Internacional

Estados Unidos un paso más cerca de la guerra

El miércoles por la noche, el presidente norteamericano Barack Obama expondrá en un discurso televisado su estrategia militar para lidiar con las milicias del Estado Islámico en Irak y Siria.

Miércoles 10 de septiembre de 2014

El miércoles por la noche, el presidente norteamericano Barack Obama expondrá
en un discurso televisado su estrategia militar para lidiar con las milicias del
Estado Islámico en Irak y Siria. La brutalidad de esta fuerza islámica, surgida de
las entrañas de al Qaeda, le dio a Estados Unidos un nuevo casus belli: por primera vez en una década, después de las desastrosas guerras de Irak y Afganistán y de la derrota de la estrategia militarista de Bush, la mayoría de los norteamericanos parece estar de acuerdo con que sus fuerzas armadas bombardeen Irak (71%) e incluso que extiendan su accionar a Siria (65%).

El resultado no sorprende. Esta encuesta de Washington Post y ABC News, ampliamente difundida para ir generando el clima guerrero, fue realizada luego de la aberrante ejecución de los dos periodistas estadounidenses, decapitados por el EI.

Sin embargo, este nuevo enemigo, como antes los talibán y al Qaeda, no es expresión de fuerzas oscuras inexplicables, sino en gran medida, producto de la
propia política imperial de Estados Unidos.

Hace solo un año, Obama retrocedía de intervenir militarmente en Siria ante la
enorme impopularidad de una nueva guerra, y la derrota segura que iba a sufrir en el Congreso que ya había anticipado que no autorizaría la operación.

Ahora el EI parece haberle dado la excusa. La administración Demócrata trabajó en los últimos días para darle un barniz de legitimidad a su nueva aventura imperial en Medio Oriente.

La intervención respondería al pedido de auxilio del nuevo gobierno iraquí constituido el 8 de septiembre. Este gobierno “all inclusive” es un intento de
recrear una “unidad nacional” entre kurdos, shiitas y sunitas, un requisito de
Estados Unidos para involucrarse en el combate directo contra el EI.

También habría planes para reconstruir las fuerzas de seguridad iraquíes integradas por milicias sunitas y shiitas. De esta manera, Estados Unidos pretende restablecer el equilibrio de poder entre las principales fuerzas iraquíes –roto bajo el gobierno de al Maliki- y contrarrestar el accionar de potencias regionales rivales –como Irán y Arabia Saudita- que las patrocinan y alientan las tendencias a la guerra civil.

El gobierno de Obama también está tratando de reunir una coalición internacional integrada por miembros de la OTAN y países de la Liga Árabe, que se comprometa en el combate contra el EI.

Paralelamente, Estados Unidos planea aumentar la asistencia a las fuerzas
islamistas moderadas que enfrentan al régimen de Assad en Siria, como el alicaída Ejército Libre Sirio. Una mayoría de la población de Estados Unidos comparte la percepción de que EI es una “amenaza seria a los intereses vitales de Estados Unidos”.

Ayudado por el carácter absolutamente reaccionario del EI, el gobierno norteamericano parece haber tenido un éxito relativo para vender a la opinión pública esta nueva incursión militar, ilusoriamente incruenta y de corta duración,
limitada a ataques aéreos.

Obama le hablará al país para decirle que se embarca en una guerra, que se
sabe cuándo comienza pero no cuándo termina, en un momento crítico para el
presidente. Solo el 43% de los encuestados lo considera un líder fuerte y más de
la mitad cree que su presidencia es un fracaso. Sobre esta percepción presiona
el Partido Republicano para adoptar una política militar más agresiva. Pero este
apoyo circunstancial, conseguido cuando aun están frescas las imágenes del
verdugo del EI decapitando a un indefenso ciudadano norteamericano, puede
desvanecerse tan rápido como ha surgido, como se ha desvanecido el efecto 11S sobre el cual Bush intentó cimentar el “nuevo siglo americano”, un sueño imperial que acabó en pesadilla en Irak y Afganistán.






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