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“Desde Pan y Rosas denunciamos al feminismo liberal y racista cómplice del capitalismo”

El sábado 14 de mayo se realizó el encuentro juvenil de Contracorriente junto a Pan y Rosas. Compartimos la intervención de Alejandra Correa estudiante en la UCM.

Alejandra Correa

Sábado 21 de mayo
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En los últimos meses, de manera casi descarada, hemos visto evidenciado el racismo institucional a través de diferentes sucesos, como la venta flagrante del pueblo Saharaui por parte del gobierno de PSOE-UP a cambio de que empresas españolas puedan seguir extrayendo recursos fósiles del Norte de África, y que Marruecos siga haciendo de policía fronteriza reprimiendo duramente a las personas migrantes que intentan entrar a Europa.

Pese a que sabemos que este tipo de políticas se llevan haciendo durante mucho tiempo bajo diferentes gobiernos y que no son exclusivas de este, el hecho de que sea “el gobierno más progresista de la historia” quien bajo una promesa de luchar contra el racismo las esté llevando a cabo, genera aún más rabia. Algunos integrantes de este gobierno prometieron derogar la opresiva ley de extranjería –algo que no ha pasado–, prometieron cerrar CIEs –que no solo no los han cerrado sino que ha abierto uno nuevo–, o luchar contra el propio racismo institucional, algo que se ha empeorado, como lo pudimos ver con la autorización del despliegue policial en los barrios obreros de Madrid contra las agresiones de bandas latinas. Este gobierno no solo reprime a la población, sino que legitima también el discurso que utiliza la extrema derecha para criminalizar a la población migrante, especialmente a los jóvenes, tomándolos como ciudadanos de segunda que solo vienen a “empeorar el país”.

Para tener una imagen más completa, es importante destacar que este tipo de medidas no se producen solamente en el Estado español. Lo podemos ver también en otras fronteras, como México-EEUU pero especialmente México-Centroamérica, donde el Estado mexicano (debido, entre otras cosas, a acuerdos comerciales y políticos con EEUU), con un gobierno supuestamente de “izquierdas”, hace de policía fronteriza al igual que Marruecos. Lo vemos en los asesinatos racistas como el de Lucrecia Pérez o Mame Mbaye en el Estado español pero también el de Berta Cáceres en Honduras y el de muchas otras lideresas y líderes sociales que son asesiados cada día en América Latina.

No podemos entender esto como casos que suceden de manera aislada. Todo esto se enmarca dentro de un sistema capitalista, que aliado con el patriarcado y con un régimen colonial e imperialista legitima y se sirve de una estructura que se basa en la opresión y la discriminación de personas racializadas y migrantes. Es la misma alianza capitalista-patriarcal-colonial que empuja a las mujeres migrantes y racializadas en el Estado español y otros estados del Norte Global a los trabajos más precarios; mujeres que son también la cara invisible del trabajo de cuidados sobre el cual se sostiene el propio sistema capitalista.

No podemos encontrar, por tanto, una solución a estas opresiones y discriminaciones dentro de un sistema que está estructuralmente diseñado para crearlas y perpetuarlas. Tampoco podemos quedarnos en las luchas a medias, como la que pretende dar un feminismo racista liberal, que se ha satisfecho con haber conseguido la entrada de las mujeres europeas al mercado laboral remunerado mientras ignora completamente la problemática que surge en consecuencia, no solo sus condiciones de precariedad, sino también el hecho de que son las mujeres más pobres, muchas veces migrantes y/o racializadas, son quienes están realizando ahora ese trabajo de cuidados.

El propósito de plantear estas reflexiones es que podamos enfocar toda nuestra rabia hacia la la lucha, hacia una lucha revolucionaria por un futuro más allá del capitalismo. Tomando el espíritu de las mujeres luchadoras, frente a un sistema que pretende calificarnos como meras víctimas y sujetos pasivos, la historia nos ha enseñado que, junto a la clase trabajadora y otros sectores oprimidos, somos quienes lideramos revoluciones.


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