SUPLEMENTO

“El feminismo tiene que posicionarse contra el capitalismo y el racismo”

ENTREVISTA A PASTORA FILIGRANA

“El feminismo tiene que posicionarse contra el capitalismo y el racismo”

Josefina L. Martínez

Conversamos sobre los desafíos de un feminismo anticapitalista, la lucha de las temporeras de la fresa de Huelva, y acerca de las conexiones profundas entre racismo y capitalismo.

Pastora Filigrana (Sevilla, 1981) es abogada laboralista, especialista en Derecho Laboral y Derecho de Extranjería. Tiene una maestría de Derechos Humanos, Interculturalidad y Desarrollo por la Universidad de Pablo Olavide de Sevilla y es una reconocida activista antirracista, miembro del Sindicato Andaluz de Trabajadores y Trabajadoras (SAT), feminista anticapitalista y mestiza gitana. Escribe habitualmente en varios medios de comunicación sobre temas de feminismo, migraciones y luchas sociales.

Nos encontramos en Sevilla, cerca de los juzgados donde trabaja cada día, y conversamos sobre los desafíos de un feminismo anticapitalista, la lucha de las temporeras de la fresa de Huelva, y acerca de las conexiones profundas entre racismo y capitalismo.

Existen grandes debates al interior del feminismo sobre las vías para la emancipación de las mujeres. Tu planteas la necesidad de un feminismo antirracista y anticapitalista, ¿cómo se expresa hoy?

Antes que nada, siempre es importante saber de qué estamos hablando cuando hablamos de feminismo. Si feminismo es la igualdad de las mujeres respecto a los hombres para el acceso a los bienes básicos para la vida en el mundo entero, y para siempre, entonces no podemos hablar de feminismo si no hablamos de anticapitalismo y antirracismo. Es difícil no cuestionar cómo funcionan las cosas si queremos igualdad en el acceso a los bienes para la vida.

Yo reto a alguien que se anuncie como feminista liberal a que explique cómo, dentro de estas reglas de juego socioeconómico, que vienen despojando de bienes materiales a dos tercios de la humanidad, se puede garantizar la igualdad a todas las mujeres del mundo. Si vemos las cifras de pobreza y exclusión, y especialmente la alarmante feminización de la pobreza, difícilmente se puede hablar de igualdad de las mujeres sin cuestionar el reparto de la riqueza y del trabajo en el mundo.

Además de estos condicionamientos generales, que implican que no hay igualdad real para la mayoría de las mujeres y la población mundial, el capitalismo articula de forma especial las cuestiones de la explotación y la opresión de las mujeres para su propio beneficio.

Claro, la realidad es que el sistema necesita que el trabajo de las mujeres valga menos. El sistema necesita explotar vidas, necesita que mucha gente tenga que trabajar a cambio de un salario y con este salario sobrevivir en el mercado. Y además necesita que los salarios sean más altos o bajos, dependiendo del cuerpo y el territorio que habita la persona que vende su fuerza de trabajo. Estas cuestiones son marxismo básico, pero las necesitamos para explicar lo que está pasando. El trabajo de las mujeres vale menos. El salario de las mujeres vale menos. Y para las mujeres que no viven en occidente, en lo que llamamos los países occidentales, o para las mujeres que no cumplen el canon blanco occidental, su salario aminora aún más. Si no entendemos esta jerarquía con la que el sistema está ordenando el mundo difícilmente vamos a poder hacer una propuesta de cambio.

Cuando el feminismo aboga por un cambio real yo entiendo que tiene que posicionarse contra el capitalismo y contra la ordenación de los cuerpos en el mundo, dependiendo de la raza y del territorio. Por eso necesitamos hablar de un feminismo anticapitalista y de un feminismo antirracista.

Tu trabajas mucho la situación de las temporeras marroquíes de la fresa en Huelva, ¿cómo se combinan los mecanismos de la explotación, el racismo y las relaciones patriarcales allí?

Esto que te voy a contar es la misma hipótesis que está en vuestro libro, con el ejemplo de la fresa de Huelva. [1]. Allí hay una gran explotación de la tierra, con la plantación de frutos rojos, y hubo una innovación tecnológica en los años 90, que fueron los invernaderos plásticos. Eso y otra serie de insumos hacen que la tierra pueda dar más, que la tierra de muchísima producción en muy poco tiempo. ¿Qué ocurre entonces? La patronal se hace rica de golpe, los que tenían pedazos de tierra que eran pobres, que no tenían un gran valor, con esta innovación tecnológica de repente se hacen millonarios.

Allí durante cuatro meses la tierra empieza a echar frutos de manera descomunal —estamos hablando de toneladas y toneladas en una comarca—, y se necesitan muchísimas manos para recoger esa fruta. El marxismo explica que para que un patrón tenga mayor ganancia, solo tiene dos variables, la innovación tecnológica o el abaratamiento del salario. La innovación tecnológica llega a su techo, porque la mata de la fresa es un arbustito donde hay que recoger la fruta a mano. ¿Cuál es la única variable que tiene la patronal para ganar más? Abaratar lo máximo posible el salario. ¿Y como se abarata, en este sistema que es patriarcal y racista, el salario? Yendo a buscar a la gente que más lo necesita, las personas más pobres, que en su mayoría son mujeres y que no son blancas, que pertenecen al sur global.

¿Las patronales empiezan en esos años a promover una llegada masiva de mano de obra extranjera para estos sectores económicos?

No toda la mano de obra es extranjera, hay mano de obra autóctona, pero ellos tienen mucho interés en mano de obra extranjera porque es más barata. En los años 2000 empezaron con el experimento de la Ley de extranjería, y a traer mujeres de europea del este. Pero en el 2006 cambió, y empezaron a traer mujeres marroquíes.

Y aquí hay un debate de por qué. En el terreno lo que dicen es que las polacas y las rumanas eran querían salir a bailar, exigían derechos y después se quedaban. ¿Qué inventan entonces? El contrato con Marruecos, porque las mujeres musulmanas ellos prevén que van a ser menos conflictivas, más sumisas. Y otra cosa claramente patriarcal, porque ligan el contrato de trabajo al contrato marital. Prevén que son más sumisas porque se les exige que tengan hijos, familias a cargo, en su país de origen, y que sean casadas o viudas para poder venir a España, porque una de las formas de explotación laboral es la amenaza con la familia de origen. La doble explotación de la mujer, tanto en el contrato laboral como en el contrato marital, aquí se mezcla, de una manera evidente. Son mujeres de zonas rurales, entre 18 y 45 años, y todas deben tener hijos a cargo.

Están buscando los perfiles más explotables, porque la explotación fresera es un trabajo durísimo, se paga poco, es el convenio más pobre. La posibilidad de conflictividad sindical es altísima allí. ¿Cómo puedes hacer que la conflictividad baje? Buscando a la gente más vulnerable. Y lo que ocurre allí es de manual. Van buscando ese perfil más vulnerable: mujer, pobre, racializada, musulmana, hija de la colonia.

Estos mecanismos de diferenciación laboral y salarial no se limitan a las temporeras. Hay disponible en los campos otra mano de obra migrante en condiciones en extremo precarias…

La otra gran bolsa de explotación es toda esa población migrante que no viene con contrato en origen, migrantes en su mayoría subsaharianos. Es la gente que vive en los asentamientos chabolistas. El convenio del campo obliga al patrón a darles alojamiento aparte del salario, si provienen de fuera del municipio, pero esto se incumple de manera total y las administraciones públicas no actúan. Cualquiera que vaya a Lepe puede ver los campamentos de chabolas, y en los próximos cuatro meses se van a ir llenando más.

Yo mantengo que esto también es un interés de la patronal, porque es una mano de obra vulnerable, muy necesitada de salario. Gente que no tiene ni para ducharse, no tienen agua corriente accesible, con insectos, enfermedades. El convenio es de 39 euros el jornal, pero a esa gente le dicen que les van a dar 15 euros y es más fácil que lo acepten que gente que viene de su casa, que vive en un pueblo.

Hay ciertos discursos de las ONGs o los gobiernos europeos sobre las personas migrantes que solo se refieren a los refugiados, que invisibilizan estas condiciones de superexplotación como si fueran marginales. Pero en realidad forman una parte importante en la economía de los países imperialistas europeos, ¿no?

Te estoy poniendo el ejemplo de la fresa porque ahí todo se concentra, el racismo y el machismo de la mano del capital sin complejos retóricos.

Una parte de la economía española es la producción de materias prima del campo, desde Valencia a Andalucía e incluso en el norte. Es uno de los motores de la economía española y en Andalucía la principal actividad es la agricultura.
Esto está cayendo fundamentalmente en trabajadores invisibles y super explotados, que es la población migrante. Pero además es una población flotante, nómada, son los temporeros, que se van moviendo de campaña en campaña y con unas condiciones de vida que se repiten, con estos asentamientos que proliferan alrededor de las grandes plantaciones.

Las migraciones las asociamos como tu decías a alguien que hay que “asistir” como el refugiado, y aparece la idea de que “nos va a costar dinero a los españoles”. Sin embargo, estamos hablando de que una parte importante de la población migrante, por lo menos una parte específica como es la migración subsahariana, esta levantando uno de los pilares de lo que es la economía básica y de una manera sobre explotada.

Desde los sindicatos mayoritarios se considera esta cuestión como si fuera algo ajeno a los problemas laborales… ¿Cuál es tu visión, como abogada laboralista y militante sindical?

Es una invisibilización absoluta, como que no existen. Y estamos hablando de miles de personas que se mueven en el Estado español, sin vivienda prácticamente, casi todo el año, durmiendo debajo de puentes y en chabolas para trabajar en el campo, pero no es una campaña, son formas de vida de miles de personas.

Las nuevas formas de explotación del trabajo con el neoliberalismo se les están escapando a las máquinas caducas que tenemos, que son los sindicalismos tradicionales. Yo soy sindicalista y muy comprometida, además, pero soy consciente de las deficiencias que tenemos, porque no hay una capacidad de organizar esta fuerza laboral. Lo mismo ocurre con las trabajadoras inmigrantes del servicio doméstico, ¿Cómo sindicamos a las trabajadoras que están internas? ¿Cómo sindicamos a las trabajadoras marroquíes que están en las fincas por cuatro meses? ¿Cómo sindicas a los de Globo que no tienen ni siquiera un lugar de trabajo? Estos son desafíos del sindicalismo del siglo XXI. El reto que tenemos es reinventar las máquinas de guerra.

Estos días estamos viendo en la frontera turco-griega una feroz represión a los refugiados, algo avalado por todos los gobiernos de la Unión Europea, definida por muchos como una Europa fortaleza. El gobierno español se presenta como progresista, pero en las políticas migratorias mantiene las mismas líneas reaccionarias que la UE. ¿Qué piensas de esto?

El otro día un funcionario decía que dentro de diez años la mitad de la población activa va a estar jubilada. ¿Quién va a cubrir esto?, preguntaba. Entonces decía que lo que hay que hacer es una emigración ordenada, según las necesidades de la economía española. Esa es la retórica de toda política de extranjería europea: una migración ordenada, dependiendo de las necesidades del mercado.

Claro, la primera contradicción es que, con el neoliberalismo, en la mayor parte del mundo la vida no puede sostenerse, y se producen movimientos migratorios empujados por una violencia estructural, por guerras, por disposición, por hambrunas. Entonces hay dos realidades enfrentadas, sus necesidades de mercado, y las necesidades de un montón de gente de sobrevivir. ¿Cómo van a sostener esto sin salirse de los marcos del cumplimiento de los derechos humanos? La respuesta es que no se puede. Eso es lo que estamos viendo en Grecia estos días, eso es lo que estamos viendo en la frontera sur, con la externalización de fronteras, lo que vemos también en la frontera de México con Estados Unidos

No se puede resolver la cuestión migratoria con el único eje de ordenar de acuerdo con las necesidades del mercado que recepciona la mano de obra migrante, dentro del cumplimiento de los derechos humanos. Es una falacia. Y yo creo que esto evidencia la crisis de este sistema capitalista. ¿Cómo lo van a resolver? A tiros con los refugiados, o con vallas, o con la última sentencia de Estrasburgo [avalando las deportaciones en caliente].

No nos podemos olvidar nunca que la política de extranjería es una política de regulación y estratificación de mano de obra, para que una mano de obra sea más barata que otra, porque el capitalismo lo necesita. Muchas veces se tratan estas cuestiones desde un punto de vista muy asistencial, pero que no se nos olvide que lo que están haciendo es una ordenación de la mano de obra en el mundo, con las leyes de extranjería. Y esa mano de obra que necesitan, quieren una parte regularizada, y otra gran parte, sin papeles, porque el miedo para ellos es productivo. El miedo abarata costes salariales, por eso buscan una población muy vulnerable, y el hecho de no tener papeles y ser clandestino es un abaratamiento de tu fuerza de trabajo.

Muy pronto, Editorial Akal publicará tu libro sobre el pueblo gitano y las persecuciones que ha sufrido en los últimos siglos, también en relación con la historia del capitalismo. Esperamos con ganas el libro, pero ¿nos adelantas alguna de tus hipótesis?

No puedo dejar de mirar el tema feminista y antirracista desde el salario y en el libro que he escrito sobre la población gitana lo que planteo es esto: la persecución histórica del pueblo gitano como una forma de regulación de mano de obra. Porque se resistía a ser una mano de obra barata y servicial. Toda la legislación de persecución les exige que tomen oficios conocidos y que trabajen para un señor feudal, que no anden juntos, que no tengan comunidades grandes, que no vaguen, que no sean nómadas, y que vendan su fuerza de trabajo al dueño de la tierra o de los medios de producción. Toda la regulación antigitana es eso, durante 500 años. Y es una ley de extranjería también, donde el discurso racista forma parte de la estrategia. Y el racismo está unido a esta necesidad del capitalismo. Eso lo escribes tú también. De hecho, si no me estuvieras haciendo esta entrevista tú, te citaría.

Las dos nos reímos. Seguirmoes esta conversación otro día.

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NOTAS AL PIE

[1Josefina Martínez y Cynthia Luz Burgueño, Patriarcado y capitalismo, Akal, 2019, Madrid
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Josefina L. Martínez

@josefinamar14
Nació en Buenos Aires en 1974, vive en Madrid. Es historiadora (UNR). Coautora del libro Patriarcado y capitalismo (Akal, 2019), autora de Revolucionarias (Lengua de Trapo, 2018), coautora de Cien años de historia obrera en Argentina (Ediciones IPS). Escribe en Izquierda Diario.es, CTXT y otros medios.
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