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El FMI prevé que al menos un tercio de la economía mundial entre en recesión en 2023

El conjunto de la economía mundial se enfrentará en 2023 a un año muy difícil, según las previsiones del FMI. La desaceleración simultánea de las grandes locomotoras de la economía mundial (EEUU, China y la UE) en un contexto de una deuda global disparada muy por encima de los 300 billones de dólares (más del 350 % del PIB mundial), acompañado de una importante subida de los tipos de interés, recrea la amenaza de una crisis financiera de dimensiones catastróficas.

Juan Carlos Arias

Martes 3 de enero
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Kristalina Georgieva, directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI) ha afirmado hace unos días, en una entrevista a la cadena CBS de televisión estadounidense, que la economía mundial va a recibir un golpe mucho más duro que lo experimentado hasta ahora tras el inicio de la guerra en Ucrania.

Ese fuerte impacto hará que al menos un tercio de la economía mundial entre en recesión -dos trimestres consecutivos como mínimo de decrecimiento económico- arrastrados porque se ha gripado simultáneamente el motor de las tres locomotoras principales de la economía mundial (EEUU, China y la UE).

El trompazo económico, como suele ser habitual en la economía capitalista, será de desigual incidencia tanto entre los estados como entre el conjunto de la población. En la UE las veremos de todos los colores asediados por una serie de factores: la guerra en Ucrania y el militarismo armamentista creciente, la crisis energética, la subida de precios y las bajadas de los salarios reales, la escasez de suministros básicos, las fuertes subidas de tipos de interés del BCE, lo que llevará según las propias previsiones del FMI a una recesión anual en países centrales de la UE con Alemania (-0,3%,), e Italia (-0,2%) a la cabeza. En el caso de Francia en particular, se espera un raquítico crecimiento positivo (0,7%), aunque con algún posible período recesivo mientras que, en el Estado español, aunque no se sabe si llegará a sufrir dos trimestres en negativo, se espera que termine el año 2023 con un crecimiento exiguo (1,2%) frente al crecimiento de 2022 que se espera se encuentre por encima del 5%, es decir, un batacazo de al menos un 3,8%. El resultado de conjunto para la UE, según las previsiones del FMI, serán tan demoledoras que llevarán a que “la mitad de la UE estará en recesión el próximo año”.

Las previsiones para los EEUU, sin embargo, son algo más favorables, aunque no sin nubarrones en el horizonte. Su mayor resistencia al coletazo de la crisis pasa por no tener un conflicto armado en su patio trasero y no sufrir el embate tan directo de la crisis energética al no depender del gas ruso y ser productor importante de combustibles fósiles, que está haciendo además el gran negocio con la venta masiva a la UE de gas licuado y petróleo mucho más caro que el ruso aprovechando la coyuntura. No obstante, y aunque el FMI considera que podría llegar a soslayar la recesión, según palabras de Georgieva -“espero que Estados Unidos no caiga en recesión a pesar de todos estos riesgos”- la economía norteamericana no está exenta de riesgos por las políticas monetariamente agresivas de la Fed para frenar el fuerte crecimiento de la inflación, objetivo que se ha puesto por delante del crecimiento, incluso aunque eso desemboque en una recesión.

Los datos favorables de la economía de EEUU pasan por la fortaleza actual del mercado laboral, con unos niveles de desempleo históricamente bajos. Pero se produce en un contexto de estrangulamiento de las cadenas de suministro de materias primas y productos estratégicos. Esta situación de problemas en la oferta es lo que ha desencadenado una inflación desbocada que amenaza con llevarse la economía por delante. Las fuertes ayudas a las empresas para sortear la crisis sanitaria generada por la covid-19 que ha hecho aumentar la especulación financiera y bursátil también está en la base del crecimiento exponencial de los precios. Los salarios, aunque en Estados Unidos han subido más que en Europa, para nada han superado el nivel de la inflación y, por lo tanto, no son los causantes del aumento de los precios.

Respecto de China la jefa del FMI señaló que la situación “durante los próximos meses será difícil para China y el impacto en el crecimiento chino será negativo, el impacto en la región será negativo, el impacto en el crecimiento global será negativo”. Todo ello pese a que China ha eliminado su estricta política contra la covid-19 y se ha lanzado a una fuerte reapertura de su economía. Las protestas en las últimas semanas en las fábricas chinas, muchas de ellas al servicio de la grandes multinacionales norteamericanas o europeas, por prácticamente encarcelar en los lugares de trabajo a las personas trabajadoras para continuar con la producción por encima de todo, conjugándolo con un estricto control sanitario y así tratar de impedir la difusión del virus, ha dado como resultado la conclusión de esta política de explotación y represión inhumana. Pero la situación se ha vuelto explosiva sanitariamente por mantener a toda costa la producción ya sin protección en una población con baja vacunación, lo que ha generado una enorme ola de contagios. Esta situación más la crisis inmobiliaria y financiera del país ha acelerado la ralentización del crecimiento económico que se estima en el 4,4% según el FMI, es decir, la mitad del promedio de crecimiento entre el 2000 y el 2021 (8% anual).

El FMI prevé una desaceleración que tendrá como consecuencia que el crecimiento de la economía mundial se lastre para alcanzar un exiguo crecimiento del 2,7% el próximo año, cuando en 2021 fue del 6% y del 3,2% en 2022. Sin que, además, muchas economías hayan alcanzado todavía los niveles previos a la crisis sanitaria.

En las economías emergentes el panorama es aún más sombrío. Van a sufrir más intensamente como “les golpean las altas tasas de interés y la apreciación del dólar”, lo que en el caso de las economías con altos niveles de endeudamiento “es una devastación”. La directora del organismo ha terminado alertando que, si bien por el momento los países afectados no son estructuralmente sistémicos en la economía mundial como para desencadenar una crisis de deuda, si la lista de países afectados siguiera creciendo “la economía mundial puede llevarse una sorpresa negativa”.

Inflación y deuda disparadas

Respecto de la inflación el FMI preveía en octubre que los precios iban a repuntar en 2022 una media del 8,8% a nivel global, para caer al 6,5% de media a lo largo de 2022. En las economías más avanzadas estos aumentos serían del 7,2% y el 4,4% respectivamente, mientras que en la Eurozona ascenderían al 8,3% y el 7,7%. Frente a eso los salarios reales sufren una drástica caída a nivel mundial según un informe de la OIT para 2022-2023. Siendo que por primera vez en este siglo el crecimiento salarial real global ha sido negativo.

Cifras de inflación que, pese a una cierta moderación según países, en los precios de los carburantes y la energía parece que se van a cumplir al menos para 2022, ante el enorme crecimiento de los precios de los alimentos, los servicios y las materias primas en general. No sin que las políticas de subidas de tipos de interés que están ralentizando la economía mundial traten de frenar la escalada de precios, pero de momento lo que van a desencadenar con casi toda probabilidad es una recesión en muchos países durante 2023.

En este contexto hay que destacar el problema de la colosal deuda mundial que crece de manera desbocada en una loca carrera hacia adelante y aunque mantiene la locomotora económica mundial en marcha, da cada vez más señales de gripar y descontrolarse pudiendo generarse una crisis financiera de carácter histórico.

El Instituto de Finanzas Internacional (IIF), patronal de la industria bancaria, calcula que la deuda soberana y privada alcanzó en 2021 un récord histórico de 296 millones de dólares. Solamente entre 2020 y 2021 la deuda se elevó en 36 billones de dólares más consecuencia de las políticas contra la covid-19. El total de deuda en 2020 supuso 226 billones de dólares. Para 2022 se considera que solo la deuda pública alcanzará los 71,6 billones de dólares y que se superarán los 300 billones de dólares de deuda global (350% PIB mundial). Todo ese crecimiento de la deuda se está desarrollando ahora en un contexto de fuerte elevación de los tipos de interés para contrarrestar la fuerte alza de los precios, lo cual puede generar un claro peligro de crisis financiera aguda. Nunca antes en la historia había estado tan endeudada la economía mundial, tanto en términos absolutos como en porcentaje sobre el PIB. Georgieva ha destacado respecto a la incidencia de esta crisis sobre la población que más allá de si los países entran en recesión o no “se sentirá como una recesión para cientos de millones de personas”.

Se hace vital para dar la batalla ante el probable agravamiento de la crisis y la amenaza de miseria social que se avecina para millones, dar la pelea y organizarse con los métodos de lucha de la clase obrera de manera independiente para lograr que la crisis la paguen los capitalistas.


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Juan Carlos Arias

Nació en Madrid en 1960. Es trabajador público desde hace más de 30 años y delegado sindical por UGT de la Consejería de Políticas Sociales y Familia de la Comunidad de Madrid. Es columnista habitual de Izquierda Diario en las secciones de Política y Economía. milita en la Corriente Revolucionaria de Trabajadores y Trabajadoras (CRT) del Estado Español.

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