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DESMONTANDO A AMAZON

El fraude de la política de devoluciones de Amazon es una fuente de precariedad y superexplotación

En esta segunda nota de la columna "Desmontando a Amazon", abordamos la política de devoluciones de Amazon, fuente de precariedad y superexplotación

Alonso Domínguez

Repartidor subcontrata de Amazon

Miércoles 14 de abril | 15:35

A grosso modo, la gran imagen que tiene Amazon entre los consumidores se debe a tres características básicas. La primera, el mejor precio garantizado. Cuando Amazon quiere abrirse mercado en algún país, empieza poniendo precios más bajos que sus competidores para atraer a más clientes, aunque ello genere pérdidas (de ganancias).

Una vez se ha hecho hueco, sube los precios haciendo que estos ya no sean tan competitivos. Hace años que en el Estado español, por ejemplo, podemos encontrar los productos vendidos en Amazon más baratos en otros sitios.

La segunda, es la entrega en 24h o en un tiempo muy reducido. Esta política de entregas tiene nefastas consecuencias para el medio ambiente y para los trabajadores de la empresa, pero ese es un capítulo del que hablaremos más adelante.

Por último, la política de devoluciones. Amazon garantiza a cualquier cliente que puede devolver cualquier producto sin especificar el motivo en los siguientes 30 días después de la entrega.

Sin embargo, no es Amazon el que sufre las consecuencias de las devoluciones sino los trabajadores y trabajadoras de las empresas que comercian a través de esta plataforma. Existen dos tipos de negocio. Por un lado, están los proveedores, a los que Amazon les pide que le suministren producto para luego venderlo por su cuenta, y por otro los vendedores, que utilizan Amazon como “market place”, es decir, como plataforma a través de la cual las empresas pueden vender sus productos.

Cualquier empresa o comercio que venda productos a través de Amazon debe aceptar una serie de condiciones de subordinación absoluta entre las cuales están el pago de los productos a los 90 días y aceptar cualquier tipo de devolución. Ambas condiciones juntas adquieren un carácter mucho más abusivo ya que implican que, cuando un cliente devuelve un producto a Amazon, este no se hace responsable y, prácticamente sin filtro alguno, lo devuelve al vendedor o proveedor, descontándole el precio del producto del pago que debe hacerle a los 90 días. Estas desventajosas condiciones de negocio, son “compensadas” por las empresas aumentando la intensidad y la extensión de la jornada laboral de sus trabajadores.

La gran promesa de acceder a un mercado de clientes ilimitados en todo el mundo acaba convirtiéndose en una verdadera pesadilla para muchos comercios y empresas básicamente por tres motivos. El primero es que hasta que Amazon hace el primer pago de los productos, el vendedor o proveedor, tiene que endeudarse hasta que Amazon realice el pago a los tres meses.

En segundo lugar, cuando Amazon devuelve un producto, lo descuenta automáticamente del pago que debía, con lo que el proveedor o vendedor, nunca sabe que cantidad va a recibir con exactitud. Y, en tercer lugar, Amazon no se hace responsable de las devoluciones. Esto significa nada más y nada menos que, cuando un cliente aprovecha la fantástica permisibilidad de Amazon para devolver un portátil poniendo un ladrillo en la caja para simular su peso, Amazon le acepta la devolución y le reembolsa el dinero, mientras se lo descuenta de forma unilateral al comerciante al que le entrega un ladrillo cuando éste le había suministrado un portátil.

Es decir, que el proveedor se endeuda para vender a través de Amazon haciendo cuentas de que en 90 días recuperará el dinero invertido, pero en lugar de ello lo que recibe son ladrillos en lugar del producto que había vendido y menos dinero del que debía recibir.

Estas cuestiones son las que han llevado a distintas empresas y comercios españoles, como Megasur, Saturday Trade, o Inforista y otras, a hacer demandas millonarias por las malas praxis, cláusulas abusivas e impagos del gigante del comercio electrónico. En varias entrevistas, aseguran que, una de las mayores dificultades con las que se encuentra es que cada detalle de cada operación está en una plataforma con un lenguaje que controla Amazon y el empresario no puede descargar esos datos, debe llevar la cuenta en un programa paralelo. En el momento en el que denuncian, Amazon les bloquea la cuenta y ya no pueden entrar y acceder a sus propios datos.

Por supuesto que la feroz competencia entre los capitalistas por el mercado, siempre deja a la clase trabajadora como perdedora. Las empresas perjudicadas por esta política del gigante americano del comercio en la nube, trasladan esas condiciones para mantener sus márgenes de ganancias en precariedad, jornadas interminables e hiperexplotación.

En conclusión, la gran imagen que tiene Amazon debida a su política de devoluciones es un fraude y fuente de precariedad y superexplotación. La imagen de una empresa debida a la política de devoluciones va ligada al esfuerzo (generalmente económico) y garantías que hace la empresa por aceptar los productos que le son devueltos.

Sin embargo, este esfuerzo no corresponde en ningún caso a Amazon, sino a las empresas y comercios que están detrás de él. Amazon aprovecha su situación de poder para imponer esta política de devoluciones a los comercios y empresas y éstas a su vez a hacerlo con su personal asalariado.






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