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Elecciones vascas: abstención, caída de Podemos y PP, ascenso histórico de EH Bildu y PNV

Con posibles rebrotes y una abstención que ha superado el 47%, las elecciones vascas dejan un panorama de refuerzo de PNV y EH Bildu frente a la caída del PP y Podemos y la concentración del voto en las opciones soberanistas ante el desgaste del reformismo en el Gobierno.

Lunes 13 de julio | 18:41

EAJ-PNV 38,47% 31 escaños
EH Bildu 27,38% 22 escaños
PSE-EE-PSOE 13,42% 10 escaños
Elkarrekin Podemos-IU 7,90% 6 escaños
PP + Cs 6,64% 5 escaños
VOX 1,93% 1 escaño

A pesar de la tensión por la aparición de rebrotes, como el de Ordizia -donde se ha negado el voto a 73 vecinos por contagios-, las elecciones vascas se han celebrado entre la polémica por no aplazar la votación. En esta ocasión ha tenido lugar la mayor abstención histórica en estas elecciones, votando sólo el 52,8% del censo electoral, un 8% menos que en las anteriores.

El PNV pasa de 28 escaños a 31 y consolida así su posición como el partido hegemónico dentro de Euskadi. Ha gobernado desde 1980 hasta ahora, salvo un paréntesis de 2009 a 2012. En estas elecciones alcanza el máximo porcentaje de voto desde 1984, cuando la formación Eusko Alkartasuna no se había escindido aún del PNV -actualmente se encuentra en EH Bildu-, ganando y creciendo en las tres provincias.

Pese a ser el partido de la derecha tradicional de Euskadi, esto no ha sido un problema para gobernar muchas veces con el PSOE e incluso de 2005 a 2009 con Ezker Batua-Berdeak (el referente de IU en Euskadi). Tradicionalmente también han apoyado diversos gobiernos estatales tanto del PSOE como del PP, en una importante labor de corrección de los fallos del bipartidismo para dar estabilidad al Régimen del 78.

El PSE-EE reeditaría resultados y figuras similares a pesar de esperar una subida en las encuestas al tener a Pedro Sánchez en la Moncloa. Así, repite con Idoia Mendia y pasando de 9 en 2016 -su peor resultado histórico- a 10 escaños en 2020, pero manteniendo cifras superiores al conteo total en los barrios de las tres capitales.

El PP se ha presentado con Ciudadanos, obteniendo también uno de sus peores resultados históricos en Euskadi, bajando de 9 a 5 escaños sólo para el PP, posicionándose como quinta fuerza, mientras que ese voto de derecha se dirige hacia el PNV y Vox consigue su primer escaño en Euskadi.

Elkarrekin Podemos-IU pasó de tener 11 a 6 escaños. Mientras en 2016 la coalición presentó a Podemos con IU y Equo, esta última formación participaría en solitario y sin obtener representación en 2020. Esta bajada a 6 escaños, paralela al desplome de 14 a 0 escaños en Galicia, es uno de los grandes cambios de estas elecciones vascas, tras una experiencia de co-gobierno central con el PSOE en la que demostró saber cuadrarse ante el día a día del Régimen del 78.

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Su posición abiertamente procentralista y proconstitucionalista y su blanqueo de la represión al derecho a decidir han contribuido a erosionar sus bases en territorios como Euskadi o Galicia. En esta línea estuvo también la posición de Elkarrekin Podemos-IU en contra de la huelga del 30E al considerar que "la huelga ha perdido su carácter de reivindicación laboral para convertirse en una huelga de carácter social y político" y que no daban margen de actuación al gobierno.

Por otra parte, el aumento del voto a EH Bildu, pasando de 18 a 22 escaños, es otro de los grandes vuelcos de estas elecciones. Creciendo en las tres provincias, la izquierda abertzale presenta uno de sus mejores resultados históricos, con la concentración del voto perdido por el reformismo centralista de Podemos.

La opción abiertamente defendida por EH-Bildu durante toda la campaña es reeditar en el País Vasco un gobierno “progresista” al estilo del gobierno central pero en clave soberanista de izquierda. Una política que va en la línea del devenir de la izquierda abertxale en la última década, en la que ha profundizado su apuesta por un proyecto reformista de izquierda y de gestión de las instituciones, en particular en el ámbito municipal.

Los posibles pactos para alcanzar la mayoría absoluta implicarían al PNV tanto en una improbable alianza con EH Bildu (53 de 75 escaños), como en una probable y anteriormente usada alianza con el PSE-EE (41 de 75 escaños). La única otra opción sería la suma del mínimo necesario (38 de 75 escaños) con EH Bildu, PSE-EE y Elkarrekin Podemos-IU.

Uno de los principales procesos que estas elecciones muestran es el fortalecimiento de los soberanismos de izquierda ante el retroceso del reformismo españolista. La debacle de Podemos no sería especialmente capitalizada por el PSOE en el caso de las elecciones vascas y gallegas, sino por las opciones socialdemoócratas territoriales, EH Bildu y BNG. Estas formaciones están por fuera del gobierno y no se presentan como relacionadas con la gestión de la crisis “desde Madrid”, sino como receptores del descontento a nivel periférico.

Sin embargo, aunque EH-Bildu, que es vista por muchos jóvenes y trabajadores -en Euskadi y fuera de ella- como un referente de izquierda, sin embargo su propuesta es la de una suerte de pacto tripartito (con el PSOE y Podemos) en lo social y el pacto con el PNV en lo nacional. Esta política tiene amplias posibilidades de desencanto de los sectores de la izquierda abertzale que honestamente pelean tanto por la autodeterminación como por el socialismo.

El reconocimiento del derecho de autodeterminación de Euskal Herria, Catalunya y Galiza parece imposible de la mano del PSE-EE (federado del PSOE), si se recuerda que Felipe González llegó a avalar la guerra sucia del GAL en los años 80 en Euskalherria o, más recientemente, su aprobación de la represión en Catalunya.

El desencanto hacia Podemos empieza a mostrar un cierto cuestionamiento y debates de diferentes ángulos dentro del espacio a su izquierda. Construir una alternativa por la independencia de clase, por el socialismo y por el derecho de autodeterminación, es pues una tarea por delante para la izquierda revolucionaria también en Euskadi. Una izquierda que se proponga tomar como eje el desarrollo de la lucha de clases, la defensa de un programa anticapitalista y la alianza con el resto de la izquierda y que se proponga lo mismo en el resto del Estado, para combatir el Régimen del 78 y las distintas recetas para restaurarlo.

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