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Entre escándalos judiciales y disputas por las subvenciones, arranca el proceso electoral en Andalucía

El arranque de la campaña electoral en Andalucía viene crispado a izquierda y derecha, adelantando tendencias que van más allá de la tierra de Blas Infante. Aquí hacemos un resumen del panorama político.

Roberto Bordón

Martes 24 de mayo
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Si algo no le está faltando a las elecciones en Andalucía son diversos episodios mediáticos a izquierda y derecha que muestran hasta qué punto son de importancia los resultados en dicha Comunidad Autónoma. Mientras PP y PSOE se pelean en las encuestas por ver si podrán formar gobierno como cabezas de sus bloques políticos, sus posibles aliados acaparan las portadas de los periódicos. La realidad es que el escenario andaluz es un hervidero político: desde las peleas dentro del espacio neorreformista por el dinero y la visibilidad mediática al escándalo jurídico de Vox, cuya candidata ha sido acusada de fraude de ley, a un PP andaluz que no quiere admitir que quizás tenga que gobernar con la ultraderecha y un PSOE que confía en esta hipótesis para movilizar a su electorado que ya le dio de lado una vez.

El PP se agarra al clavo ardiendo de la “moderación”

Juanma Moreno, presidente en funciones de la Junta de Andalucía y candidato del PP, ha sido uno de los barones del PP que apostó por la “moderación” frente al giro trumpista de Isabel Díaz Ayuso en la guerra interna del partido. Moreno es uno de los defensores de la estrategia de Feijóo, nuevo líder del PP tras la caída en desgracia de Casado, de no pactar con la ultraderecha a fin de mantener una imagen más atractiva hacia sectores de centroderecha de cara a las elecciones generales y así poder disputarle al PSOE la victoria.

Moreno, que ha gobernado en coalición con Ciudadanos, ha tratado de proyectar esta imagen a pesar de aplicar las mismas políticas de recortes y privatización que Ayuso en Madrid, solo que con una cara más “amable”. El líder andaluz del PP firmó Presupuestos con Vox hasta su última ruptura y admitió concesiones a la ultraderecha cuando la necesitó. Su campaña, claro está, se basa en no poner el foco en esto sino en plantearle a una parte del electorado del PSOE que realmente no hay tanta diferencia entre un gobierno del PSOE-A y el PP. Juega a favor con que los escándalos de corrupción del PSOE-A restaron un gran prestigio al partido y con que su política económica ha sido muy similar, lo cual es cierto. El PSOE-A se la pasó recortando en Educación y Sanidad durante décadas antes de la llegada de Moreno al gobierno.

A este argumentario, la campaña de Moreno intenta instalar la idea de que es mejor un gobierno de mayoría absoluta del PP que uno PP+Vox, así como una desconfianza hacia los posibles aliados del PSOE si tratase de conformar gobierno. Moreno también ha sido hábil en desviar diversas crisis como la del coronavirus, desligándose de cualquier responsabilidad cargando las culpas en el gobierno central. Y si bien es cierto que la gestión del gobierno PSOE-UP ha sido nefasta para los intereses de las clases populares, también lo ha sido el de Moreno, que parece haber aguantado mejor cualquier posible desgaste.

Este plan de Moreno afronta dos dificultades principales: su socio de gobierno se ha desplomado (Ciudadanos pasaría de 21 a 3 diputados) y aunque traccionará buena parte de sus votos, no parece suficiente como para desmarcarse del PSOE (las encuestas apenas le dan un 1% de diferencia). Esto le llevaría inexorablemente a que, a pesar de poder ganar las elecciones (que las encuestas señalan como el escenario más posible) deba pactar con la ultraderecha si desea gobernar. Vox sabe esto y aprovecha para hacer una campaña triunfalista con la que estaría disputándole una parte importante del electorado. Esto, sin embargo, aumenta las dificultades de Moreno, porque le resta votos y moviliza al electorado del PSOE y sus aliados. Un escenario que el PP pretendía evitar para lograr un escenario similar al de las últimas legislativas, cuando la abstención de una porción importante de votantes socialistas hizo que el PSOE perdiese el gobierno.

El PSOE confía en una posible victoria… gracias a Olona

El “renovado” PSOE-A, que ha purgado a los cargos afines a la expresidenta Susana Díaz de las listas electorales y del aparato del partido, afronta unas elecciones donde parece ganar más por sus oponentes que por su deslucido candidato.

Juan Espadas, hasta ahora alcalde de Sevilla y candidato del PSOE, también está jugando la carta de la moderación. De hecho, su mayor baza mediática es que tiene el mismo perfil que el líder del PP… sólo que es del PSOE. Espadas ha protagonizado una transición pacífica dentro del PSOE andaluz con la que el partido ha mantenido su maquinaria electoral que ha hecho que actualmente se mantengan con posibilidades de ganar las elecciones y plantear un cogobierno como el estatal. Esto ha hecho que el PSOE siguiese muy de cerca la evolución del espacio neorreformista al saber que necesitan a su socio menor para formar gobierno. Una izquierda neorreformista que, independientemente de que se haya dividido en dos coaliciones, han admitido conjuntamente que votarían un gobierno del mismo PSOE-A que ha recortado durante décadas y que no ha afirmado que vaya a parar ahora.

Como advertía el propio líder del PP a sus militantes, si bien el PSOE-A fue gravemente herido en su orgullo al perder la Junta de Andalucía en 2018, ha mantenido una fuerte estructural territorial y partidaria que puede permitirles recuperar lo perdido en 2022. Desde el PSOE-A parecen confiar en movilizar a su electorado por el miedo a un posible gobierno de la ultraderecha. La presencia y los escándalos de Macarena Olona, candidata de Vox, podrían dar un buen impulso para que los más de 400.000 votos de abstención de 2018 que perdió el PSOE vuelvan ahora. Así parece haberlo destacado la propia ejecutiva socialista que confía en este fenómeno y en una posible división del bloque de derechas para recuperar el gobierno en Andalucía.

Según las encuestas Espadas sigue en carrera porque, si bien todavía sigue segundo, su rival no termina de despegar, manteniendo el inverosímil discurso de no admitir que van a gobernar con la ultraderecha cuando todo el mundo tenga claro que sí. Una encuesta reciente publicada en el Plural destaca que por ahora el PSOE-A mantendría los 33 escaños que ganaron en 2018, por lo que no acusarían desgaste por las medidas del gobierno estatal del PSOE-UP. Estarían a 3 del PP y sumarían con sus aliados más que el actual gobierno salvo que Moreno admita gobernar con VOX. Pero, como siempre, todo está por ver.

Vox: ¿fraude de ley? ¿socios de gobierno del PP?

La campaña de Vox se inició con un desastroso acto por el 1 de mayo en Cádiz, donde la ultraderecha quiso movilizar a las bases de su pseudo sindicato y apenas movió a 300 personas de toda Andalucía a un acto donde presentó a su candidata Macarena Olona. Pero si el inicio fue pobre, la campaña ha ganado en el aspecto mediático no sólo por las xenofobia, clasismo y machismo habitual de la ultraderecha sino por un escándalo judicial que ha sido por ahora resuelto a favor de Olona.

Macarena Olona, hasta ahora diputada por Granada en el Congreso de los Diputados y candidata de Vox a la Junta de Andalucía fue acusada de cometer fraude de ley para presentarse a las elecciones andaluzas. Todo comenzó cuando el expresidente de Vox en Granada comentó que si bien Olona está empadronada en una vivienda en Salobreña (pueblo granaíno), en realidad no vive allí. Esto impulsó una polémica en redes y medios, así como una denuncia por parte de Andaluces Levantaos a la Junta Electoral de Granada. Según la normativa electoral en Andalucía, a diferencia de la legislación respecto a las elecciones generales, cualquier candidato en Andalucía debe estar empadronado y residir en Andalucía para presentarse.

Las declaraciones de Manuel Martín, expresidente de Vox Granada y casero de Olona, despertaron la alarma ya que si no residía realmente en el municipio estaría cometiendo fraude de ley al no cumplir el requisito de “vecindad administrativa”. Resumiendo, el proceso jurídico, en caso de que la denuncia de Andaluces Levantaos hubiese triunfado, no solo se tendría que haber revocado el empadronamiento de Olona sino haber invalidado su candidatura dejando fuera a la candidata.

Esto finalmente no se ha dado porque la Junta Electoral de Granada ha fallado a favor de la ultraderecha señalando que actualmente la situación administrativa de Olona “es firme” hasta que el Ayuntamiento de Salobreña investigue el asunto. Por tanto, Olona sí podrá ser candidata y no sólo ha aprovechado esto para enardecer a sus bases al puro estilo trumpista, presentándose como perseguida por el establishment PSOE-PP (a pesar de que la denuncia ha llegado de un pequeño partido andalucista), sino que habría denunciado a la alcaldesa de Salobreña dándole la vuelta a la situación.

Así las cosas, Vox continuaría creciendo en estas elecciones sumando 14 diputados más, llegando a los 26 y posicionándose como el único socio que puede darle el gobierno a Juanma Moreno. Como son conscientes de esto están aprovechando para hacer una campaña triunfalista y para señalarle al PP que pueden fingir lo que quieran, pero que van a terminar cediendo al igual que en Castilla y León. Un crecimiento tan significativo de la extrema derecha en Andalucía supondría que el PP perdería un trozo importante de su base social en feudos como Almería y debería tenerse en cuenta de cara a las elecciones generales.

Por Andalucía vs Adelante Andalucía

El enfrentamiento del frente de la izquierda neorreformista y el sector de Adelante Andalucía continúa ahora que más o menos se han delimitado los espacios. La pelea se ha trasladado a dos cuestiones centrales: las subvenciones electorales y la visibilidad mediática en la campaña. Tanto Izquierda Unida como Adelante Andalucía habrían solicitado subvenciones electorales por haber formado parte de la anterior coalición en la que fueron en 2018, hasta la expulsión de Anticapitalistas. Ambas formaciones han argumentado ante la Junta Electoral andaluza que formaron parte de la anterior coalición Adelante Andalucía que logró 17 diputados en 2018 y han señalado que tienen derecho como herederas del espacio a percibir las subvenciones. La diferencia simplemente reside en que IU reclama el total del dinero, medio millón, y Adelante Andalucía tan solo una parte.

IU habría ganado la pelea con el argumento de que tras la expulsión de Anticapitalistas son los únicos que mantienen representación electoral de dicho grupo con continuidad (a pesar de que existe una senadora de Adelante Andalucía). Además de quedarse con el dinero, gracias al fallo jurídico de Podemos que no forma parte en sí de Por Andalucía más allá del acuerdo político, IU no tiene obligación tampoco de repartirse nada con la formación morada, quedándose con todo el dinero. De este modo, IU se apoya en una resolución completamente antidemocrática para dejar sin fondos a la unica candidatura a su izquierda que puede competirle.

El otro aspecto de esta pelea sería que Teresa Rodríguez, candidata de Adelante Andalucía, no podrá acudir a los debates electorales, que es la principal preocupación de su formación. Por la decisión de Junta Electoral, la formación ha sido vetada de acceder a los espacios electorales en los medios públicos. Queda por ver según avance la campaña electoral y según se desarrolle el recurso que los andalucistas han puesto.

En un plano electoral las encuestas parecen señalar que ambas coaliciones podrán coexistir en el Parlamento andaluz, ya que dan 5 escaños a Adelante Andalucía y 6 a Por Andalucía lo que permite a ambas formar un grupo parlamentario. Un resultado muy inferior al logrado en 2018 pero que consolida la existencia de ambos grupos tras su fractura reciente. También supondría una consolidación de una fuerza andalucista en el Parlamento después de muchos años tras la caída del Partido Andalucista y podría dar peso a la hipótesis andalucista. Esto último podría ser la expresión en Andalucía de la crisis del eje territorial, ya que esta no parece tener fuerza a través de fenómenos como la España Vaciada que, si bien han presentado candidaturas en Huelva y Jaén, no parece que vayan a tener representación.

Tendencias estatales

Tanto por derecha como por izquierda, las elecciones andaluzas prefiguran tendencias políticas que veremos amplificadas en el escenario estatal. Por un lado, la dinámica de competición-colaboración entre el PP y VOX. Por el otro, el difícil equilibro del PSOE entre mostrarse como lo que es, puro neoliberalismo progresista, y el limite de que los números no le dan para gobernar en solitario sin una “pata izquierda” que lo sostenga.

En el campo de la izquierda neorreformista, el tumultuoso “frente” andaluz también ha sido un adelanto de lo que veremos a escala estatal en el período que se abre: nuevas crisis, rupturas y realineamientos ante el naufragio del matrimonio Podemos Izquierda Unida, cuyo mayor logro ha sido meter un puñado de ministros en el Gobierno imperialista español liderado por el PSOE. El lanzamiento del espacio “sumar” de Yolanda Díaz, independientemente de Podemos, es expresión de ello.

Ante una nueva impostura de la izquierda integrada al régimen, el espacio de Adelante Andalucía se presenta por fuera y a su “izquierda” tras un breve momento de negociación que podría haber dado lugar a un frente amplio de toda la izquierda andaluza. Este es un aspecto muy progresivo frente a la pantomima de la izquierda integrada al régimen. Sin embargo, su ambigüedad programática, el coqueteo “populista” con el discurso policlasista propio del soberanismo de izquierda y su actitud conciliadora ante la posibilidad de un nuevo gobierno del PSOE-A, muestran sus límites como alternativa política de independencia de clase.

Tanto en Andalucía como en todo el Estado, hace falta poner en pie un proyecto político que pueda dar una salida integra y efectiva a los padecimientos de la clase trabajadora, las mujeres, la juventud y el pueblo pobre. Construir desde abajo una izquierda revolucionaria que ponga en el centro la lucha de clases es la tarea del momento para quienes reivindicamos una perspectiva anticapitalista y socialista.


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