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ELECCIONES 14F CATALUNYA

Debate en la CUP sobre su campaña para el 14F y la posible entrada al Govern

El Consell Polític aprueba tres documentos en los que rechaza la posibilidad de ser parte del Govern. Unas críticas al que ha sido eje del discurso de campaña con las que coincidimos y una reacción a la moderación de la misma sin cambiar lo esencial del “nou cicle”. Qué alternativa a su izquierda y cómo construirla, un debate para antes y después del 14F.

Santiago Lupe

@SantiagoLupeBCN

Martes 26 de enero

El pasado diciembre se hacía público el acuerdo entre la CUP y Guanyem para concurrir en una misma lista a las elecciones catalanas. Un pacto que, tal y como señalamos en su día, suponía la corroboración y profundización de todo un giro moderado.

El proceso de debate abierto por la CUP desde mediados de 2020 concluyó finalmente en octubre con una propuesta política – la que acabaría presentándose bajo el título de ”un nou cicle”- que, como cuestionamos desde la CRT y otras organizaciones de la izquierda anticapitalista, representaba una rebaja en el programa social, ajustándolo a los marcos legales y competenciales vigentes, y una hoja de ruta que pasaba por buscar la negociación con el Estado, la intervención de la comunidad internacional e incluso la posibilidad de que la “mano extendida” hacia el procesismo se alargara también a los Comunes, sin descartar la participación en un posible gobierno de coalición.

La elección de Dolors Sabater como cabeza de lista era parte de este curso, justamente un puente para buscar el acuerdo con Comunes, ERC y JxCat. La exalcaldesa de Badalona ha sido y es una de las representantes de la izquierda y los ayuntamientos del cambio, que como el de Barcelona con Ada Colau al frente, constituyen el mejor ejemplo vivo de un reformismo municipalista incapaz de resolver los problemas sociales más fundamentales y abierta a acuerdos con un amplio espectro de partidos del régimen, inclÍudo el mismo PSC.

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Desde la puesta en marcha de la campaña por “un nou cicle” este curso moderado y gobernista se ha ido haciendo cada vez más explícito. La CUP, junto a otras 10 organizaciones, presentaron el 6 de enero un acuerdo de mínimos, de 12 puntos, en los que se incluía un programa social más a la izquierda que el de campaña y se optó por la ambigüedad o directamente no pronunciarse sobre los puntos más críticos, como la posibilidad de participar en el gobierno. Un acuerdo más a la izquierda que no podía sin embargo tapar la campaña ya en marcha, repleta de declaraciones de Sabater, pero también de dirigentes de la CUP de distintas sensibilidades, como Albert Botran de Poble Lluire o Carles Riera de Endavant, dejando la puerta abierta a ser parte del próximo govern de la Generalitat.

Ante este curso, la CRT optamos ya desde la aprobación de los documentos sostén de la propuesta política original, por trabajar para que el 14F pudiera haber una alternativa anticapitalista y de clase, totalmente independiente de los partidos del régimen y que hiciera eje en el desarrollo de la lucha de clases, y no la gestión del Estado capitalista en sus diferentes niveles, como vía para la consecución de los derechos sociales y democráticos pendientes.

Lamentablemente tanto organizaciones críticas con el curso de la CUP, como LI o Corriente Roja, rehusaron trabajar en esta dirección. En el caso de LI optó por apoyar finalmente la candidatura y en el de Corriente Roja ser parte de una lista con un programa de implementación de la república desde las instituciones autonómicas, que finalmente logró solamente los avales por Tarragona. Tampoco sectores internos de la CUP, como Endavant, que cuestionó en un reciente comunicado las pulsiones gobernistas de Sabater, pero se niega a llevar estas críticas a una resolución que permita poner en pie un nuevo agrupamiento.

Este fin de semana el malestar y cuestionamiento a este curso se ha expresado en el mismo Consell Polític de la CUP. Según publicó este domingo el digital El Nacional, el sábado fueron aprobados tres documentos surgidos de tres asambleas de base – de Monistrol de Montserrat, Gracia i Valls – con diversos cuestionamientos a la puerta abierta dejada a la participación en un gobierno y el tono general de la campaña, impronta sobre todo, según los mismo textos, de la cabeza de lista de Guanyem.

En el primero de ellos se califica de “erróneo a la vez que irresponsable” el “relato público de la entrada al gobierno de la CUP”, una decisión que, de tomarse, debería ser fruto de un “debate interno y estratégico”. Se apuesta por mantenerse en un rol de “oposición de izquierdas a las renuncias en clave nacional y a la austeridad que ejecutará el próximo gobierno” y por tanto desmarcarse “frontalmente de toda posibilidad de entrada en el gobierno”, a riesgo sino de acabar siendo cómplices del “mal gobierno” y dejar “la labor de oposición a las políticas contra el pueblo al españolismo, a la derecha y la extrema derecha”.

En el segundo se apuntan más a críticas de método, cuestionando las “condiciones en que se ha conformado la candidatura y la campaña”, con un dossier de campaña “cocinado en un comité de campaña nacional cerrado” y la verticalización de la organización. Por último, en el tercero, se cuestiona especialmente el personalismo de la campaña con Sabater en el centro.

Muchas de las críticas planteadas por estos documentos coinciden con las que venimos sosteniendo desde la CRT y que nos llevaron a tomar la decisión de no ser parte de la candidatura impulsada por la CUP para el 14F. Emergen, por decirlo de alguna manera, en mitad del partido, o cuando ya las cartas están echadas. La candidatura encabezada por Sabater y, más importante aún, el grupo parlamentario resultante de los comicios, constituyen ya un proyecto político acorde con el rumbo al que nos estamos refiriendo. No vemos por tanto que, más allá de que puedan expresar una reacción de un sector de las bases de la CUP a la explícita moderación vista en la precampaña, supongan un cambio de rumbo.

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Para que algo así sucediera la separación de Sabater y el discurso gobernista de otros candidatos de la CUP debería ser igual de explícito y público, al menos, que las declaraciones en favor de integrarse en el siguiente ejecutivo autonómico con las que han llenado programas de televisión, radio y diarios.

En caso de que las elecciones del 14F fueran finalmente aplazadas, estos cuestionamientos deberían llevar a una ruptura del acuerdo con Guanyem y la conformación de una nueva candidatura sobre bases opuestas, no solo al discurso de Sabater, sino a los propios documentos de la CUP surgidos del proceso de debate que pusieron la base a este giro. Pero un escenario así es hoy el menos probable, dado lo avanzado de la operación Illa impulsada por la Judicatura y el PSC, con el silencio cómplice de los Comunes, para que se celebren en pleno pico de la tercera ola.

Por eso el 14F seguirá sin haber una opción que encarne un proyecto anticapitalista y de independencia de clase, razón por la que desde la CRT no llamamos a votar a la candidatura de la CUP y nos posicionamos por el voto nulo. Esta opción de voto, en el marco de una campaña que denuncie el carácter impuesto y antidemocrático de estas elecciones y la apuesta por construir una alternativa de izquierda bajo estas coordenadas, podría ser un primer punto de encuentro de todas las organizaciones y sectores que vienen cuestionando el rumbo de la CUP y su lista con Guanyem.

Pero si esta posibilidad no es compartida y, estos sectores no quieren separarse de la CUP de cara al próximo 14F, la pregunta que surge es ¿y después de las elecciones qué? Seguir limitando la oposición a este rumbo a los debates internos o la aprobación de documentos que son negados en la primera declaración pública de los candidatos y futuros diputados -y con toda probabilidad en su día a día en el Parlament- supone negarse a abordar la tarea de poner en pie una izquierda diferente.

Una izquierda que, en medio de una crisis sanitaria, económica y social sin precedentes, no apueste por andar los caminos ya transitados por el neorreformismo hoy en el gobierno, ni reeditar las manos extendidas a los partidos que gestionan este crimen social desde la Generalitat y se preparar para el retorno al autonomismo. Que trabaje por fortalecer la organización y movilización obrera y popular, por imponer un programa para que la crisis la paguen los capitalistas desde las calles y los centros de trabajo y por abrir el camino a una ruptura con el régimen del 78 que abra el camino a conquistar verdaderas repúblicas de trabajadores.

La situación internacional y estatal pone de nuevo sobre la mesa la posibilidad de que se abran nuevos ciclos de la lucha de clases como los que dio la crisis anterior. Éstos no surgirán en el vacío, sino sobre las experiencias anteriores y en especial las más recientes. Construir una izquierda que se prepare para llegar mejor preparada para intervenir sigue siendo una tarea estratégica para que viejos y nuevos desvíos, como supuso en Catalunya el procesismo o en el resto del Estado Podemos, no vuelvan a dejar en los cajones las aspiraciones democráticas y la posibilidad de acabar con un sistema que no tiene nada más que miseria para ofrecernos.






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