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TURQUIA ATENTADO

El atentado de Ankara y la lucha mortal de Erdogan por el poder

El atentado de Ankara es el brutal hito de una oleada de masacres que marcó un punto de inflexión hacia la militarización del régimen de Erdogan. El atentado con bomba con 97 muertos y 500 heridos es el mayor ataque contra las fuerzas de izquierda y sindicales desde hace décadas. Más sangre amenaza con fluir.

Suphi Toprak

Munich

Baran Serhad

Munich | @El_Comandante

Jueves 15 de octubre de 2015 | 19:19

Foto EFE/Deniz Toprak

La masacre en Ankara es en muchos aspectos una consecuencia de la política de bonapartización que empezó Erdogan. Este está empujando hacia una mayor desestabilización política del país para salir de la crisis como actor fuerte. El desarrollo de la situación política en Turquía desde las elecciones parlamentarias del 7 de junio muestra un giro, desde una ofensiva económica neoliberal hacia la agresión militar. Es evidente que el Bonaparte Erdogan no aceptará voluntariamente una limitación de su poder.

El trasfondo del neoliberalismo nacionalista militante

La crisis económica turca del 2001 sacudió al país. A grandes rasgos, todos los partidos burgueses fueron incapaces de solucionar la crisis. El AKP llegó al poder con un programa de privatización, de acercamiento a la Unión Europea, de achicar el aparato estatal y con la promesa de encontrar una solución política de los conflictos en Kurdistan del Nore y en Chipre.

El “proceso de paz” como proyecto apuntó a crear una “calma interna” para construirse como actor fuerte en el Medio Oriente. Después del estallido de la crisis económica mundial desde 2008 se mostraron poco a poco las grietas en el régimen dominante. La unidad de la burguesía turca que se basó en la ofensiva neoliberal se deshizo durante ese período. El AKP tuvo que lidiar con los intereses en conflicto de una burguesía dividida.

Bajo la presión de la crisis económica, el AKP se vio obligado de mostrar éxitos a corto plazo, resultando en zigzags. Muchas veces le siguieron represiones contra los kurdos, a nivel parlamentario o incluso militar. En el ’proceso de paz’, Erdogan quiso imponer todas sus condiciones, convirtiéndolo en una ’paz dictada’ y llegó muy rápidamente a sus límites.

La lucha de los kurdos en Rojava, en ligazón con el callejón sin salida que es la intervención del AKP en la guerra civil siria, abrió una nueva etapa de la crisis política del AKP.

Cuando saltó la chispa de la primavera árabe a Siria, el AKP rompió todas las relaciones diplomáticas con Assad. Primero apoyó al Ejército Libre Sirio, logística y financieramente, pretendiendo a acelerar la caída de Assad. El “Estado Islámico” durante mucho tiempo no era visto como un peligro por Turquía. Así las tropas del EI pudieron pasar las fronteras e incluso cuidar a sus heridos. El Estado turco en ese entonces se atrevió a decir que venía el tiempo del control turco en la región. ”Si Turquía quiere, puede tomar Damasco en tres horas”, decía el AKP.

No obstante, sin “unidad interna” y sin la aprobación por parte del imperialismo, el Estado turco no pudo imponer sus planes. Mientras tanto, Rusia “pro Assad” empezó su propia intervención militar. Las estructuras kurdas se mostraron viables militarmente. E incluso EEUU está dando señales que se podría aceptar a Assad en un período de transición. Por fuera del Estado turco, nadie sigue llamando a las YPG una “organización terrorista”. Todo el contrario, después de que fracasó el plan de formar a rebeldes para la guerra, EEUU quiere establecer una relación estrecha con los combatientes kurdos. Es que ellos son la fuerza que lucha más eficazmente contra EI. Por eso el Estado turco se quedó solo, con EI a su lado, después de que los imperialismos barajaron de nuevo sus cartas en cuanto al destino de Siria.

Las fuerzas que se han equipado y entrenado para la guerra civil en Siria ahora empiezan a intervenir militarmente en Turquía. El Estado Islámico ya pudo construir una base visible en Turquía. Las bandas islamistas ven que su misión en Turquía tiene entre otros objetivos, atacar a los sectores progresivos que se enfrentan a la guerra. El AKP ha introducido en Turquía a esas fuerzas que hoy cometen atentados con bombas. Esa es la responsabilidad del Estado turco.

El Estado asesino es responsable, ¿cómo lograr que no quede impune?

Erdogan dirige su ofensiva directamente contra el HDP. La fuerzas oficiales de seguridad y sus bandas asesinan a militantes kurdos y de izquierda. El ataque contra el HDP tiene lugar en una nueva etapa política –con el trasfondo de que el HDP le ha quitado gran parte de su base kurda al AKP y no le ha permitido la consolidación legal del sistema presidencial.

Erdogan tiembla de miedo porque en caso de un debilitamiento del AKP, le llevarán a él a juicio por los escándalos de corrupción, las masacres contra trabajadores, militantes de izquierda y kurdos, así como las represiones contra la prensa. Como reacción, Erdogan agudiza la represión. Nadie puede descartar la posibilidad de nuevas masacres.

Después de la masacre del sábado, el presidente del HDP, Demirtas, definió el Estado turco como “Estado asesino mafioso” y agregó un día después: “Pero nadie puede esperar de nosotros estar al lado de nuestros asesinos.” Hasta ahora el HDP había lanzado permanentemente nuevos llamados para revivir el “proceso de paz” – aún queda por ver que sucederá con ello. De todos modos, la oleada de masacres permitida o dirigida por Erdogan muestra una vez más que a ese asesino no le importa en lo más mínimo la “paz”.

Las primeras señales de un verdadero ajuste de cuentas con el “Estado asesino” se mostraron en la huelga general del 12 y 13 de octubre. Los sindicatos que habían organizado el acto en Ankara el día 10, llamaron a la huelga general. Además de los trabajadores, también los estudiantes universitarios y secundarios participaron en la huelga general con sus propios métodos, como es el boicot de clases. Las masas demandaron furiosamente la lucha contra el AKP hasta la victoria y la dimisión de todos los responsables políticos en el gobierno provisorio, así como los funcionarios estatales responsables.

Si bien la huelga general se organizó espontáneamente y sin programa concreto de lucha, la unidad de los trabajadores y los oprimidos es muy importante para que la reacción no se pueda imponer. En la lucha contra el enemigo común se muestra a quién le interesa terminar con la división chauvinista entre la clase obrera turca y kurda y quién es el terrorista. Es el Estado turco capitalista, y no es posible democratizarlo. El ajuste de cuentas con el Estado turco debe tener ese punto de partida.

¿Paz? ¡Sí! ¡Pero no habrá paz con el capitalismo!

La consigna central del acto del 10 de octubre fue la “paz”. No dudamos en lo más mínimo de la honestidad del anhelo de paz por parte de los trabajadores y los luchadores. Los militantes asesinados participaron en el acto en búsqueda de la “paz”. Encontraron el mismo destino que los otros asesinados en Suruc, Diyarbakir, Cizre. La respuesta bárbara del gobierno turco a la demanda por la paz ha sido siempre la masacre. Tan solo en los últimos tres meses se asesinaron cientos de activistas para que Erdogan se pueda quedar con su poder.

Ahora los políticos burgueses y las fuerzas liberales enfatizan que tomarían responsabilidad para darle fin a ese caos. Son los mismos sectores que en la crisis económica presentaron al AKP como alternativa para salir de la crisis. La historia nos enseña que la “toma de responsabilidad” por parte de la burguesía solo lleva a la desmovilización y a reconsolidar su dominio.

La guerra empezó con el Estado turco y con Erdogan. No hay salida progresiva a esa guerra sin la destrucción del Estado capitalista. La respuesta a la cuestión de la paz está en la unidad revolucionaria de la clase obrera turca y kurda. Es que es el Estado turco y la burguesía impulsan la opresión nacional, la precarización y el chauvinismo, y por eso tienen responsabilidad por los atentados.

Hoy los trabajadores y los oprimidos debemos preparar juntos una huelga general política indefinida, con un programa que ligue las demandas democráticas urgentes con medidas sociales y políticas de transición y que plantee la cuestión del poder. Un primer paso en ese sentido podrían ser comités en las fábricas y empresas, en las escuelas y universidades, que lancen una campaña nacional por la dimisión y castigo a todos los responsables políticos, así como la liberación de todos los activistas kurdos y de izquierda. Al mismo tiempo, es vital construir organizaciones de autodefensa para proteger las manifestaciones, las sedes partidarias y los barrios.

Como decía Lenin hace 100 años: “Quien desee una paz firme y democrática, debe pronunciarse en favor de la guerra civil contra los gobiernos y la burguesía”.






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