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El triunfo de Gran Bretaña en Malvinas fortaleció a Margaret Thatcher para avanzar con el neoliberalismo

Reproducimos el editorial del programa de radio "El círculo Rojo", de La Izquierda Diario, que se emite en Argentina por la emisora Radio Con Vos, FM 89.9, a propósito de cumplirse -este 2 de abril- 40 años de la guerra de Malvinas. Una guerra que la dictadura militar argentina de aquel momento encaró con el cálculo de su sobrevida, pero que para la población trabajadora representó una causa nacional contra un país imperialista.

Fernando Rosso

Viernes 1ro de abril
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  • Se cumplen 40 años de la guerra de Malvinas , una causa nacional en la que se jugaban intereses que fueron más allá y más acá de las islas, y no escuchamos grandes discursos o reclamos sobre el tema. Hoy el debate público está ocupado con cuestiones que —en apariencia— no tienen relación con Malvinas. Por ejemplo, la deuda que, sin embargo, está íntimamente vinculada.

  • Es archiconocido que hacia 1982 el Gobierno militar enfrentaba una profunda crisis económica, social y política: inflación, desocupación, quiebre de empresas, además del peso de la deuda externa. El régimen estaba en crisis, en parte habían cumplido la tarea para la que se había hecho el Golpe (detener la insurgencia popular que se vivía en el país, por lo menos desde el Cordobazo -ese levantamiento de obreros, estudiantes y sectores populares, con carácter de insurgencia, que tuvo lugar en la provincia de Córdoba en mayo de 1969-) y había muchos factores de poder que le empezaban a soltar la mano. Estaba de fondo el tema del genocidio y los 30 mil desparecidos y desaparecidas. Se había reanimado la lucha social: la gran movilización del 30 de marzo de 1982 y el paro general de esa jornada eran una muestra.

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  • El desgaste era evidente y fue una de las causas que empujó a la aventura militar por parte de los jefes de la dictadura. La derrota, lógicamente, aceleró la caída del régimen.
  • También es cierto que, desde la perspectiva de los militares, estuvo lejos de ser una acción antiimperialista ni un acto de nacionalismo. De hecho, y ese fue uno de los grandes cálculos fallidos de la Junta militar, creían que iban a recibir el apoyo nada más y nada menos que de EEUU. Fue una medida desesperada que buscaba generar el efecto de una unidad nacional para un régimen en crisis. Durante el conflicto no se tocaron los intereses ingleses en el país y hasta incluso se siguió pagando la deuda.
  • Sin embargo, todos estos hechos que son absolutamente ciertos para la orientación aventurera de la Junta Miliar, no necesariamente son fundamento para pensar el carácter de la guerra y lo que estaba en juego: una empresa militar para sostener un enclave colonial por parte de una potencia imperialista en un país oprimido. Y además, se le quería dar una lección al mundo.
  • Alguien que entendió perfectamente que en Malvinas se estaba jugando algo más fue Margaret Thatcher. En su libro de memorias, la exprimera ministra inglesa escribió: “Había mucho en juego: a pesar de su importancia, no sólo estábamos luchando por el territorio y los habitantes de las Malvinas, en el Atlántico Sur, a ocho mil millas de distancia. También estábamos defendiendo nuestro honor como nación, y unos principios de importancia fundamental para el mundo entero: por encima de todos ellos, el principio de que los agresores jamás deberían salirse con la suya, y de que el derecho internacional ha de prevalecer sobre el empleo de la fuerza”. Ese "derecho internacional", es el derecho que se arrogan los países imperialistas a tener colonias.
  • Más adelante explica “Había llegado un momento en que tanto nuestros amigos como nuestros enemigos nos veían como una nación desprovista de voluntad y de capacidad a la hora de defender sus intereses en tiempos de paz, por no hablar de los momentos de guerra. La victoria en las Malvinas cambió todo aquello. Después de la guerra, a cualquier lugar donde yo fuera, el nombre de Gran Bretaña había adquirido un significado que antes no tenía.” Y entre sus conclusiones afirma: “Hemos dejado de ser una nación en retirada. En su lugar tenemos una nueva confianza en nosotros mismos, nacida en las batallas económicas dentro del país y puesta a prueba y confirmada a una distancia de 8.000 millas […] Nos alegramos de que Gran Bretaña haya recuperado ese espíritu que la alimentó en generaciones pasadas y que hoy comienza a arder tan intensamente como antaño. Gran Bretaña ha vuelto a encontrarse a sí misma en el Atlántico Sur y no retrocederá de su victoria”.

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  • Las “batallas económicas del país” a las que se refiere Thatcher eran aquellas con las cuales reformateó Gran Bretaña bajo el ímpetu de las políticas neoliberales (mientras Ronald Reagan hacían lo propio en EEUU) e incluso, fortalecida por el triunfo en Malvinas, avanzó sobre la columna vertebral del movimiento obrero británico: la derrota de las huelgas mineras 1984-1985 que fue un momento decisivo en el desarrollo posterior de las relaciones laborales en Gran Bretaña, porque supuso un debilitamiento significativo del movimiento sindical británico. Thatcher veía en todo eso una unidad de propósito.
  • Para nuestro país significó un allanamiento del camino para el avance de las privatizaciones, la extranjerización de la economía, la subordinación mediante el pago de la fraudulenta deuda. Todo basado en un nuevo sentido común que se intentó instalar: que a los poderes imperiales no se los puede cuestionar.
  • El nombre de esa operación ideológica fue el de “desmalvinización”. Transformar la aventura de los militares argentinos en la idea de que todo enfrentamiento a las potencias es una aventura. El "delirio de los militares" fue un producto de un "delirio colectivo" y el sentimiento nacional justo por una ocupación colonial, era parte de una "pasión trastornada de la sociedad".
  • Se infantilizaba a la sociedad que había sido “llevada” de las narices a una guerra producto de un brote de pasión nacionalista, incluso a los excombatientes que pasaron a ser “los chicos de la guerra” y luego a sufrir el ocultamiento, la desatención de sus demandas básicas durante los primeros años de la democracia. Más profundamente, desmalvinización pasó a significar el abandono o la claudicación en la causa nacional.
  • Por estos días escuchaba a un joven periodista que decía que Cristina Fernández -la vicepresidenta de Argentina- había demostrado con su reunión reciente con el embajador de EEUU que no era una “dogmática antiimperialista”, como si la subordinación del país a distintas potencias fuera una cuestión de dogmas. Hay algo de los efectos de la “desmalvinización” en esa forma de razonamiento.
  • Quizá los 40 años sean una buena oportunidad para desandar ese camino de subordinación porque no es una cuestión de dogmas, sino de intereses concretos, triunfos o derrotas cuyas consecuencias pagamos todos y todas.

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Fernando Rosso

Periodista. Editor y columnista político en La Izquierda Diario. Colabora en revistas y publicaciones nacionales con artículos sobre la realidad política y social. Conduce el programa radial “El Círculo Rojo” que se emite todos los jueves de 22 a 24 hs. por Radio Con Vos 89.9.

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