Géneros y Sexualidades

BARCELONA

Detenido el “violador del cúter” pero muchos otros quedan impunes

Ha sido detenido y puesto en prisión el "violador del cúter". Sin embargo, centenares de agresiones sexuales son archivadas en el Estado español, donde cultura de la violación e impunidad se dan la mano.

Marta Clar

Barcelona | @MartaClar1

Martes 20 de octubre de 2015

Imagen del violador captado por una camara de seguridad distribuida por los Mossos d’Esquadra.

Los Mossos de Escuadra han anunciado que se detuvo y puso en prisión a Diego Nicolás R.N, más conocido como el "violador del cúter". Un joven de 30 años, que entre los meses de Diciembre del 2013 y Enero del 2014 agredió sexualmente a cuatro mujeres, y que podría haber agredido a otras cinco más.

En todas las ocasiones, increpaba las chicas cerca de lugares poco concurridos, las abordaba por la espalda con un cúter amenazándolas y las obligaba a realizarles sexo oral. Tanto las imágenes captadas, así como la descripción y los restos de ADN localizados en las cuatro víctimas confirman la autoría del sospechoso. Además, las víctimas ya han confirmado su identidad.

Cultura de la violación en el Estado español

Por más que le pese al Estado, por más que fuerce las estadísticas y estreche las definiciones en los análisis y sumarios, en el Estado español el machismo sigue arraigado. Aun cuando digan que descienden las denuncias, han sido 77 los feminicidios ocurridos durante este 2015, ¿con cuántas menos acabaremos?

Las pocas estadísticas con las que contamos reflejan que hay una mujer violada cada ocho horas. Es decir, tres violaciones al día. Sin temor a exagerar, nos referimos a una cultura de la violación que según los expertos podría llegar a alcanzar a más de dos mil violaciones al año. De las que tan solo se denuncian alrededor del 20%. La mayoría quedan impunes, más todavía cuando las agresiones se dan por parte de allegados, sean conocidos, amigos, pareja o familiares.

Una cultura de la violación que se ve alimentada por la banalización con la que el Estado, la policía y las instituciones en su conjunto toman las agresiones sexuales. La escasa, sino nula información con la que cuentan la mayoría de mujeres, jóvenes y adolescentes, aumenta la dificultad de identificar un abuso o una violación cuando esta no se corresponde con la imagen del desconocido que nos asalta en cualquier callejón oscuro, algo que pese a suceder con demasiada frecuencia no es el único modo en el ocurren las violaciones.

Agresiones sexuales alimentadas con la culpabilización de la víctima a la que se suman el Gobierno, la policía y los medios de comunicación: ¿alguien se ha olvidado de aquél esperpéntico espectáculo que protagonizaron los periodistas de la derecha española cuando acusaban a la joven agredida en San Fermines de “inconsciente e irresponsable” por irse con un desconocido a los baños de un bar?. "Ya se lo tiene merecido", pensaría más de uno -y más de una- por provocar, por no cuidarse de ser violada, por confiar en que su cuerpo y su voluntad serían respetados.

¿Y de los consejos que nos daba el Ministerio del Interior para que no nos abusen? En casa, dejar las luces de varias habitaciones encendidas, cambiar de ruta de vuelta a casa en la noche, llevar un silbato, no entrar en ascensores si dentro hay algún desconocido. O lo que es lo mismo, aceptar que como mujeres, nuestros cuerpos y nuestros deseos no nos pertenecen... y por lo tanto, lo único que nos queda es mantenernos en alerta constante, a la espera de que se produzca la agresión. Una agresión que después de expropiarnos el cuerpo y quitarnos el poder de decisión, se extenderá hasta las dependencias policiales: ¿cómo ibas vestida? ¿Lo provocaste? ¿Qué hacías sola en esa zona? ¿No estabas demasiado borracha para recordarlo con tantos detalles? ¿No te acuerdas? ¿Cómo es posible que de algo así no te acuerdes?

Para luego elevarse hasta el poder judicial, donde una gran parte de las agresiones quedan archivadas. Un proceso que ni siquiera se inicia en el caso de las mujeres inmigrantes en situación de irregularidad, por la amenaza que supone la apertura de un expediente de expulsión. En la justicia, el racismo y la misoginia se complementan para dejar indefensas a las mujeres.

Impunidad de las agresiones sexuales, un problema estructural en la educación y la justicia

Aunque la igualdad entre hombres y mujeres está reconocida en las constituciones europeas, y la violación así como las agresiones sexuales de diferentes tipos tipificadas como delito, en Europa tan solo el 14% de los casos abiertos por violación acaban en condena. La situación de impunidad se extiende a lo largo del continente. En el Estado español, más de 250 organizaciones y colectivos denuncian las carencias de la justicia ante la violencia sexual hacia las mujeres. Ni preparación profesional suficiente, ni voluntad política, ni campañas de sensibilización. Algo que no se propusieron cambiar los sucesivos gobiernos del PSOE y el Partido Popular.

Además, existe un claro déficit en los centros de atención a las mujeres víctimas de violencia sexual, a los que tan solo un número restringido de mujeres tiene acceso. Tampoco existe un plan estatal que garantice la atención y reparación para las mujeres que han sufrido agresiones sexuales, con lo que estas competencias son transferidas a las Comunidades Autónomas, con todas las limitaciones que esto implica. Las campañas de sensibilización son mínimas, y ni siquiera se incluyen en los centros escolares programas para la prevención de la violencia sexual. Es necesario hacer énfasis en este último punto: educar en el consentimiento a los niños y jóvenes, darles mecanismos de identificación e información a las mujeres. Una cosa es clara, por omisión, el Estado también es cómplice. Y esta complicidad tiene como resultado la violación sistemática de centenares, sino miles de mujeres al año.






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