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Entre la caída de Otto en Guatemala y la crisis de Ayotzinapa: cuestiones de estrategia

En los últimos días el pueblo de Guatemala ha encabezado los titulares de la prensa internacional. Decenas de miles salieron a las calles con la exigencia de la renuncia de Otto Pérez. Con un triunfo histórico lograron la caída del gobierno del Partido Patriota luego de que fuese pública la relación del ejecutivo con una red de corrupción llamada La línea.

Sergio Abraham Méndez Moissen

México @SergioMoissens

Miércoles 9 de septiembre de 2015

Este acontecimiento ha despertado una fuerte polémica en México. Peña Nieto, un gobierno altamente cuestionado, ha estado inmiscuido en actos de corrupción aún mayores que los que obligaron a Otto a la renuncia.

En primer lugar, el escándalo de la Casa Blanca, que fue descubierta luego de que se demostrara imposible la compra del inmueble con los salarios del ejecutivo, demostró la corruptela de Peña Nieto con el grupo Higa al que el gobierno le ha dado las licitaciones del nuevo aeropuerto y la construcción de la carretera en el bosque de Xochicuatla.

Aún peor. Peña Nieto enfrentó una fuerte movilización que exigía su caída luego de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa luego de la masacre de Iguala. En noviembre de 2014 la movilización alcanzó su punto más avanzado y cientos de miles exigen la caída del gobierno. Sin embargo, Peña Nieto no cayó. Hoy se debate. ¿Qué pasó en Guatemala para que fuese posible la caída de Otto Pérez?

¿Por qué cayó Otto Pérez?
Diversos analistas sugieren que en México debemos de hacer como en Guatemala. Con ello nos quieren convencer de que Otto Pérez cayó gracias a la investigación de la Comisión Internacional Contra la Corrupción en Guatemala, la famosa CICIG institución avalada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Organización de los Estados Americano (OEA), quitándole protagonismo al movimiento de masas que aunque de composición policlasista apuntaba a desarrollarse con rasgos de radicalización.

Nada más falso. Otto cayó por la movilización popular y por tres paros nacionales, y los reflejos de clase del empresariado. La clase dominante no quiso que la crisis apuntara contra un régimen democrático-burgués estable, iniciado con la transición política de un genocida régimen militar a uno de democracia burguesa degradada producto de firma de los Acuerdos de Paz, en la década de 1990 entre la guerrilla y los militares y partidos de ultraderecha. Y es que si avanzara el cuestionamiento del régimen, el recuerdo de la guerra civil estaría presente en la calle.

Otto cayó por la movilización popular que apuntaba a desarrollarse en perspectiva revolucionaria. Este movimiento popular obligó a que los empresarios, las trasnacionales y el imperialismo soltaran las manos a Otto Pérez, pues el movimiento podía avanzar aceleradamente en perspectiva revolucionaria y profundizar sus demandas. Fue el movimiento de masas el que obligó a las trasnacionales, la OEA y al CICIC a quitarle el apoyo a Otto Pérez.

Andrés Manuel López Obrador de Morena insistió que lo decisivo de la caída de Otto fue la impartición de justicia “limpia” de Guatemala dando a entender que se requieren tribunales justos, que combatan la corrupción y que investiguen a los políticos en el gobierno. Incluso AMLO remató diciendo que la justicia en Guatemala y la resistencia civil y pacífica habían logrado sacar a Otto.

AMLO quiere expropiar para la CICIG el triunfo rotundo de las masas de Guatemala. Otro elemento que olvida AMLO es que los imperialistas prefirieron quitarle el apoyo a Otto a sostenerlos, pues mantenerlo en el gobierno era más peligroso que la convocatoria a las elecciones que apuntan a entregar el régimen al reaccionario Jimmy Morales.

La realidad es que los imperialistas prefirieron deshacerse de Otto y convocar a elecciones anticipadas para descomprimir el descontento y sacar a Otto para que no cambie nada.

Otto no cayó por la investigación de la CICIG sino por la enorme movilización obrera y popular que ante la importancia de la movilización en contra del gobierno es lo que llevó, en peligros de la profundización del proceso, a sectores de la patronal y las trasnacionales a ser parte del paro, y ante la cercanía de las elecciones, decidieron quitarle el apoyo al gobierno guatemalteco.

En las elecciones del pasado fin de semana ganó en primera ronda el comediante Jimmy Morales Cabrera, del derechista Frente de Convergencia Nacional inmiscuido con el ala derecha del ejército durante el gobierno de Ríos Montt.

Así que este cambio de gobierno pone a discusión del movimiento en Guatemala si es suficiente la caída del gobierno de Otto o si es necesaria la movilización independiente de las masas para imponer un estado de cosas distinto: la caída del régimen y la imposición de una asamblea constituyente que con votación universal resuelva las grandes problemáticas del país.

¿Cómo lograremos la caída de Peña Nieto?
Entonces, además de equívoca la salida de Peña bajo el argumento de una hipótesis “guatemalteca” presionando a el juicio por corrupción del actual gobierno, y aunque los motivos sean ciertos, éste no caerá sin al aumento de la movilización nacional y popular.

Es falsa la salida de enjuiciar a Peña por corrupción. En Guatemala la CIAC y el imperialismo vieron necesario su juicio producto de tres paros nacionales y movilizaciones multitudinarias de las masas que apuntaban a desarrollarse.

En México, por más que Morena impulse el juicio político a Peña, obvia que son las instituciones de esta democracia bárbara las que emitieron la “verdad histórica” de que nuestros 43 compañeros de Ayotzinapa habían sido cremados en el basurero de Cocula.

Son las mismas instituciones que dejaron a los 45 mil electricistas del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) en las calles, la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que consideraron constitucional el decreto de extinción de Luz y Fuerza del Centro. Incluso los compañeros cercanos a los familiares de los 43 sostuvieron que hay que “hacer como en Guatemala” refiriéndose al juicio de Peña por corrupción.

Como hemos sostenido en otras notas, Peña Nieto podía haber caído en el momento más avanzado de la lucha por la presentación de nuestros 43 compañeros.

Sin embargo, ninguna de las organizaciones que tenían influencia en las decisiones del movimiento por la presentación por los 43 normalistas sostenían la necesidad de que la clase obrera debía ser un actor político fundamental en la lucha por la exigencia de los jóvenes desaparecidos a través de la perspectiva de una huelga general, la única vía para lograr la caída efectiva de Enrique Peña Nieto.

En el caso particular de las direcciones sindicales como la del Sindicato de Telefonistas de la República Mexicana (STRM) de la Unión Nacional de Trabajadores (UNT) y la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) nunca se apostaron a organizar la lucha a la ofensiva en perspectiva de pasar de declaraciones testimoniales y avanzar en impulsar la huelga.

Peña Nieto podía haber caído con la participación activa en el movimiento por Ayotzinapa del conjunto de los trabajadores, tanto de aquellos organizados en los sindicatos opositores, como los que no cuentan con sindicato y también de quienes sufren el grillete de dominación de la Confederación de Trabajadores de México (CTM).

En síntesis, era posible la caída de Peña con la participación del conjunto de la clase obrera con sus métodos, en especial la huelga general, y los sindicatos opositores podían ser el batallón inicial de esta dura pelea.

El movimiento Ayotzinapa, si quiere avanzar en poner en jaque al gobierno de Peña, debe de saber observar que además de incluir a la sociedad civil solidaria y desorganizada en una perspectiva democrática debe de recurrir a la fuerza social capaz de poner de rodillas al régimen: la clase trabajadora.

Si bien el corporativismo del Partido Revolucionario Institucional (PRI) es un grillete de control en las filas de los trabajadores, éste no es eterno. Un primer paro de la UNT y de la CNTE en noviembre hubiera permitido poner a discusión a nivel nacional la necesidad de una lucha ofensiva a nivel nacional.






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