Política México

MEDIO AMBIENTE

El ambiente no es prioritario para el TPP

El acuerdo comercial más grande en la historia, el TPP, fue aprobado a inicios de octubre de este año. Una agresiva política imperialista contra los trabajadores de diferentes partes del mundo es la que está detrás de dicho acuerdo. Entre sus consecuencias devastación ambiental.

Leah Muñoz

@DanmunozDan

Martes 10 de noviembre de 2015

Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica (TPP, por sus siglas en inglés) es el nombre del mayor acuerdo de “libre comercio” que se ha impulsado en la historia al cual se han adherido 12 países de la región Asia- Pacífico: México, Chile, Perú, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Singapur, Vietnam, Malasia y Brunei, Estados Unidos y Japón.

A ocho años de iniciada la crisis económica internacional, que se ha dejado sentir en las diferentes economías del planeta, el TPP llega como el gran acuerdo económico que busca oxigenar la crisis ampliando el mercado económico de Estados Unidos para dar salida a sus mercancías mientras genera nuevas áreas de producción. Como señala unanálisis esto se traduce en la reducción de aranceles, cuotas de importación, regulaciones ambientales, acceso a las compras estatales, derechos de patentes y propiedad intelectual, además de seguridad jurídica que garantice los intereses de los inversores.

Pero el TPP también es estratégico para Estados Unidos- impulsor principal de dicho acuerdo- en la medida que busca bloquear la influencia de China en los mercados latino y centroamericanos, y asiáticos.

Este acuerdo, que se negoció en secreto por casi 5 años, tendrá un fuerte impacto en las condiciones de vida de los trabajadores y el pueblo pobre con mayor superexplotación por parte de los empresarios nacionales y transnacionales para de esa forma atenuar los efectos de la crisis económica, a la par que harán un uso irracional de los recursos naturales de los diferentes países profundizando la crisis ecológica.

Profundización de la crisis ecológica
Muy pocos se atreverían a negar la “crisis ecológica” que el mundo actual vive. Esta depredación de la naturaleza que tuvo gran impacto en los últimos 40 años se entiende a la luz de las políticas neoliberales que comenzaron a aplicarse desde los años 70s, apropiándose de los recursos naturales, a lo largo del mundo para combatir la crisis económica de aquellos años.

Hoy, la actual crisis económica mundial pone sobre los hechos cómo el capital avanza sobre los recursos naturales de manera rapaz en momentos de crisis económica para colocar por delante la ganancia de los capitalistas por sobre el cuidado del ambiente sin importar las implicaciones tanto ecológicas tanto sociales para la clase trabajadora y el pueblo pobre como ecológicas para el conjunto de la vida en el planeta, mostrando la imposibilidad de configurarse como un “capitalismo verde” pese al discurso “sustentable” al cual hacen referencia los empresarios y los gobiernos.

Estados Unidos sabe muy bien que para ir sobrepasando la actual crisis económica se requiere de un nuevo salto en la devastación ambiental y apropiación de los recursos naturales superior a lo que el neoliberalismo requirió.

Por esto el TPP en relación al ambiente es presentado, en palabras de Obama, como el que “incluye las normas ambientales más rígidas de la historia”.

En el año 2014 WikiLeaks filtró un borrador del capítulo sobre medio ambiente en el que se dejaba ver, según diversos analistas, que el TPP “no define medidas estrictas para la protección de los recursos naturales, deja de lado acciones contra el cambio climático, establece un comercio de recursos genéticos de la diversidad biológica y pretende que no se utilice el medio ambiente como barrera comercial”.

El documento tampoco especifica qué medidas se deberían tomar para la protección ambiental dejando todo en un vago llamado a los gobiernos a autoregular las medidas de protección ambiental, pero sin afectar los intereses de las empresas ya que el documento también señala la posibilidad de las empresas para, en tribunales internacionales, demandar a los gobiernos que apliquen leyes ambientales que afecten sus ganancias.

Esto sólo da paso a que las empresas cuiden sus ganancias a costa del deterioro ambiental, y evidenciando que para el TPP el ambiente no es prioritario.

El cambio climático, la biodiversidad, las especies invasoras, el Protocolo de Montreal, pesquerías y conservación y comercio; es lo único que se menciona en dicho capítulo haciendo a un lado aquellos temas que más desmienten la falsa cara verde del capitalismo, como es la contaminación generada por la mineras, el uso del agua o el comercio de residuos peligrosos.

Crisis capitalista, crisis ecológica
Los efectos políticos a causa de la crisis económica sobre la naturaleza ya se han dejado ver a lo largo de América Latina donde el “fin de ciclo” de los gobiernos posneoliberales- signado por un giro a derecha- está marcando políticas que permiten nuevas áreas de acumulación y de intercambio para el capitalismo como lo evidencia la construcción del Canal Interoceánico en Nicaragua- que pone en riesgo la reserva de agua dulce más grande de centriamérica- de capital chino permitido por el gobierno sandinista de Daniel Ortega, o la instalación de la línea ferroviaria, también de capital chino que partirá uno de los pulmones del plañera como lo es la selva amazónica; acordado por el gobierno petista de Dilma Rousseff, junto a China y Perú.

Mención aparte merecen los acuerdos recientes de Evo Morales con las transnacionales petroleras para hacer actividades de exploración en zonas que se consideraban protegidas por razones ambientales.

Es irreal pensar que en el capitalismo se pueda dar una salida a la crisis ecológica. Para echar abajo el TPP es necesaria la movilización independiente de la clase trabajadora de los distintos países en alianza con los campesinos pobres que también serán afectados.






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