SUPLEMENTO

“El teletrabajo es una desgracia para la clase trabajadora, está destruyendo la salud mental”

ENTREVISTA A RAQUEL VARELA

“El teletrabajo es una desgracia para la clase trabajadora, está destruyendo la salud mental”

Josefina L. Martínez

Raquel Varela es historiadora, investigadora del Instituto de Historia Contemporánea de la Universidade Nova de Lisboa, Portugal. En estos días se encuentra en Múnich, haciendo un trabajo de investigación que forma parte de su especialización en historia de las revoluciones europeas. Conversamos por zoom sobre de la crisis de la Covid, las medidas de excepción que están aplicando los Gobiernos europeos y acerca de las consecuencias del teletrabajo en la salud mental de miles de personas. Asegura que se está imponiendo “una noción de que la vida se reduce a trabajar y comer”. Y frente a esto, es urgente pensar una alternativa colectiva, desde una perspectiva socialista: “Es el momento de decir que este sistema de competencia y lucha por la ganancia permanente que es el capitalismo, no sirve a los propósitos de la humanidad”, explica.

Estamos viendo en toda Europa el crecimiento de los contagios por Covid. De nuevo, como hace ocho meses, los sistemas sanitarios están al borde del colapso, y Gobiernos de diferente tinte político toman similares medidas: confinamientos, toque de queda, limitaciones a las libertadas democráticas. ¿Qué opinión tienes de esta gestión de la crisis?

Déjame situar primero mi posición. Cuando la pandemia empezó, yo estaba a favor de medidas de confinamiento radicales, muy estrictas, pero durante un período de tiempo muy corto, hasta que tuviéramos noción de lo que estaba pasando, porque nadie sabía realmente lo que estaba ocurriendo. Jamás en mi vida hubiera pensado en un confinamiento de dos meses. A mí me parecía claro que se hablaba de 15 días para tomar medidas radicales, como la intervención de todo el sistema de salud en un comando único del servicio público. Esa era mi visión inicial. Lo que pasa es que fuimos ganando nuevas nociones en dos campos muy claros. Por un lado, la pandemia se reveló de hecho como un virus respiratorio e inflamatorio, que tiene una mayoría de asintomáticos, y una gran mayoría de gente con afecciones ligeras. Hay una minoría con consecuencias graves, ya sea por causa de la edad o por otras dolencias previas. Por otro lado, estamos ante un problema estructural de la sociedad, que remite a la salud, la economía y a los determinantes sociales de la salud: el hecho de que la gente está mal alimentada, que tiene problemas de obesidad, o que están en zonas de gran densidad de población.

La verdad es que el confinamiento fue defendido por los Gobiernos para preparar los servicios de salud, pero ¿qué hicieron los Gobiernos? No prepararon los servicios de salud. Desde luego, porque para hacerlo era preciso tomar medidas radicales. Porque un respirador no funciona solo, necesita de trabajo altamente especializado. Y para formar trabajadores especializados como anestesistas, médicos de terapia intensiva, enfermeros, se necesita mucho tiempo. Era evidente que en un año no se iban a formar esos trabajadores y era evidente que estos tenían que volver desde el sector privado al sector público. Porque es fácil montar un hospital y poner camas. Lo que no se puede hacer de un día para el otro es formar un anestesista, o un enfermero que sepa utilizar un respirador. Por lo tanto, el problema central de los servicios de salud son los recursos humanos. Lo que había que hacer en mi opinión, era gestionar un reclutamiento que duplicara o triplicara los sueldos del personal de los servicios públicos, para atraer al personal del servicio privado. Y para traerlos a los servicios públicos hay que aumentar sustancialmente los sueldos, pero también ofrecer condiciones laborales saludables.

Es necesario introducir mecanismos de decisión y gestión democrática, por la base, en los hospitales, escuchar a la gente que trabaja, ellos deberían tomar decisiones sobre la gestión. Es imposible enfrentar una pandemia con administradores formados en escuelas de gestión, lo que hay que hacer es escuchar a los médicos, a los enfermeros y el personal de salud.

Creo que no hay otra forma de enfrentar una pandemia. Pero, como los Gobiernos no lo hicieron, ahora nos sobra Estado policial. Que es totalmente ineficaz, ridículo, pero por encima de todo pone en cuestión los derechos democráticos de todos los ciudadanos. ¿Por qué es ridículo e ineficaz? Porque la gente se contagia en el trabajo y en la escuela. Y no se puede cerrar el trabajo, la escuela y los transportes públicos, porque vivimos en sociedades urbanizadas, industrializadas y no se puede mandar a la gente a su casa.

La consigna de los Gobiernos parece ser que los trabajadores solo pueden moverse del trabajo a casa, y, de paso, naturalizar estas nuevas medidas de control policial de la población…

Se está creando algo peligrosísimos, que es que la vida está reducida al nivel biológico: tú vas a trabajar y a comer, pero no puedes estar con tu familia, aunque sea reducida, no puedes convivir con un vecino, aunque sea con cuidado, y después de las 9 o 10 de la noche tienes que volver a casa. Lo que se está imponiendo, es una noción de que la vida se reduce a trabajar y comer. Pero eso es totalmente falso. Porque la gente se contagia en el trabajo, en los transportes, y porque la gente necesita convivir con otras personas.

Entonces, hay que educar para un distanciamiento físico, hay que tener cuidado con los mayores –tener cuidado, que no es lo mismo que encerrar a las personas mayores y apartarlos de todas las convivencias, eso es absurdo–. La gente tiene muchas formas de lidiar con la situación, que tienen que pasar por la educación.

"Las medidas represivas están abriendo un precedente gravísimo en toda Europa".

Pero las medidas represivas están abriendo un precedente gravísimo en toda Europa. La facilidad con la que se están introduciendo medidas de excepción, típicas de una dictadura –Estado de emergencia, Estado de excepción, confinamiento obligatorio– que ahora se prolongan en el tiempo, sirve para esconder el fracaso total del neoliberalismo para lidiar con uno de los virus más simples que hay.

Todos los virólogos han dicho que es normal que haya virus, y con los viajes en avión, las megalópolis y el desarrollo de la urbanización, aunque sea con muchos cuidados, con agricultura sustentable y todo, seguirá habiendo virus. Por lo tanto, lo que necesitamos es investigación científica que nos permita dominar a los virus. Esta investigación no ha sido financiada por décadas por los servicios públicos.

Este virus no es una conspiración creada en un laboratorio, este virus es parte de la historia de nuestra relación con la naturaleza, y la única forma que tenemos de combatir los virus y de sobrevivir a ellos es invirtiendo muchísimo en investigación científica a favor de la humanidad. Eso no ha sido hecho.

La otra cuestión es proteger a los profesionales de la sanidad, garantizando un sistema sanitario que no puede funcionar al límite permanentemente. Lo que pasa es que cuando este virus llegó a los sistemas sanitarios, ya estaban colapsando. La gente ya estaba trabajando horas extra y desmoralizada por las pésimas condiciones, antes del virus. Entonces este virus llega como la tempestad perfecta. No hay desarrollo científico, el personal y los servicios sanitarios están horadados por 30 años de neoliberalismo y los Gobiernos tienen una brillante idea: vamos a encerrar a toda la gente en sus casas, y si no se encierran, vamos a enviarlos a trabajar y cuando vuelvan a la casa tienen un confinamiento obligatorio. Esto es, en síntesis, lo que los Gobiernos están proponiendo.

Es evidente que nosotros no podemos tener una política de derecha, conspiracionista, negacionista, que no tiene sentido, pero debemos tener una política muy crítica de lo que se está proponiendo. No se puede pedir a la gente que esté seis o siete meses de su vida viviendo en permanente terror y pánico, confinados o semiconfinados. Esto es imposible. Y es profundamente dañino para nuestras relaciones mentales, sociales y democráticas.

Te has referido en otras entrevistas al teletrabajo como una especie de contrarrevolución o avance de las patronales sobre los derechos de la clase obrera, un mecanismo que convierte casi en tortura el estar en tu propia casa.

Sí, es una desgracia que está sucediendo a la clase trabajadora. La casa es el último espacio de la esfera privada, una vez que no hay prácticamente esfera pública hoy en día –algo que caracteriza al período neoliberal–. Pero el último reducto de una cierta paz fuera del metabolismo social del capitalismo era la esfera privada, aunque fuera una paz un poco alienada, porque la mayoría se quedan muertos enfrente de la televisión. Pero ahora, hasta ese último reducto ha acabado. Ya había formas de transición al teletrabajo, porque la gente ya esta permanentemente contestando emails, mensajes de texto, tampoco vivíamos una situación idílica. Lo que pasa es que ha incrementado muchísimo, y la primera reacción de la gente fue pensar: “qué maravilla, no tengo que ir al trabajo, ni ver a los colegas con los que me llevo mal, la competencia, los transportes, etc., me quedo en casa”. El problema es que el ambiente de trabajo se traslada a la casa: todo el estrés, la competencia, los problemas, que ahora van a contaminar todavía más las relaciones afectivas de la gente.

Y algo más –esto tiene relación con nuestros estudios del trabajo y la psicodinámica del trabajo, muy influenciados por el psiquiatra Christophe Dejours–. La única cosa saludable, en la mayoría de los lugares de trabajo, es la resistencia colectiva a las malas relaciones laborales. Entonces, lo que tiene de protector el trabajo –considerando que para la mayoría de las personas el trabajo no es creativo, no es autónomo, no es interesante ni cooperante–, lo único que subraya el rol protector del trabajo son los otros, la dimensión colectiva de los espacios de cooperación y resistencia, aunque sea en la forma inicial de un chiste, de un abrazo, o en la forma de una huelga organizada, que ahí ya es resistencia.

Por otro lado, el aislamiento es la causa primera de la depresión. Sobre esto no hay dudas: la soledad, la ausencia de relaciones densas, es la causa de la depresión. Entonces la gente se tiene que enfrentar a una situación mucho peor: malas condiciones laborales junto con una peor salud mental. El teletrabajo está destruyendo la salud mental de la gente.

Hay dos lugares donde fue desastroso: la telemedicina, y la educación a distancia. Un estudio reciente en Portugal ha demostrado que casi la mitad de los niños no han conseguido aprender a leer. En la escuela ha sido algo muy obvio, porque no aprender a leer es algo muy rápido, que se puede percibir en seis meses. Pero lo mismo va a pasar en la telemedicina, cuando de aquí a cinco años tengamos muertes inexplicables y un aumento de la gente enferma. Porque no es posible diagnosticar una enfermedad sin la relación entre el médico y el paciente. Y ya había una mala relación entre el médico y el paciente antes, los médicos tenían poco tiempo y proximidad para acompañar la evolución del paciente.

La otra cara de las medidas gubernamentales en Europa son los rescates y ayudas a las empresas, mientras millones de personas han perdido sus empleos. En muchos países se han implementado los ERTE (Expediente de Regulación Temporal del Empleo), suspensiones laborales durante las cuales los Estados se hacen cargo de pagar los salarios. Pero una vez que finalicen, se esperan despidos masivos. ¿Cómo ves la crisis económica y social que se ha desatado?

Creo que ya estamos viendo despidos masivos. En Portugal la tasa de desempleo se ha más que duplicado desde el inicio de la pandemia y han despedido incluso empresas que recibieron ayudas del Estado. Se está usando la Seguridad Social de los trabajadores para salvar a los accionistas de las empresas que después los despiden. Esta es la lógica. Y la política de la UE, que ha sido celebrada en Luxemburgo descorchando champagne, ha sido habilitar más créditos, es decir una lógica financiera.

Voy a decir algo que algunos pueden pensar que es abstracto. Yo creo que el socialismo es un reino de igualdad y libertad, no creo en los regímenes estalinistas, ni en el control policial del pensamiento, ni en la restricción de la libertad. Solo una sociedad socialista podría dar salida a lo que está pasando. Es necesario un reset de la sociedad. Es necesario definir lo que es esencial para producir y lo que no lo es. En las grandes ciudades europeas hay miles de pisos vacíos que están sirviendo para la especulación de las grandes multinacionales, que no quieren invertir en las fábricas y colocan el dinero comprando inmuebles. Mientras las clases trabajadoras y las clases medias, empobrecidas y proletarizadas, no tienen donde vivir.

"No es posible de esta forma. O bien expropiamos a las grandes empresas, que es donde hay excedente acumulado, o la clase trabajadora va a ser convertida en miserables, la clase media proletarizada."

Nosotros tenemos que cooperar para descubrir medicamentos que traten estas enfermedades y otras, tenemos que cooperar a nivel mundial para producir una alimentación saludable, y acabar con este fenómeno de que hay gente trabajando 20 horas, y tanta gente desempleada. Y hay gente que puede comer caviar todo el día, y quienes solo comen carbohidratos, y están permanentemente obesos y sin salud. Entonces, yo no considero que el socialismo es el medio por el cual la gente se queda toda igual, yo creo que el socialismo es el medio a través del cual todos tienen acceso a lo que es básico y necesario, y a partir de ahí pueden ser diferentes, y desarrollar formas muy diferentes de estar y ser.

Lo que es fundamental hoy en día son los transportes, la logística, la vivienda, la alimentación, pero también el arte, la cultura. ¿Por qué logramos sobrevivir a tanta soledad? Estamos viendo filmes, escuchando música, admirando la belleza que nos llega en la forma de arte. No somos animales. Entonces hay que hacer un reset. La idea de que se va a solucionar todo gastando los fondos de la seguridad social y facilitando más créditos, es un paso más hacia el precipicio.

Lo que vemos es que los Gobiernos de todo el mundo han sido incapaces de lidiar con la situación, sean gobiernos un poco más neoliberales, un poco más capitalistas, o un híbrido de capitalismo con dictadura como es China… Entonces es el momento de decir que este sistema de competencia y lucha por la ganancia permanente que es el capitalismo, no sirve a los propósitos de la humanidad. No es posible de esta forma. O bien expropiamos a las grandes empresas, que es donde hay excedente acumulado, o la clase trabajadora va a ser convertida en miserables, la clase media proletarizada, y las pequeñas y medianas empresas desaparecerán. En este momento no hay otra alternativa que no sea la expropiación de las grandes empresas.

Y quiero agregar algo. Mi abuela vivió la gripe española. Un virus que mató muchísima gente, porque las personas tenían mucha debilidad del sistema inmunitario por la guerra, y porque hubo muchos desplazamientos de los soldados enfermos. Todo eso creó una pandemia brutal. Pero mi bisabuela, que no era una agricultora pobre, pero trabajaba con las manos como toda la gente en Portugal en el campo al inicio del siglo XX, ella tenía comida suficiente en la casa para enfrentar la crisis. ¿Cómo es posible que nosotros no tengamos? ¿Cómo es posible que grandes empresas multinacionales, que tienen millones acumulados en los bancos, hayan empezado con despidos y suspensiones garantizadas con ayudas estatales, solo una semana después de la pandemia? ¿Cómo es posible aceptar esto? Quieren que los trabajadores paguen la crisis, pero los trabajadores no tienen como pagar más nada.

VER TODOS LOS ARTÍCULOS DE ESTA EDICIÓN
CATEGORÍAS

[Teletrabajo]   /   [Covid-19]   /   [Sanidad Pública]   /   [Portugal]   /   [Toque de queda]   /   [Europa]   /   [Entrevista]

Josefina L. Martínez

@josefinamar14
Nació en Buenos Aires en 1974, vive en Madrid. Es historiadora (UNR). Coautora del libro Patriarcado y capitalismo (Akal, 2019), autora de Revolucionarias (Lengua de Trapo, 2018), coautora de Cien años de historia obrera en Argentina (Ediciones IPS). Escribe en Izquierda Diario.es, CTXT y otros medios.
COMENTARIOS