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Eric Zemmour: el candidato que disputa la hegemonía de la extrema derecha a Marine Le Pen

De la televisión a una posible carrera en las elecciones presidenciales. Eric Zemmour acumulaba a finales de septiembre un posible 15% del voto en las encuestas para la primera vuelta de los comicios franceses y se acercaba a ser el rival de Enmanuel Macron en la segunda vuelta.

Roberto Bordón

@RobertoBordon13

Martes 19 de octubre | 08:39

Eric Zemmour, escritor, periodista y polemista de la extrema derecha francesa se baraja como posible candidato para las próximas elecciones presidenciales francesas en abril de 2022. Protagonista de múltiples polémicas a raíz de sus declaraciones xenófobas e islamófobas, Zemmour aparece por ahora como el rival no oficial de Marie Le Pen, dirigente de Reagrupamiento Nacional, en la carrera por dirigir la extrema derecha francesa. Por ahora las encuestas llegan a posicionarlo incluso en segunda posición, tan solo por detrás de Enmanuel Macron, quien previsiblemente ganará las elecciones.

Con una carrera mediática labrada en Le Figaro, uno de los principales periódicos del país, así como tertuliano en France 2 y en RTL (una de las radios más importantes de Francia) y en la cadena de televisión CNews, se trata de una figura que conecta con amplias capas de la población a base de haber insistido durante muchos años en insertar un discurso reaccionario en los hogares franceses. Además de su presencia continua en los medios de comunicación, el nuevo rival de Marine Le Pen ha publicado distintos libros, de gran éxito comercial, en los que expone sus puntos de vista reaccionarios al respecto de la inmigración, las políticas de identidad, su islamofobia o el destino de Francia.

Un candidato que pretende presentarse como líder de las clases populares, una falsedad evidente, como demuestra una investigación del periódico Libération, que ha revelado recientemente que el posible candidato ha hecho ingeniería fiscal para ahorrarse pagar impuestos, a través de una sociedad propia donde se autoedita sus libros para ahorrarse pagar el impuesto sobre los ingresos y pagar sólo el de sociedades, cuya tasa fiscal es sensiblemente más baja. No sólo esto, sino que cuenta con el apoyo de importantes capitalistas como el millonario y evasor de impuestos Charles Gave que ya ha anunciado un préstamo de 300.000 euros para la campaña del candidato derechista. Cobrando al menos 20.000 euros al mes durante su periodo como tertuliano y con más de 3 millones de euros por sus libros, una vez más un candidato de los ricos, apoyado por ricos, quiere presentarse como el héroe bonapartista del pueblo.

¿Pero por qué un tertuliano es capaz de disputarle el liderazgo de la extrema derecha a Marine Le Pen?

Un candidato fuerte en un momento de debilidad de Le Pen

A Eric Zemmour no le faltarían méritos en principio para liderar a las fuerzas reaccionarias francesas, con continuas polémicas por extender el odio racial muy similares a las protagonizadas por Vox en España, el tertuliano francés cumple discursivamente con el ambiente promovido por la derecha radical en todo el mundo.

Desde acusaciones xenófobas a inmigrantes en barrios populares, declaraciones islamófobas e incluso conspiranoicas sobre la presencia de musulmanes habitando Francia, hasta acusaciones al mayo del 68 como origen del mal, podemos entender que Zemmour recoge todos los temas actuales de la extrema derecha internacional.

Incluso se dedica a promoverlos activamente a través de sus libros, como es el caso del “Suicidio Francés” donde achaca a mayo del 68, las políticas identidad o la inmigración la “pérdida de los valores tradicionales” franceses y la “decadencia de la Nación”. Otro ejemplo sería su reciente libro “Francia no ha dicho su última palabra” donde es muy crítico con el resto de la derecha francesa por “haberse sometido al ambiente progresista”, es decir, los acusa de cobardes por no confrontar con los avances del movimiento feminista o del colectivo LGTBI (a los que acusa de lobby totalitario). Ante este ambiente de “derrota” que observa en su campo político, Zemmour propone volver a los valores clásicos de “orden, nación y tradición”. Esto incluye expulsar a los musulmanes de Francia, negarle el derecho al trabajo o tratarlos a todos de delincuentes afirmando que se estaría “combatiendo una invasión” según los postulados de este tertuliano racista.

Pero si el periodista puede aspirar realmente a la segunda vuelta de las elecciones y a romper los equilibrios del campo burgués en las elecciones es porque representa algo más que una simple recopilación de posiciones. La diferencia clave entre él y Marine Le Pen, es que el primero representa una posición más radical para una fuerza política que ha sufrido una importante derrota no sólo en las presidenciales de 2017 sino en las elecciones regionales más recientes. Le Pen viene intentando darle pintura nueva a la carcasa del Frente Nacional con la llamada estrategia de “desdemonización” de la formación para acercarla al centro al mismo tiempo que retenía su base más derechista. Una estrategia que trataba de ocultar el carácter reaccionario de su formación para ampliar su base electoral y que se ha demostrado insuficiente para las aspiraciones políticas de su partido. Este ha llegado a sufrir alguna escisión incluso y disputas internas dentro del clan Le Pen.

Pero ahora Zemmour patea el tablero, y pretende pasarle por la derecha a Le Pen, para forzar el giro aún más a la derecha del escenario político. Frente a una Marine Le Pen que llegó a expulsar a Jean-Marie Le Pen, su padre y fundador del partido por negar el Holocausto y otra serie de posturas abiertamente fascistas, Zemmour consigue que Le Pen padre le de su bendición precisamente por tener los postulados que este querría haber seguido defendiendo desde el Frente Nacional.

Para ello Zemmour ha desarrollado teorías como las del “Gran reemplazo” de Renaud Camus en sus textos, según la cual el país está abocado a verse “islamizado” y a perder “su esencia como pueblo francés” debido al aumento de la inmigración. Una nueva versión de la vieja idea nazi del Plan Kalergi en el que la población europea blanca debe sentirse “amenazada” ante la posibilidad de verse sustituida por un pueblo “externo” a su país. Además de esto, Zemmour es un defensor del negacionismo y del régimen colaboracionista francés con los nazis, el régimen de Vichy, de quien dice que “protegió” a los judíos franceses al entregar a los nazis a los judíos extranjeros. Unas declaraciones que resonaron con más fuerza debido al origen judío del propio Zemmour.

Apoyado en su propia visión de que la historia de Francia ha sido la de una nación salvada por grandes hombres (Robespierre, Napoleón o Charles de Gaulle), el posible candidato podría aparecer ante las bases de Reagrupamiento Nacional como el revulsivo necesario para salir de la derrota que han sufrido bajo la dirección de Marine Le Pen. Esta última ya ha reaccionado ante el posible rival, moviendo su programa político hacia la derecha incluyendo el tratar de meter el control de la inmigración en la Constitución francesa o que el derecho francés prime sobre el derecho internacional. Una potente maniobra para quien sabe que Zemmour puede llegar a quitarle un cuarto de los votantes y rascar lo suficiente de otras fuerzas de derechas para llegar a pasar a la segunda vuelta, arrebatándole el puesto como líder de la extrema derecha francesa.

Como han afirmado múltiples analistas queda aún por ver si será capaz de mantener el ritmo de una campaña presidencial en caso de confirmarse la candidatura o si los sondeos tan favorables a su figura han tocado techo ya. No deja de ser evidente que una parte de las simpatías que recoge provienen de que por ahora es un candidato “outsider”, que consigue –a pesar de que no sea cierto–, dar la imagen de que no pertenece a la misma clase política con la que quiere disputarse el voto de la derecha. Sin embargo, continúa siendo un fenómeno relevante porque su mera presencia está favoreciendo que se polarice hacia la derecha el debate entre partidos del régimen, que compiten entre sí (incluyendo a la izquierda reformista) por ver quien está más a favor de discursos racistas de orden y seguridad. Queda por tanto ver qué ocurrirá finalmente en la carrera presidencial.






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