuba, y tiene su cara más brutal en el paquetazo neoliberal que fue la Tarea Ordenamiento. Estas medidas fueron otro paso más, porque ya se habían tomado medidas para llegar hasta aquí, como lo que comenté respecto a los despidos. Esto no fue algo sorpresivo, en la Constitución que se aprobó años atrás se sentaban las bases para esa restauración capitalista, y efectivamente, entonces, el 11 de julio responde a ese proceso de restauración.

Y obviamente el avance de la restauración capitalista ha traído consigo la desigualdad y la desigualdad se ve cada día más. En La Habana, por ejemplo, se ve en que los barrios están cayendo, se están derrumbando, y los hoteles, la mayoría lujosos, se están levantando. El otro día hubo un derrumbe muy fuerte. Se ve en que la inflación crece, los precios aumentan y la gente no tiene para comer. Se ve cómo los negocios privados aumentan con unos precios escandalosos y no hay tiendas para comprar productos básicos. Hay muchas manifestaciones desde el punto de vista social y económico por el descontento por esa restauración capitalista y sus consecuencias. Se ve cómo en Cuba surgen nuevas clases sociales, surge la pequeña burguesía, y se mezcla allí de una manera muy interesante con, yo diría, la burguesía de sangre azul que ya existía, que son los hijos de quienes dirigen Cuba y sus familias, que tienen otras prebendas, lujos, que la población no tiene.

Es muy interesante lo que mencionas, respecto al proceso que se da en torno a la emergencia de estos sectores privilegiados. ¿Podrías ampliar en torno a esto?

Sí. En Cuba siempre han existido los privilegios de los hijos de los burócratas y sus familiares. Antes, como no había internet, esos privilegios se podían ocultar un poco más. Con el internet se evidencian más muestras de eso. Además, particularmente en la capital, se ven más esos privilegios, porque esos hijos ya no se esconden y tienen negocios propios.

Con la Constitución de 2019 se abrió la propiedad privada, y este fenómeno al que me refiero (el de los negocios propios, N de la R.) se muestra más. Además, estas personas -los familiares de los burócratas- van a tener mayores ventajas en sus negocios, les va a ir bien, mucho mejor que a otros emprendedores privados, porque tienen ventajas tanto económicas, como para resolver los trámites infinitos que hay que hacer en Cuba para lograr cualquier cosa.

Este proceso de emergencia de la pequeña burguesía, y de hijos y familiares de la burocracia dedicados a sus negocios privados, ¿qué tan extenso es respecto al conjunto de la población?

Obviamente son una minoría, pero es una minoría creciente. La Habana es una ciudad turística, basada en los servicios como economía de subsistencia, y aquí se ve cada día más esa serie de negocios, y cómo el modo de vida de mucha gente va cambiando. Esta crisis, que está viviendo muy duramente el pueblo, los obreros, la están aprovechando esos sectores, que son la burocracia y los pequeños burgueses. Hay gente que posee negocios y riquezas, en tanto hay quienes, la gran mayoría, solo tienen sus manos, tienen que trabajar y comprar productos básicos en el mercado negro porque no le queda de otra. Es precisamente esa gente la que salió a la calle el 11 de julio.

¿Cuál es la situación que están atravesando hoy los presos políticos por protestar en Cuba?

La situación de los presos políticos en Cuba es terrible. El 11 de julio se realizaron detenciones masivas, con cientos de presos; se ha documentado que ese día fueron 1271 personas detenidas. Han enfrentado procesos penales, muchos de ellos con prisión preventiva. Esto significa que llevan 6 meses presos esperando una sanción, en tanto otros tienen medidas cautelares en su casa o en el trabajo. Dentro de estos presos hay menores de edad, hay personas de izquierda, y hay de distintos estratos económicos y sociales. Actualmente quedan más de 600 en prisión, enfrentando penas y peticiones fiscales desde 6 meses hasta 20 o 30 años. Es peligroso porque le acusan de delitos contra la seguridad del Estado, cuando son personas que ejercieron una libertad básica en cualquier lugar del mundo, que es la libertad de manifestación, y que están siendo llevados a juicios sumarios, incluso sin poder acceder a un abogado. Mientras algunos, por ser más visibles, por ser activistas o artistas, pudieron salir, quienes están pagando los platos rotos son precisamente los habitantes de barrios marginados que se manifestaron. Muchos de ellos van a enfrentar o están enfrentando ya condenas muy grandes, por sencillamente salir a manifestarse o por cometer algún hecho “vandálico” –como dicen acá–, que puede haber sido tirar una piedra en respuesta a la violencia policial o enfrentarse a la policía, por ejemplo. Entonces la situación de los presos políticos en Cuba es terrible.

Además, hay un miedo generalizado, muchos llamaban a no denunciar en las redes o públicamente la situación de sus familiares, a mantenerse en el anonimato y asumir esa condena. Esto ocurrió porque la seguridad del Estado se ha encargado de asediarlos. Es un proceso ejemplarizante y de demostración de poder por parte del Estado, para decirle a la gente: “miren lo que soy capaz de hacer, miren lo que les va a pasar si vuelven a intentar manifestarse”. Y esto ha sido asumido, de una manera totalmente manipuladora, por los medios de comunicación nacionales. Porque a esas personas se les ha tildado de mercenarios y de ser pagados por el Gobierno estadounidense, una campaña de descrédito. Yo no dudo que haya personas que han sido pagadas por el gobierno de Estados Unidos. Pero la cantidad de personas del pueblo que salieron el 11 de julio no recibieron dinero por eso. Los presos políticos están pagando el empeño de un gobierno por mantenerse en el poder y están siendo el ejemplo de lo que el gobierno no quiere que suceda en el futuro para garantizar su gobernabilidad.

¿Cuál es la relación que encuentras entre estas medidas represivas y las medidas económicas que nos relatabas previamente?

Por supuesto que el aumento de la represión tiene que ver con la necesidad de ejecutar el plan neoliberal del que estamos hablando. Para decirles a los gobiernos extranjeros o a inversores extranjeros que inviertan en Cuba se tiene que garantizar la paz. Y la paz pasa por un pueblo que no se manifieste y que no exija derechos. Y deben demostrar la solidez de un sistema político.

La represión pasa por ahí: el Gobierno está tratando de que haya paz. Y está tratando que la gente esté en calma y asuma su destino como ellos dictan que debe ser, para poder ejecutar todos esos planes. He ahí la relación. Lo otro, es que la revolución cubana se ha caracterizado por no asumir cuestionamientos, no permitir que nadie cuestione; por eso la no posibilidad de asociación y la falta de participación política y popular. Entonces, en un momento de crisis económica, donde hay un estallido social, la represión va a ser directamente proporcional. Ellos tienen que controlar eso y han decidido hacerlo sin asumir un diálogo con la gente. No han decidido escuchar a la gente, ver qué piden y tratar de girar las decisiones a favor de los de abajo.

A mí me molesta mucho cuando algunas personas, que son defensoras acérrimas del Gobierno cubano, incluso miembros de partidos de izquierda del mundo entero, esgrimen el argumento de que no se puede comparar la represión en Cuba con la represión de Chile, por ejemplo, dicen: “no, porque miren en Cuba, no es como en Chile, que en una manifestación te golpean o que en una manifestación te sacan un ojo”. En Cuba es más brutal aún porque no hay manifestaciones, porque no tienes el derecho de salir a la calle.

Sin embargo, sí existe la represión física brutal como lo vimos el 11 de julio. Es cierto, en Cuba no matan activistas. Sin embargo, la represión es muy fuerte, con juicios sumarios con condenas de cárcel por muchos años por el simple hecho de participar en una protesta, y a estas personas las ahogan al punto de que tengan que emigrar, o les hacen emigrar, les anulan social y políticamente. Les acosan todo el tiempo. La represión no es solamente desaparecerte físicamente. Es también desaparecer política y socialmente, un acto terrible y represivo porque te están matando en vida. Te están anulando, te están borrando de la historia, que es otro proceso que se da acá. A los activistas, a las personas que disienten, las borran de la historia. Sencillamente deciden no reflejar más su obra, en caso de que seas artista, no te mencionan más en los medios. Y si se les menciona, es para difamarles.

Para finalizar, ¿nos podrías comentar sobre la izquierda crítica en Cuba?

Mira, en Cuba la izquierda crítica es sumamente heterogénea y pequeña, además está muy poco organizada y están tratando de eliminarnos fuertemente –créeme, esto lo estoy viviendo en carne propia–. Yo diría que lo que han surgido son voces emergentes, de izquierda crítica. Entonces, si bien existen diversos colectivos, estas voces emergentes que se han pronunciado a raíz del día 11, yo pienso que la izquierda crítica en Cuba va a tener que esperar o va a tener que madurar mucho más para para lograr hacer una fuerza política constante y coherente.

Tienes a esa izquierda gubernamental, oficial, en la juventud, que te dicen que sí, que ellos tienen inquietudes, pero que la manera de hacerlo no es enfrentarse al Gobierno, sino que se trata de estar dentro de él para cambiar las cosas, y eso es una gran mentira, porque al final lo que sucede es que esa burocracia y esa comodidad en un país tan precario como el nuestro ahora mismo les asimila y básicamente les dan casa, les dan carro, tienen una vida y una posición económica mucho mejor que tienen que mantener y se mantiene acatando órdenes. Y sencillamente se convierten en los burócratas del futuro. Eso está sucediendo, es asimilación.

En cambio, la izquierda crítica está siendo tratada, en cuanto a disenso, igual que cualquier disidente de derecha actualmente. Nos están tratando de aniquilar, no te voy a mentir, no, no les conviene que existamos. La última vez que me citó la persona de la seguridad del Estado me dijo mercenaria, me dijo contrarrevolucionaria, me dijo que yo no era de izquierda. Y además de eso, el ataque de la izquierda gubernamental a la izquierda crítica es increíble, siempre prima el cuestionamiento de si somos izquierda. Si yo me pongo a trabajar con los obreros de una fábrica, por ejemplo, para tratar de cambiar las cosas, yo no voy a entrar por la puerta de la fábrica porque a mí me van a desaparecer políticamente, eso lo sabemos todos. En este marco, entonces, pienso que lo que nos queda es hacer en el campo de las ideas y en el campo de la denuncia social. Y lo intentamos, pero nos falta mucho. Te podría enumerar numerosos colectivos que existen en Cuba, pequeños pero que se mantienen activos, y se me hace difícil enumerártelos acá. Pero te repito, nos falta mucha maduración en la izquierda crítica para lograr ser una fuerza política coherente e importante también.

Transcripción de Manuel Aguilar


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Milton D’León

Caracas / @MiltonDLeon
Editor de La Izquierda Diario (Venezuela) y miembro del Consejo Editorial de la Revista Estrategia Internacional. Internacionalista, autor de múltiples artículos y ensayos sobre política, economía, luchas sociales y cultura de América Latina y el Caribe y otras regiones desde la teoría marxista. Actualmente reside en Venezuela.

Pablo Oprinari

Ciudad de México / @POprinari
Sociólogo por la UNAM, coordinador de México en Llamas. Interpretaciones marxistas de la revolución y coautor de Juventud en las calles.
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