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Diario de una auxiliar de residencia en tiempos de Estado de alarma

Estos días estamos viendo como la emergencia del coronavirus está multiplicando por mil la situación de precariedad que sufre el sector de las residencias geriátricas. Tenemos que luchar por medidas eficaces que combatan el colapso en el que entramos en todos los sectores de la sanidad.

Laia Forner

Miércoles 18 de marzo de 2020
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Soy Laia Forner, tengo 35 años y soy auxiliar de geriatría en una residencia pequeña de ancianos en Barcelona. Y si, soy parte de esta gran masa de población que se ha quedado trabajando en tiempos de Estado de alarma.

Parece que haga una eternidad que salió Pedro Sánchez a decretar el Estado de alarma. Cómo si el confinamiento de millones de personas haya ralentizado todo y todo aquello que no tenga que ver con el inicio de la pandemia quede a mil leguas.

Ese sábado mis compañeras y yo nos quedamos atónitas ante el discurso del presidente. Le dábamos vueltas a cómo nosotras podríamos estar confinadas si alguien tiene que cuidar de nuestras abuelas y abuelos. Y lo que es peor, y si somos nosotras mismas las que los contagiamos. Desde ese día trabajamos con el corazón en un puño.

Después vino la primera noche de aplausos. Recuerdo que al llegar a casa mis compañeras de trabajo se lo habían tomado como una mezcla de vergüenza infantil y una conciencia repentina de todo aquello que el sector de la sanidad y tantísimos profesionales tendremos y tendrán que soportar durante estos días, semanas o meses, quien sabe.

Allí empezamos a entender todo. Las trabajadoras de sanidad estaremos en la primera línea de riesgo de contagio. Y no lo digo tan solo por la parte que me toca a mí, al fin y al cabo nuestro centro es pequeñito.

Pero, ¿y las residencias geriátricas que son como urbanizaciones? ¿Y las cientos y cientos de residencias de tamaño medio? El material preventivo ya empieza a escasear en muchos de estos centros. Solo falta echar un vistazo por las redes sociales para ver los mensajes de ayuda de muchas compañeras exigiendo máscaras, guantes o equipaciones EPI.

En residencias de Madrid, Valencia o Catalunya el Covid-19 ya ha entrado con fuerza. ¿A que esperan el señor Sánchez y los responsables políticos en sanidad para hacer la prueba urgente a todo este sector de la población y a todos sus profesionales? ¿A que esperan para poner todo a disposición para combatir el coronavirus? Las farmacéuticas al servicio de enfrentar el colapso sanitario. Todo el personal disponible que esté en el paro que pase a formar parte de la plantilla, reequipamiento del material sanitario y EPI... medidas así necesitamos.

Con las compañeras el monotema de los últimos días es que los gerentes y directores de las residencias no hacen más que mirar por sus intereses y no tienen ni idea de como solucionar un desbordamiento de estas características sin tomar medidas excepcionales que permitan nuestra seguridad.

Pero además, en estos días vemos como la emergencia del coronavirus está multiplicando por mil una situación de precariedad laboral que sufre el sector de las residencias geriátricas. Mucho antes de la pandemia las jornadas eran interminables con horarios de más de doce horas, plantillas reducidas al mínimo en los momentos de mayor carga de trabajo como son las higienes y con tareas que no corresponden a los auxiliares como la atención más cognitiva hacia los residentes o el servicio de lavandería. Mientras, los empresarios se llevan sus buenos pastizales que pagan las familias por necesidades tan básicas como el derecho a la atención de nuestros mayores.

Nosotros, los profesionales sanitarios, podemos estar al frente de toda esta crisis sanitaria organizados en asambleas para combatir un colapso que cada día que pasa está más próximo.

Pero, desde mi humilde posición, creo que tenemos que luchar también por medidas como el aumento de personal sanitario en tiempo de coronavirus. La sanidad privada tiene que ponerse también de forma efectiva a disposición de todos los sectores sociosanitarios y me parece urgente imponer también la gratuidad y que todas las residencias privadas pasen a ser públicas para garantizar la salud de los sectores más vulnerables y con mayor exposición al contagio como son nuestros abuelos y abuelas.


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