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El desastre ambiental en Ohio y la responsabilidad del gobierno de Joe Biden

Solo unos meses después de que el presidente Joe Biden y el Congreso prohibieron a los trabajadores ferroviarios hacer huelga por las peligrosas condiciones laborales, se ha producido exactamente el tipo de desastre que predijeron los trabajadores. El destino de East Palestine, un pequeño pueblo en el estado de Ohio, debe ser un llamado de atención para que los movimientos laborales y climáticos luchen por la nacionalización de los ferrocarriles bajo el control de los trabajadores.

B. C. Daurelle

Miércoles 15 de febrero
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Foto: imágenes de la nube provocada por el incendio químico en el descarrilamiento de un tren en la ciudad de East Palestina, Ohio.

En la noche del 3 de febrero, 50 de los 150 vagones de la formación del tren de carga de Norfolk Southern (NS) descarrilaron cerca de la pequeña ciudad de East Palestine, Ohio, a mitad de camino entre Youngstown y Pittsburgh, ciudad del estado de Pensilvania. Diez de los vagones descarrilados transportaban materiales peligrosos, incluido cinco llenos de cloruro de vinilo, un material altamente explosivo. Minutos después del descarrilamiento, las llamas envolvieron el lugar del accidente.

Los residentes de East Palestine capturaron imágenes del incendio químico, a más de una milla de distancia mientras se evacuaba toda la ciudad.

Los restos se quemaron durante tres días antes de que las cuadrillas de emergencia pudieran realizar una quema controlada de los tanques de cloruro de vinilo para mitigar el riesgo de una explosión mucho más masiva. Sin embargo, el incendio liberó una columna tóxica que fue visible hasta en las imágenes del satélite meteorológico. El radio de la zona de desastre es de aproximadamente una milla y abarca la totalidad de East Palestine.

Si bien los trabajadores lograron evitar una explosión más desastrosa, la empresa Norfolk Southern, el gobierno de Joe Biden y los empresarios son los responsables en última instancia de esta catástrofe totalmente prevenible. La vida silvestre y el ganado ya están muriendo por los químicos liberados en el accidente; se les dice a los residentes que regresen a la zona de lluvia radiactiva mientras el aire permanece irrespirable; los monitores han detectado sustancias químicas peligrosas en pozos y vías fluviales locales.

A partir de los ejemplos de desastres industriales similares como Bhopal (en 1984 en la región de Bhopal, India, una fuga al aire libre de isocianato de metilo en una fábrica de plaguicidas dejó más de 25000 muertos​ y 500000 heridos) y Hawk’s Nest (fue un desastre a gran escala en la primera mitad de la década de 1930, como resultado de la construcción del túnel Hawks Nest cerca del puente Gauley, en Virginia Occidental), podemos esperar que el impacto ambiental y en la salud pública del descarrilamiento en East Palestine dure décadas.

Una de las raíces de este desastre es la explotación de los trabajadores que hacen funcionar los ferrocarriles, explotación que los políticos y los medios de comunicación se esfuerzan por evitar mencionar. [El presidente Joe Biden, quien anuló la huelga ferroviaria a instancias de los pedidos de los grandes empresarios, no ha dicho ni hecho nada para abordar una catástrofe que amenaza la salud de cientos de miles de personas. Por nuestra salud y el bien del planeta, debemos enfrentar las prácticas explotadoras y desastrosas en los ferrocarriles de carga, sobre las cuales los trabajadores ferroviarios nos han estado advirtiendo durante años.

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Este sector de trabajadores estaba listo para hacer huelga contra estas condiciones laborales en 2022, y ahora sus terribles predicciones sobre la situación de los ferrocarriles se han hecho realidad en forma de una columna tóxica de una milla de altura sobre East Palestine y agua contaminada que se extiende por todo el medio oeste de Estados Unidos.

No hay “accidentes”

Como todos los “accidentes” de esta naturaleza, este desastre muestra claramente cómo el capitalismo causa estragos simultáneamente tanto en los trabajadores como en la naturaleza. Cada vez que ocurrieron desastres industriales en el pasado, son los trabajadores los que piden más cambios, pero sus advertencias casi siempre caen en oídos sordos. En el período previo a la votación de la huelga ferroviaria del año pasado, muchos trabajadores del sector dejaron en claro que un desastre como el actual era inevitable producto de sus condiciones laborales.

El sistema operativo que ha convertido a los ferrocarriles de carga más grandes (Clase I) en una “máquina de hacer dinero”, para los accionistas de las empresas ferroviarias, se llama Precision Scheduled Railroading (PSR según las siglas en inglés de Precisión programada de ferrocarriles), un conjunto de técnicas de gestión instituidas por primera vez a principios de la década de 1990. Las empresas ferroviarias presentan la PSR como un medio científico para aumentar la eficiencia; pero, como todas los avances tecnológicos bajo el capitalismo, de hecho se usa para exprimir más ganancias a corto plazo, precarizando a los trabajadores y afectando a la naturaleza, sin pensar en las consecuencias. El PSR es responsable del deterioro de las condiciones de seguridad en los ferrocarriles de carga y el aumento resultante en el número de descarrilamientos, por eso las demandas centrales de los trabajadores que votaron por la huelga eran esencialmente poner fin al PSR .

A primera vista el sistema PSR suena razonable: hacer funcionar trenes programados regularmente en distancias más largas en rutas estratégicas, para reducir el costo y la demora asociados con mover los vagones del tren en los “patios” (playas de maniobra) ubicados en paradas intermedios. En teoría, esto lleva a que los vagones de tren cargados de mercancías pasen menos tiempo parados en patios o apartaderos, acorta los tiempos de envío y reduce los costos. En la práctica, ha permitido a los patrones aplastar y disciplinar a los trabajadores, distribuir miles de millones en recompras de acciones, todo mientras envía a los ferrocarriles de carga un inevitable desastre. El dinero desviado hacia la recompra de acciones de las empresas ferroviarias es dinero que no se destinará a refaccionar el deterioro de la infraestructura, la reducción de la capacidad ferroviaria y la competitividad de los rieles con los camiones de larga distancia. Claramente, el sistema PSR no es en realidad una forma de operar un mejor y más confiable servicio de trenes, solo es una reducción de la mano de obra necesaria.

Para los trabajadores en tierra el PSR se parece a dos cosas: trenes enormemente largos y tripulaciones de trenes más pequeñas. Estos mega trenes son fundamentalmente incompatibles con el sistema de vías, señales, cambios, apartaderos y patios de estacionamiento en los que circulan, que fueron diseñados para trenes de la mitad del tamaño actual. A medida que aumenta el número de vagones, también aumenta el riesgo de descarrilamiento, ya sea por la mayor posibilidad de que un vagón del tren falle -como parece haber ocurrido en East Palestine- o porque la diferencia de peso y de impulso entre los vagones pueda causar un choque durante el frenado.

Para empeorar las cosas, el PSR “permite” que los ferrocarriles asignen menos tripulantes por tren. La industria ferroviaria de carga eliminó el 25 por ciento de su fuerza laboral entre 2017 y 2021, citando la mayor eficiencia del sistema PSR, pero los trabajadores restantes están bajo una presión cada vez mayor para completar las inspecciones de seguridad más rápido y con menos frecuencia. Los mega trenes solo pueden tener una tripulación de dos personas durante un turno de 12 horas, a menudo durante la noche y con un clima extremo, todo bajo vigilancia constante de la empresa.

Estos trabajadores están literalmente siempre de guardia: se les puede llamar para presentarse a trabajar con un aviso de tan solo cuatro horas antes en cualquier momento, sin licencia por enfermedad pagada y con un arduo proceso para solicitar licencias. Por lo tanto, a medida que los trenes se vuelven más largos y peligrosos, a los gerentes de los ferrocarriles les está faltando personal y tienen equipos con exceso de trabajo. Biden, los miembros del Partido Demócrata (incluida Alexandria Ocasio-Cortez y la mayoría del “Escuadrón”) y el Republicano en el Congreso, votaron para forzar un contrato sin licencia por enfermedad paga, y mucho menos las medidas de seguridad en el sistema PSR que exigían los trabajadores.

¿Y quién paga el precio de esta “eficiencia” cuando ocurre lo inevitable? La disminución de los estándares de seguridad puede tener consecuencias mortales para las tripulaciones de los trenes y para ciudades enteras, como sucede hoy en East Palestine. Las condiciones de seguridad y control de los trabajadores sobre esas condiciones, están directamente relacionadas con la seguridad de la población de innumerables ciudades a lo largo de la red ferroviaria. Como escribió un trabajador ferroviario en una carta de febrero de 2022 implorando a la Junta de Transporte de Superficie que hiciera cumplir las normas de seguridad y pusiera fin al PSR:

Los accionistas “tiran los dados” con las comunidades, las ciudades y el medio ambiente a diario. Ellos no viven aquí. Los trenes han más que duplicado su longitud. Imagine un tren de 16,400 pies (4998 metros) de largo que pesa 17,500 toneladas. Un tren y está transportando materiales peligrosos, tanques de, por ejemplo, cloro gaseoso o amoníaco anhidro.

Otro escribió sobre el estado de angustia mental que desencadena la imposición del sistema PSR incluso en trabajadores experimentados:

Esperar esa llamada para hacer funcionar un tren PSR de casi 5000 metros es terrible: todos sabemos lo que puede pasar en cualquier momento. Le espera una palidez de pavor de 12 a más de 17 horas. Estos trenes aún no son lo suficientemente grandes para la (empresa) transportista.

Aunque los reguladores federales de carga entienden los peligros de las prácticas operativas actuales, han sido poco estrictos en su intento de ponerles fin o incluso mitigarlos. La Junta Nacional de Seguridad en el Transporte (NTSB) y la Administración Federal de Ferrocarriles (FRA) han descartado las normas propuestas que modernizarían la infraestructura ferroviaria anticuada del país, lo que podría haber disminuido la gravedad del desastre de East Palestina. Parcialmente en respuesta a un descarrilamiento similar en Nueva Jersey en 2012 que liberó unos 87000 litros de cloruro de vinilo, el mismo químico tóxico que se incendió en el accidente actual, la administración del expresidente Barack Obama propuso nuevas reglas para actualizar el sistema de frenos que era de la Guerra Civil estadounidense. El requisito de equipar los trenes con frenos neumáticos controlados electrónicamente (ECP) se diluyó rápidamente a través del cabildeo, por parte de la empresa y otros, hasta que la administración del expresidente Donald Trump lo descartó. El gobierno actual de Joe Biden no ha intentado revivirlo.

Los trabajadores han estado haciendo sonar la alarma sobre desastres como el que se vivió estos días en Ohio, pero la seguridad de los trabajadores, las comunidades y el impacto ambiental no es la preocupación de los capitalistas. El costo de una demanda, limpieza o pago ocasional son apenas monedas comparado con las ganancias inesperadas que han visto desde la implementación del PSR. La empresa Norfolk Southern recompró 10 mil millones de dólares en acciones en 2022, pero solo pudo hacer una "donación" de 25000 dólares a East Palestine, solo 5 dólares por residente.

Los trabajadores deben controlar el sistema ferroviario

Cuando los trabajadores ferroviarios votaron ir a la huelga en 2022, lo hicieron para terminar con el sistema PSR tal como lo conocemos. Al aplastar la huelga e imponer un contrato de manera antidemocrática, el presidente Joe Biden, el Partido Demócrata y el conjunto del Congreso se pusieron del lado de los empresarios, asegurando que el PSR continuaría como está, casi garantizando que desastres como el East Palestina ocurriera.

La mínima concesión de unos días de licencia por enfermedad, incluso si se hubiera aprobado, no habría abordado las preocupaciones centrales de los trabajadores: necesitan horarios normales, infraestructura segura y modernizada, y personal sostenible. Necesitan acabar con los trenes de miles de metros de largo y 35 millones de toneladas que bloquean el tráfico durante horas porque no caben en los apartaderos. La escala de este desastre y las fallas estructurales que lo sustentan dejan en claro que los capitalistas no deberían estar a cargo de este sistema. Los trabajadores de los ferrocarriles comprenden mejor los costos y beneficios interrelacionados de las decisiones de planificación, operación y gestión. Los trabajadores entienden los riesgos ambientales; viven en las comunidades que experimentan las consecuencias de primera mano; están en la primera línea de los accidentes y las peligrosas limpiezas que siguen ¿No deberían decidir cómo tienen que funcionar los ferrocarriles?

Junto con evitar futuros desastres, una gran inversión en la capacidad y el alcance del transporte ferroviario de mercancías es un requisito previo de cualquier plan serio de descarbonización, ya que el envío de mercancías incluso con las locomotoras diésel más sucias emite muchísimo menos gases de efecto invernadero que el transporte en camiones por carretera. Bajo el control obrero, las inversiones en infraestructura y prácticas modernizadas que los trabajadores saben que mejorarían el rendimiento, la confiabilidad y la velocidad podrían usarse para aumentar la capacidad del ferrocarril para mover bienes y personas sin sacrificar la seguridad.

Esta demanda no debe ser tomada sólo por los trabajadores ferroviarios: a medida que los productos químicos tóxicos se instalan en East Palestine luego del descarrilamiento, está claro que el movimiento ambiental debe tomar como propio el reclamo de los trabajadores del transporte ferroviario y otras industrias estratégicas.

Luego de la imposición del presidente Biden impidiendo la huelga, los ferroviarios y muchos sectores de la izquierda pidieron la nacionalización de los ferrocarriles. Los ferrocarriles son una herramienta fundamental en la lucha por descarbonizar el transporte; deben ser expropiados a los capitalistas con urgencia. En sus esfuerzos recientes para exprimir a los trabajadores ferroviarios y anular la regulación, los empresarios han demostrado que no están interesados ​​en hacer que los trenes sean más seguros o más sostenibles. A pesar de que los ferrocarriles han sido despojados de gran parte de su valor, no hay razón para pensar que sus propietarios los abandonarán sin luchar. Los trabajadores deben prepararse para la lucha y la huelga para nacionalizar los rieles.

Para lograr verdaderas victorias para los trabajadores y el clima, la nacionalización significa poner los ferrocarriles bajo el control de los trabajadores que los hacen funcionar., no en manos del gobierno que impidió la huelga. El presidente Joe Biden, pero antes Trump y otras administraciones, han demostrado repetidamente que no están del lado de los trabajadores o las comunidades. Se han mantenido del lado de los empresarios ignorando las advertencias y demandas de los trabajadores.

Los Demócratas y los Republicanos tienen diferencias, sin duda, pero ambos son partidos del capital. Incluso el presidente Joe Biden, que se presentan como a favor de los derechos laborales, no dudó en romper una huelga que representa una amenaza para las ganancias capitalistas: es por eso que los ambos partidos se unieron para imponer un contrato cuando los trabajadores amenazaron con cerrar los rieles.

Los trabajadores ferroviarios, el movimiento ambientalista y el movimiento sindical deben organizarse y hacer huelga juntos para construir un poder independiente capaz de arrancar el capitalismo de raíz, utilizando las herramientas de la clase trabajadora, con pleno conocimiento de que cualquier administración tanto del Partido Demócrata como del Republicano actuarán en favor de los capitalistas que representan. Las reformas como las normas de seguridad y las licencias por enfermedad pagadas son demandas necesarias para los trabajadores y se debe luchar por ellas, sin ceder ni un ápice de terreno, y deben ser los cimientos de una lucha por el poder que tienen los trabajadores sobre lo que mueven y cómo lo mueven. Solo cuando los trabajadores, que están en la primera línea de las respuestas a los desastres ambientales, tengan el control, podremos evitar desastres como el de East Palestine.


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