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CORONAVIRUS

Demócratas y republicanos acuerdan un rescate multimillonario para las grandes empresas en Estados Unidos

Mientras miles se enferman y mueren por la pandemia de Covid-19, el Congreso de EE. UU. deja claro para qué intereses gobierna. Los partidos republicano y demócrata acordaron un paquete de estímulo sin precedentes por 2 billones de dólares, gran parte será para mejorar la rentabilidad de las grandes empresas.

Robert Belano

Washington

Jueves 26 de marzo | 13:16

Republicanos y demócratas elaboraron un enorme paquete de estímulo económico por un valor de casi 2 billones de dólares para enfrentarse a la mayor crisis de salud pública del siglo, y a un colapso económico peor que el de 2008-9. Sin embargo, al menos una cuarta parte del paquete, unos 500.000 millones de dólares, será para rescatar a las mayores corporaciones del país. Además, ambos partidos acordaron mantener en secreto los detalles del acuerdo, esto incluye la forma y la posibilidad de establecer algún control sobre ese medio billón que podría ser utilizado como “fondo de sobornos” a las corporaciones. Con este acuerdo, ambos partidos dejaron en claro que sus prioridades no son asegurar que los trabajadores puedan sobrevivir a esta crisis, sino mantener a los capitalistas a flote con dinero público.

Ya hay 400.000 casos de COVID-19 en todo el mundo, y ese número aumentará dramáticamente en las próximas semanas. En EE. UU., millones de trabajadores han sido despedidos, otros han visto reducidas sus horas de trabajo, o se han quedado sin su fuente de trabajo por cuenta propia. Según las cifras oficiales, 281.000 trabajadores presentaron nuevas solicitudes de desempleo sólo en la semana del 16 al 20 de marzo. Goldman Sachs pone la cifra mucho más alta, calculando que hasta 2,4 millones de personas en los EE. UU. pueden haber presentado el pedido durante ese período. Si ese dato es correcto, sería el total más alto de una semana jamás registrado en la historia. Los únicos trabajos que mantienen alguna estabilidad aparente son aquellos que ponen a los trabajadores en la primera línea de la pandemia, como los servicios de salud, la alimentación y abastecimiento, el transporte público, y otras pocas áreas de servicio consideradas "esenciales". Millones de personas se ven obligadas a elegir diariamente entre recibir un sueldo o arriesgar sus vidas y las de sus familias.

Hay que recordar que cuando recién apareció la noticia del brote de un nuevo coronavirus en la provincia de Wuhan, Trump trató de calmar a los consumidores y mercados restándole importancia: "Lo tenemos totalmente controlado-declaraba en enero- Es sólo una persona que viene de China. Lo tenemos bajo control. Todo va a estar bien". El mensaje de que los EE. UU. tenían las cosas "bajo control" fue repetido docenas de veces por Trump y los miembros de su administración durante las siguientes semanas.

Sin embargo, para finales de febrero, cuando la bolsa entró en caída libre, la Casa Blanca se vio obligada a rever su posición. El promedio del índice Dow Jones se derrumbó un 30% de su valor y perdió todas las ganancias que había obtenido durante la presidencia de Trump. En estas condiciones, el Presidente tuvo que aceptar a regañadientes las medidas masivas de cuarentena que cerraron los negocios en todo el país. Trump también declaró su total apoyo al paquete de rescate sin precedentes de 2 billones de dólares que votó el congreso, un paquete que representa más del doble del que ejecutó Obama para salvar a los bancos durante la crisis de 2008.

Si bien el paquete incluye un estímulo económico que amplía las licencias remuneradas por enfermedad y pagos únicos en efectivo a las familias empobrecidas, detrás se esconde que una parte importante se destinará a rescatar las ganancias de las mayores empresas del mundo, desde los gigantes petroleros, hasta las principales aerolíneas y cadenas hoteleras. El proyecto de ley también incluye más de 400 mil millones de dólares para el Fondo de Estabilización Cambiaria del Tesoro, cuyo fin es hacer préstamos a Wall Street. Al igual que el salvataje de 2008, el paquete de medidas para 2020 será pagado por el pueblo trabajador norteamericano, pero sus mayores beneficiarios serán los multimillonarios. Sin embargo, este plan se destaca por ser particularmente obsceno, ya que tiene lugar durante una emergencia de salud pública, en la que los hospitales están desbordados de pacientes y es muy probable que las muertes se cuenten de a miles.
Frente a una segunda gran crisis del capitalismo en los últimos 12 años, la clase dirigente intenta, una vez más, salvar a las grandes empresas con rescates multimillonarios. Por supuesto, los mismos políticos que ahora quieren llenar los bolsillos de los capitalistas eran los que, hace apenas unas semanas, libraban una verdadera guerra mediática contra la supuesta "irresponsabilidad fiscal" que implicaría plan de salud gratuito (Medicare para Todos) en EE. UU.

Sin embargo, la avaricia de los capitalistas no terminó ahí. La propuesta de presupuesto para el año 2021 de Trump trae recortes en todos los ámbitos: desde el Medicaid, el seguro de salud del gobierno que ayuda a personas de bajos ingresos, hasta los programas de asistencia alimentaria, y desde las viviendas asequibles, hasta el CDC, Centro de Control y Prevención de Enfermedades, y el Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas. (Esto último le causó a Trump cierta vergüenza después del brote de Covid-19 y se vio obligado a declarar que se aseguraría la financiación de las dos agencias).

El rescate incluye 58 mil millones de dólares para las aerolíneas e increíblemente, 17 mil millones de dólares para los contratistas de defensa. Miles de millones más irán a las compañías de cruceros, hoteles y turismo. Eso sí, después del escándalo de 2008, en el que muchas empresas destinaron los fondos de rescate a compras de acciones y bonos, el Congreso incluyó cláusulas para que el dinero no sea utilizado con esos fines. A pesar de esto, sería ingenuo no esperar que estas empresas vuelvan a obtener enormes ganancias para accionistas y ejecutivos en pocos meses gracias al salvataje.

Queda claro que muchas de las empresas que se beneficiarán de los rescates serán las mismas que recibieron una enorme ganancia gracias a la reducción de impuestos que llevó adelante Trump en 2017, ninguna de las cuales condujo a ninguna ganancia significativa para la clase trabajadora. Estos mismos recortes de impuestos disminuyeron los ingresos de los impuestos corporativos en un 40% de 2017 a 2018. Fue "la mayor caída interanual en los ingresos de impuestos corporativos que hemos visto fuera de una recesión", según un informe del Centro para el Progreso Americano.

Mientras demócratas y republicanos acuerdan en primer lugar proteger los intereses de las grandes corporaciones ante esta crisis, es la clase trabajadora la que tiene más para perder. Moody’s Analytics dice que 80 millones de empleos -la mitad de todos los empleos en los EE. UU.- están en riesgo moderado o alto de perderse debido a la pandemia. Entre las industrias con más probabilidades de perder puestos de trabajo están el turismo, el transporte, la hotelería y la industria petrolera. Incluso el Secretario del Tesoro Steve Mnuchin advirtió que el desempleo podría aumentar hasta un 20%, una tasa que no se veía desde antes de la Segunda Guerra Mundial.

A pesar de esto, los trabajadores sólo verán un mísero alivio en el rescate que acordó Congreso. El acuerdo incluye pagos únicos en efectivo de 1.200 dólares por adulto y 500 dólares por niño y aumentos temporales en los fondos de desempleo, claramente no serán suficientes para compensar los meses de pérdida de ingresos que enfrentarán los trabajadores. Como vimos en 2008, los trabajadores no vieron mejoras significativas en el nivel de vida durante el llamado período de recuperación y no han visto un aumento real de sus salarios desde el decenio de 1970. Si bien las tasas de desempleo disminuyeron durante los años de Obama, la mayoría de los trabajos que se crearon fueron precarios y de salarios muy bajos. La tasa general de participación en la fuerza de trabajo era más baja a principios de 2020 que en 2007.

En medio de la pandemia que ya se ha cobrado más de 20.000 vidas y que supondrá un enorme golpe para las condiciones de la clase trabajadora y el pueblo pobre, debemos decir, "ni un céntimo para los rescates de las empresas". En cambio, estos miles de millones deben destinarse a la construcción de nuevos hospitales, así como a la fabricación de respiradores y equipos de protección necesarios para combatir la crisis. Además, el costo de estas iniciativas no debe ser pagado por los trabajadores, sino por las grandes empresas y el 1% más rico. Los trabajadores de las industrias que han sido cerradas deben recibir salarios completos, no sólo por cuatro meses, sino por toda la duración de esta crisis. También se necesita ayuda de emergencia para Italia, Irán (que sigue careciendo desesperadamente de equipos médicos debido al bloqueo de los Estados Unidos) y otras naciones más gravemente afectadas por la pandemia del Covid-19. Si industrias como las aerolíneas o los hoteles no pueden permitirse el lujo de mantener a sus trabajadores durante el cierre, deberían ser nacionalizadas de inmediato bajo el control de sus empleados - las mismas personas que los mantienen en funcionamiento cada día. Sólo a través de medidas como estas podrán los trabajadores y el pueblo pobre evitar los efectos catastróficos de la pandemia.






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