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DEBATES

El debate sobre la reducción de la jornada laboral y el “capitalismo verde”

La enmienda a los presupuestos para destinar 50 millones a implantar una jornada laboral de 32 horas y 4 días a la semana abre un debate en el parlamento y el gobierno.

Viernes 18 de diciembre de 2020 | 11:08

La propuesta de Mas País, el partido liderado por Iñigo Errejón, de implantar una jornada laboral de 4 días y 32 horas semanales ha abierto el debate dentro y fuera del gobierno. Tanto Pablo Iglesias como Yolanda Díaz han calificado la propuesta como “interesante” y que la están estudiando, pero la emplazan al dialogo con la patronal. A su vez, el ministro del PSOE José Luis Escrivá, asegura que no es el momento para debatirlo, aludiendo a que España no tiene buenos niveles de productividad y competitividad. El secretario de Estado de Empleo y Economía Social, Joaquín Pérez, reconoció que el debate sobre el tiempo de trabajo es “el gran debate", pero debe abordarse en una futura ley y no en los Presupuestos.

Desde la patronal, el presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, declaró que es algo que tienen que negociar entre empresas y sindicatos, pero rechaza que sea el momento de abrir estos temas. El gobernador del Bando de España, Pablo Hernández de Cos, pide analizar los posibles efectos sobre el empleo y la productividad antes de adoptar esta medida.

A los sindicatos les ha pillado la propuesta de esta medida por sorpresa. Se suman tímidamente a reabrir el debate sobre la jornada de 40 horas. Apunta Carlos Gutiérrez secretario de Juventud y Nuevas Realidad de Trabajo de CCOO que “ha pasado mucho tiempo y la productividad ha aumentado de forma notable, lo que hace posible abrir el debate de su reducción”. Pepe Álvarez, secretario de UGT, plantea impulsar una jornada de cuatro días al que se suma uno más para formación.

Históricamente, los grandes medios de comunicación al servicio de la gran burguesía han rechazado cualquier medida de reducción de la jornada laboral echando el grito al cielo y pronosticando la caída de la economía. Por esto mismo, cabe esperar una contracampaña de la derecha y la burguesía reaccionaria en caso de que finalmente este debate se abra a toda la sociedad.

Sobre Reformismo y maquillaje

Está propuesta de Mas País está argumentada en clave de capitalismo verde, aludiendo al aumento de la productividad de las empresas y a su vez disminuyendo la contaminación al hacer menos trayectos al lugar de trabajo. No es nuevo que desde el Congreso los grandes olvidados siempre seamos la clase trabajadora, y esto demuestra, una vez más, que Mas País es un partido de la burguesía “progre”, como ya vimos con el apoyo a la operación Chamartín.

Es hora de revindicar que nuestro tiempo libre y nuestros seres queridos deben estar en el centro de nuestras vidas, y no son solamente una mera distracción entre una jornada laboral y otra. Para la patronal nuestra vida social siempre queda en un segundo plano porque solamente somos mano de obra barata para sus intereses empresariales.

La reducción de días laborables, si bien podría ser moderadamente beneficiosa, es ecológicamente insuficiente e insustancial, y planteada de esta forma, supone la culpabilización de la clase trabajadora por la contaminación del transporte, y a su vez, sin cuestionarse ni el modelo productivo contaminante del capitalismo ni el modelo centralista e ineficiente del transporte público.

La necesaria organización de lxs trabajadorxs para avanzar en la conquista de derechos ha quedado secuestrada por la burocracia de los grandes sindicatos, que parecen cómodos negociando con la patronal y el gobierno progresista nuevas medidas de maquillaje para mantener la paz social mientras piden en redes sociales lo que no han luchado en las calles ni convocando huelgas generales.

Reducción de la jornada, para qué y para quién

La enmienda de reducción de jornada laboral, planteada por Mas País, es insuficiente y con un objetivo productivista que no es válido para la clase trabajadora, pero es necesario abrir el debate sobre cómo debemos afrontar esta reducción sin que perjudique a lxs trabajadorxs.

Para afrontar los grandes problemas que han atravesado a la clase trabajadora del Estado español necesitamos un cambio estructural del modelo productivo y de consumo. No es suficiente con disminuir la jornada a 32 horas semanales, sino que debemos tender siempre al reparto del empleo entre todxs lxs trabajadorxs sin afectar al salario, con lo que crearíamos millones de puestos de trabajo en todos los sectores.

A su vez, debemos combatir la precariedad laboral, prohibiendo los contratos temporales, las ETTs, los contratos basura y cualquier mecanismo de precarización del trabajo asalariado. Acabemos también con las miserables becas y contratos basura para la juventud. También debemos derogar las leyes de extranjería y acabar con el trabajo “en negro” al que están obligados a aceptar lxs migrantes “sin papeles” para poder subsistir y llevarse un pan a la boca.

Uno de los problemas a los que nos enfrentamos como trabajadorxs es la acumulación de beneficios por parte de la patronal. Las organizaciones de trabajadorxs debemos cuestionarnos a costa de quien, y de qué obtienen esas ganancias, para posteriormente exigir la disminución de la jornada laboral sin perder salario y que sea suficiente para el coste de la vida. Enfrentarnos al sistema económico es algo que no podemos esperar desde un parlamentarismo burgués que lo único que nos pueden ofrecer son medidas tímidamente reformistas recibidas con un rechazo brutal por los partidos reaccionarios y sus medios de comunicación.

Ecológicamente insostenible

La medida, también defendida por el diputado Eduardo Rubiño en la Asamblea de Madrid, pretende tener un tinte verde, pero en el trasfondo no lo es. Disminuye el desplazamiento al trabajo en un día a la semana de una persona y su consumo energético, pero a su vez, al crear nuevos puestos de trabajo para cubrir ese tiempo que no se realiza, aumentaría la cantidad de trayectos, por lo que los desplazamientos netos aumentarían.

Para que nuestro modelo productivo sea más ecológico es vital descentralizarlo, no cargando la gran parte de este modelo en las grandes ciudades y repensar el modelo de ciudad tendiendo a estructuras más sostenibles. Debemos rediseñar el transporte para que no dependa totalmente de Madrid capital y que, a su vez, se nutra de energías mayoritariamente limpias.

A esto debemos sumar otras medidas de calado como favorecer el consumo de proximidad, aumentar la producción de energías limpias, eliminar la obsolescencia programada, realizar una buena gestión de los recursos naturales y acabar con la industria de la ganadería intensiva entre otros, para lo cual habrá que enfrentar a las multinacionales y sus gobiernos.






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