Política Estado Español

ECONOMÍA ESTADO ESPAÑOL

De políticas monetarias y capacidades instaladas va el asunto

La economía española sigue raquítica, con previsiones de desaceleración en 2017. A pesar de las inyecciones de dinero del Banco Central Europeo (BCE) sigue habiendo el mismo problema: demasiada capacidad instalada.

Carlos Muro

@muro_87

Martes 20 de septiembre de 2016 | 21:35

El Consejo de Ministros tuvo que rebajar las previsiones de crecimiento económico el pasado julio, pasando de un 2,9% en 2016 -aun sin cerrar- al 2,3% en 2017. Una desaceleración de la economía de conjunto, como también en lo concerniente a la creación de empleo –del 2,7% al 2,2%- y al nivel de inversión de capital, cuya demanda nacional (consumo público, privado e inversiones) descenderá del 3,2% al 2,5% el próximo año.

Desde la crisis de deuda del 2012 el BCE amplió la política monetaria inyectando dinero a los estados para evitar el crack de economías como la española. Por una parte, comprando títulos de deuda dado el alto nivel de endeudamiento público -que llega al 100% del PIB-, así como permitiendo a los bancos financiarse gratis. Aun así, el valor total de la actividad económica producida sigue siendo altamente insuficiente para cubrir el total de gastos que aumentan sin cesar cada año.

Por otra parte, desde junio el Banco Central Europeo dio un paso más en las políticas de expansión monetaria dando barra libre de liquidez también para las grandes empresas y, a la postre, mostrando lo insuficiente de las políticas monetarias llevadas adelante. El objetivo es tratar de impedir un escenario tipo 2012, postergando la resolución de un problema nodal del capitalismo español: demasiada capacidad instalada en la economía sin nuevas fuentes de valorización “real” del capital e insuficiente rentabilidad a pesar del esfuerzo “monetario”.

En un artículo publicado en abril en Izquierda Diario, Paula Bach explica este problema a nivel mundial, que también nos sirve para el caso español: “el problema central es que no hay estabilización posible de largo plazo sin nuevas fuentes ‘reales’ para la acumulación de capital. Y es este asunto de carácter estratégico el que, sean cuales fueran los escenarios coyunturales, mantiene latente la probabilidad de una nueva recesión mundial”.

En el Estado español este problema estratégico no acaba de ser resuelto a pesar de que coyunturalmente la economía salió de la recesión, entre otras cosas, porque lo hizo mediante un crecimiento débil sostenido esencialmente por el turismo -con bajo valor añadido- y las exportaciones.

En este sentido son ejemplificadores los informes de 2011 y 2013 del BBVA Research sobre el nivel de stock de capital en el Estado español. Como es obvio, el BBVA no utiliza una metodología marxista para analizar la economía, pero nos pueden servir de ejemplo.

Según el informe en el 2011, el stock de capital neto acumulado en el año 2011 subió a 3,46 billones de euros corrientes -el valor del PIB se mantenía en un billón-, por lo que había 3,5 unidades de capital por cada una de valor añadido.

Y añade que la estructura porcentual del capital neto nominal cambió enormemente respecto a la década de los sesenta, siendo actualmente: el 44,2% del capital acumulado en viviendas, y un 43,3% correspondiente al capital privado no residencial. El 12,4% restante al capital público no residencial. Y según añade “el capital –privado y público- no residencial ascendía en 2011 a 1,93 billones de euros”.

En el 2013 supuestamente la “dotación de capital real se multiplicó por un factor cercano a 6, a una tasa media anual acumulativa del 3,8%”. Para ofrecer una imagen de lo que esto significa, tan solo el capital acumulado en Cataluña se aproxima al que había en todo el Estado a mediados de los años sesenta según el BBVA.

El problema es que aun aumentando las políticas de expansión monetaria –como hace el BCE incluso comprando bonos de empresas- no es suficiente sino no hay nuevas fuentes de valorización de capital. Por ejemplo, en 2012 los niveles de esfuerzo inversor eran en torno al 19%, la inversión neta no supuso en 2012 más de un 1,4% del PIB. Teniendo en cuenta, como decíamos, el nivel de capital acumulado la capacidad de inversión capitalista aún está muy por debajo –sumando el coste para cubrir el capital devaluado-. Es más, el mismo Consejo de Ministros al que aludíamos reconocía que la inversión privada los bienes de equipo pasarán este año del 8% al 5,2% en 2017 y en el caso de la construcción del 4,3% al 3,9%.

Por ello el conjunto de políticas desde la UE y el gobierno español tienen como objetivo demorar lo máximo posible una eventual recaída dramática, logrando algún nivel más o menos sostenible de estabilización económica. Aún está por verse si los “esfuerzos monetarios” dan sus frutos. Pero el problema estratégico, la falta de nuevas fuentes “reales” para la acumulación de capital, sigue ahí, combinado con las debilidades de la economía internacional -y en particular de los llamados “países emergentes”-, la crisis de la UE, los mayores roces interestatales y las crisis de regímenes como el español que añaden aún más límites para ese objetivo. Un escenario como se diría, interesante… en el sentido chino del término.






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