Cultura

TEORÍA

Dialéctica y marxismo: Engels y el Anti-Dühring

Continuamos la serie de marxismo y dialéctica con un repaso sobre el abordaje de la cuestión en el clásico libro de Friedrich Engels.

Juan Dal Maso

juandalmaso@gmail.com

Domingo 28 de agosto de 2016 | 17:06

Aunque siempre se mantuvo en un segundo plano con respecto a Marx, la labor teórica, organizativa y publicística de Engels tuvo una importancia primordial tanto para el desarrollo del materialismo histórico como del movimiento obrero moderno.

Durante las tres últimas décadas del Siglo XIX dedicó parte de su trabajo teórico a polemizar con los adversarios de la concepción materialista de la historia así como a sistematizar algunas de las ideas relativas a sus fundamentos, en la tentativa de unir la teoría revolucionaria con el movimiento de la clase trabajadora.

A él se deben textos como el Anti-Dühring (1878), Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana (1888) o los borradores de Dialéctica de la Naturaleza, obra publicada póstumamente y no en vida de Engels. En estas líneas nos referiremos especialmente al primer texto.

El Anti-Dühring, que pasó a la historia como una especie de Manual de marxismo, es en realidad una obra polémica. Su objetivo era demostrar la inconsistencia de las “doctrinas” de Eugen Dühring (1833-1921), quien rivalizaba con el marxismo y proponía un “socialismo” contrario a la lucha de clases y basado en una teoría ecléctica que combinaba el materialismo mecanicista, el idealismo y el positivismo. Buscando combatir esta corriente que había logrado cierta influencia al interior del propio Partido Obrero Socialdemócrata alemán (fundado en 1875), Engels realizaría una serie de contribuciones sobre la dialéctica.

En el “Viejo Prólogo” al Anti-Dühring, que suele encontrarse entre los apéndices de la obra, Engels destacaba que el potente desarrollo de las Ciencias Naturales, del que fue contemporáneo, planteaba la necesidad de superar los límites del pensamiento formal así como de ordenar desde el punto de vista teórico los resultados de las investigaciones científicas. Señalaba también que la decadencia filosófica alemana de esos tiempos, en los que surgían tentativas como las de Dühring, no podía ofrecer un punto de apoyo a los naturalistas, dado que estaba incluso muy por detrás de los filósofos antiguos como Leucipo o Epicuro.

Engels consideraba que había dos variantes principales de pensamiento dialéctico en la historia de la filosofía.

Una era la de los antiguos griegos, de la que Engels realiza una valoración paradójica y sugerente. Por ser resultado de la contemplación inmediata, las ideas de los antiguos griegos sobre los fenómenos naturales no se basaban en el aislamiento de ciertos detalles ni en la búsqueda de principios por fuera del mundo físico, sino en la comprensión de la naturaleza como un todo en sus rasgos generales. Asimismo, señala Engels que en sus elaboraciones filosóficas tempranas, los griegos habían anticipado ciertos desarrollos que luego realizaría la ciencia moderna, como la atomística.

La otra variante que destacaba Engels era, como es previsible, la dialéctica propia de la filosofía clásica alemana desde Kant hasta Hegel, a la que nos hemos referido en los anteriores artículos de esta serie.

Engels planteaba la necesidad de que los científicos se acercaran conscientemente al enfoque dialéctico así como la de que el movimiento socialista adquiriera también una sólida base teórica, incorporando aquello que Marx (y el propio Engels) habían buscado rescatar de la dialéctica de Hegel.

En lo referido específicamente a la dialéctica, Engels contrastaría la afirmación de Dühring sobre que la contradicción era una categoría exclusivamente de la lógica y que no podía haber contradicciones en la realidad:

“Mientras contemplamos las cosas como en reposo y sin vida, cada una para sí, junto a las otras y tras las otras, no tropezamos, ciertamente, con ninguna contradicción en ellas. Encontramos ciertas propiedades en parte comunes, en parte diversas y hasta contradictorias, pero en este caso repartidas entre cosas distintas, y sin contener por tanto ninguna contradicción. En la medida en que se extiende este campo de consideración, nos basta, consiguientemente, con el común modo metafísico de pensar. Pero todo cambia completamente en cuanto consideramos las cosas en su movimiento, su transformación, su vida, y en sus recíprocas interacciones. Entonces tropezamos inmediatamente con contradicciones. El mismo movimiento es una contradicción; ya el simple movimiento mecánico local no puede realizarse sino porque un cuerpo, en uno y el mismo momento del tiempo, se encuentra en un lugar y en otro, está y no está en un mismo lugar. Y la continua posición y simultánea solución de esta contradicción es precisamente el movimiento”.

Engels demostraba a su vez la incomprensión de la dialéctica por Dühring, cuando polemizaba contra la caricatura que realizaba éste de la explicación marxiana de la transformación de dinero en capital, como producto de la “confusa y nebulosa ley hegeliana de la transformación de la cantidad en calidad”.

“En la página 313 (de la segunda edición de El Capital) Marx infiere de su precedente investigación sobre el capital constante y variable y sobre la plusvalía la consecuencia de que ‘no toda suma cualquiera de dinero o valor es transformable en capital, sino que para esa transformación hay que presuponer la existencia de un determinado mínimo de dinero o valor de cambio en las manos del propietario particular de dinero o mercancías’. Marx pone entonces como ejemplo que en alguna rama del trabajo el trabajador trabaje ocho horas al día para sí mismo, es decir, para la producción del valor de su salario, y las cuatro horas siguientes para el capitalista, para la producción de plusvalía que va, por de pronto, al bolsillo de éste. En este caso alguien tiene que disponer de una suma de valor que le permita suministrar a dos obreros materia prima, medios de trabajo y salario, para obtener diariamente la plusvalía necesaria para vivir como uno de sus trabajadores. Y como la producción capitalista no tiene como objeto la mera manutención, sino el aumento de la riqueza, nuestro hombre con sus dos obreros no sería aún un capitalista. Sólo para vivir dos veces mejor que un trabajador corriente y para retransformar en capital la mitad de la plusvalía producida tendría ya que poder ocupar a ocho trabajadores, o sea poseer el cuádruplo de la suma de valor antes supuesta. Y sólo después de esto, y en el curso de otras indicaciones más, destinadas a aclarar y fundar el hecho de que no toda pequeña suma de valor puede transformarse en capital, sino que para cada período del desarrollo y para cada rama industrial existen límites mínimos determinados, observa Marx: ’Aquí, como en la ciencia de la naturaleza, se confirma la corrección de la ley descubierta por Hegel en su Lógica, según la cual cambios meramente cuantitativos se mutan en un determinado punto en diferencias cualitativas.’”

Engels golpeaba sobre un argumento “fuerte” de Dühring que curiosamente sería reproducido por muchos antidialécticos. Este argumento se puede resumir del siguiente modo: Al tomar, aunque sea críticamente, la dialéctica de Hegel, Marx habría reemplazado las explicaciones de los procesos concretos por la introducción forzada de un método exterior a los hechos mismos, de modo tal que, por ejemplo, la transformación de dinero en capital no constituía un movimiento que en sus características se asemejaba a la idea abstracta de la transformación de la cantidad en calidad, sino que era el resultado de esta ley tomada como un a priori.

El mismo procedimiento realizaría Dühring al intentar presentar la noción dialéctica de “negación de la negación” como una “comadrona” de la historia que en la perspectiva de Marx permitiría transitar desde la acumulación originaria del capital hasta el comunismo a través de un proceso de “negaciones” de las distintas formas de propiedad de la que la expropiación de los expropiadores sería el resultado automático.

Engels cita profusamente El Capital, a fin de demostrar que Marx reconstruye el proceso histórico que sienta las bases para la futura expropiación de los capitalistas, pero buscando explicar el proceso mismo en su dinámica intrínseca y que esa dinámica se da de una forma prevista por una “ley” dialéctica pero no porque esta sea una ley a priori:

“... al caracterizar el proceso como negación de la negación, Marx no piensa en absoluto en que con eso pueda probarse que el proceso es históricamente necesario. Antes al contrario: luego de haber probado históricamente que el proceso se ha realizado efectivamente en parte y que en parte tiene que producirse, lo caracteriza por añadido como proceso que se realiza según una determinada ley dialéctica. Esto es todo”.

El Anti-Dühring sería un texto de suma relevancia en la formación de las posteriores generaciones de marxistas, más por su carácter de “compendio” de un conjunto de discusiones sobre ciencia, filosofía, economía política e historia, que por las razones polémicas que le dieron origen. Su impulso polémico y muchas de sus ideas marcaron a la siguiente generación de socialistas así como al marxismo del siglo XX, que realizaría múltiples controversias sobre el legado teórico de Engels.

En cuanto al tratamiento de la cuestión de la dialéctica, uno de sus principales méritos consiste en poner de relieve la crítica del apriorismo, la dinámica “inmanente” de los procesos históricos y sociales (es decir que éstos no obedecen a causas exteriores trascendentes sino que tienen en su propia dinámica interna las razones de su desarrollo) y el carácter análogo y aproximativo de las relaciones entre los procesos y las “leyes” cuyas formas se parecen pero no son idénticas.






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