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TRIBUNA ABIERTA

El holocausto que está por venir

No pensaba escribir sobre los atentados de Barcelona pero, al fin y al cabo, esta es mi ciudad, donde nací y donde he pasado buena parte de los mejores y los peores momentos de mi vida. Supongo que eso la hace mía y me hace suya a mí. Y necesito descargar, y lo voy a hacer aquí.

Martes 22 de agosto de 2017 | 07:41

Foto: @UnitatvsRacisme

En 2011 sufrimos un atentado en el café Argana de Marrakech. Como Barcelona, aquella también es mi ciudad y también parte de mi red afectiva íntima estaban muy cerca del lugar del atentado, como ayer.

Desde ese mismo año, Siria se ha desvanecido, ha sido desangrada, destrozada. No viví nunca allí, pero Siria era como la hermana mayor para muchas de nosotras, el lugar donde nacían los libros que leíamos, donde se hacía la música que escuchábamos. La Siria mítica, ese lugar eterno, al que siempre mirábamos, al que se iba a aprender “árabe de verdad”, como se dice medio en broma, medio en serio. Yo preferí aprender “árabe de mentira”, el marroquí, y soñar con Siria algún día. Una Siria que no puedo dejar de imaginar, como una muerte repentina que no sabes asumir, que no puedes creer.

Iraq también era un hermano mayor. Baghdad, las grandes orquestas de la música clásica, el maqam, el origen de todo.

Todos esos lugares son nuestras casas. No solo donde dejas el sombrero, también donde pones los sueños.

Hace más de 20 años que me obsesiona la islamofobia. Después de vivir una década en Marruecos, en sus barrios populares, en una familia tradicional y amorosa, no entendía la imagen tan distorsionada que teníamos aquí sobre las mujeres marroquíes, sobre el islam, sobre todo ello. No conocí nunca a nadie que respondiese al estereotipo. Para empezar, me niego a nombrar a ninguna mujer del mundo como sumisa. Las mujeres hacemos lo que podemos con nuestras circunstancias. Todas tenemos nuestras formas de resistencia. Había mujeres aliadas del machismo, claro, como Cospedal. Hay cospedales marroquíes. Y hay hombres machistas, como el que busca a Juana Rivas para quitarle a sus hijos. Y hubo infinidad de hombres que se relacionaron conmigo de la forma más cuidadosa, paternal, amistosa y fraterna que podamos imaginar. Y ellos también eran y son marroquíes. Y mujeres feroces, mujeres jabatas, como las de mi familia, que se pelean con el imam de la mezquita de enfrente cuando dice cosas que no les parecen bien.

He sido activista durante muchos años en Red Musulmanas, cuando ni se hablaba de islamofobia ni apenas de feminismo islámico y éramos los bichos raros en todas partes. O demasiado mujeres, o demasiado feministas, o demasiado musulmanas o demasiado poco. Siempre estábamos en exceso de algo. Yo era la única no-musulmana del grupo y, si alguna vez lo problematizaba, las demás se reían de mí. Laura Rodríguez Quiroga usaba una frase: tú hablas musulmán! Y nos reíamos. Nunca me sentí fuera de lugar entre ellas, al contrario, siempre fueron e hicieron de aquel mi hogar también.

Ayer, Miriam Hatibi, barcelonesa y musulmana, decía que ella también era víctima del atentado, también es su ciudad, también tiene aquí a su gente. Pero a ella, además, se la está señalando como culpable. ¿Culpable de qué, exactamente? ¿De ser musulmana? Todos los hombres cis deberían estar pidiendo perdón por este atentado, si las cosas funcionasen así. Porque fueron hombres, aunque decir esto, claro, queda de feminazi. Pero decir lo otro queda hasta bien, señalar a los musulmanes queda hasta valiente.

Valientes como éstos señalaron a Alfred Dreyfus a finales del siglo XIX por ser judío, a pesar de que también era francés. Ese caso fue el principio de todo lo que vino después en Europa: desde el Holocausto hasta el escaqueo de crear el Estado de Israel y hacer pagar a la población palestina por nuestro genocidio. Valientes como estos están hoy reforzando posiciones idénticas a las fascistas, aunque explicadas en post-moderno. Pero igual de fascistas. Valientes como estos nos han metido en esta guerra.

Así que no: hoy no toca analizar sesudamente a los musulmanes, sino la cobardía de quienes los señalan en lugar de mirar el mapa global y entender de verdad qué responsabilidades tiene quién. Y hoy toca decirles a los y las compañeras musulmanas que seguimos aquí. Que no nos van a dividir. Que sabemos que todo esto cala hondo, pero que llevamos años preparándonos, que todo el tiempo que habéis dedicado a enseñarnos qué es la islamofobia no ha sido en vano, que no somos tan permeables, que no nos tragamos cualquier cosa. Y que sabemos que vienen tiempos difíciles, pero seguiremos estando ahí. Hemos aprendido y no nos dividirán.

Cuidaos mucho y que Allah nos otorgue a todxs la paciencia y la compasión.

* Brigitte Vasallo es activista, escritora, investigadora y autora de “Porno-Burka”. Artículo publicado con autorización de la autora.






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