Política Estado Español

DISCURSO FELIPE VI

Felipe VI bendice la nueva recorversión de los Fondos Europeos y nos pide que nos preparemos para los esfuerzos necesarios

Desde su lujoso palacio bendijo el plan de ajuste subvencionado por la UE y remarcó que la Constitución del 78 debe seguir siendo inamovible. Como era de esperar no habló del emérito. Unidas Podemos critica lo que no dijo porque con lo que sí dijo están de acuerdo. PSOE y la derecha lo aplauden.

Santiago Lupe

@SantiagoLupeBCN

Sábado 25 de diciembre de 2021 | 08:48

Felipe VI volvió a bendecir esta Nochebuena el grueso de la labor de los diferentes gobiernos ante la persistente crisis socio-sanitaria, la inamovible Constitución y el que empieza a configurarse como el nuevo consenso que incluye desde el progresismo en el poder a la extrema derecha, pasando por los partidos independentistas catalanes y el nacionalismo vasco, los Fondos Next Generation.

Por su puesto, y como era previsible, ni una palabra de la situación de su padre, el emérito fugado en Abu Dhabi, ni de nada relacionado con la Casa Real. Unidas Podemos y la izquierda institucional han salido a quejarse pero ¿Qué esperaban? A veces su republicanismo sui generis se acerca más a una ensoñación imposible con una futura monarquía más “transparente” y “democrática”. Pero Felipe V fue a lo suyo, como no podía ser de otra manera.

Arrancó con un saludo protocolario a los afectados de La Palma para recordarles que no se olvidaban de ellos, aunque a tres meses de haber perdido su vivienda cientos siguen malviviendo en caravanas o casas de familiares.

También formal fue su mención a la crisis sanitaria y la sexta ola. Primero se autofelicitó por el éxito del la campaña de vacunación de la que “podemos sentirnos satisfechos”, y después, siguiendo el argumentario del gobierno central y los autonómicos, se lamentó de lo rápido que se transmite la nueva variante. Como si este nuevo pico de contagios fuese otro mal sobrevenido contra el que nada se pudiera haber hecho, no hizo ni una sola mención al estado de la sanidad pública, a la falta de recursos o la sobrecarga de sus trabajadores y trabajadoras, que la están llevando a un nuevo colapso. Esi sí, no falto un llamamiento a la “responsabilidad individual y colectiva” para culpar a la ciudadanía del inminente “paso atrás” que viviremos en las próximas semanas.

Sobre la enorme crisis social se felicitó también por la recuperación económico y el descenso del paro este 2021. Mostró su preocupación por el aumento de la pobreza, la falta de empleo estable y la evolución de los precios, pero para descargar responsabilidad alguna en patronal y gobierno en este terreno cerró el bloque aludiendo a las tendencias internacionales de las que dependemos y explicarían estos “detalles".

El discurso siguió, entrando en momento que recordaba al viejo programa televisivo “Un, Dos, Tres” en el que le hubieran pedido que dijera el mayor número de lugares comunes en un minuto. La importancia de las nuevas tecnologías, la “ciencia avanza pero modifica muchos aspectos de nuestras vidas”, “vivimos tiempos complicados”, “en un escenario lleno de incertidumbres y de contrastes”...

Un rodeo que parecía acabar cuando se preguntó “ante esta situación ¿Qué hacer? Pero no, la lista de generalidades no había terminado. No podemos “dejarnos llevar por el pesimismo”, ni tampoco por el “conformismo esperando que los problemas se resuelvan por sí solos”, debemos “entender y asumir las nuevas transformaciones”, tenemos que “ir por delante”, “adaptarnos a los cambios”, “todos deseamos una sociedad avanzada”, estamos comprometidos con el “equilibrio medioambiental”...

Toda esta palabrería para lanzar el aspecto de contenido más relevante de todo lo que dijo “los desafíos que tenemos por delante representan para España, como para muchas otras naciones, una auténtica encrucijada; pero son sin duda una oportunidad histórica, incluso una exigencia para ponernos al día, para actualizar y modernizar nuestro país (…) En lo que hagamos está en juego que podamos seguir avanzando, junto a las naciones más avanzadas, o que perdamos el paso en nuestro camino”.

El rey se sumaba desde su palacio al proyecto del gobierno y el conjunto de partidos del régimen de ir a una reconversión del capitalismo español en los próximos años, en la tónica de los planes de la UE, que son la condición para recibir nada menos que 140 mil millones de fondos. Un nuevo ajuste que incluye nuevos recortes sociales, que de momento se han pospuesto al 2023, y nuevas contrarreformas de pensiones y laborales. El mantenimiento del grueso de la del PP que se recoge en el reciente acuerdo con patronal y burocracia sindical, es solo un primer adelanto.

Como otras transformaciones de este calado en la historia la pregunta es ¿Quien asumirá los costes? Ayer Felipe V adelantó que seremos todos, o lo que es lo mismo, los de siempre. Nos dijo que en esta tarea “las instituciones tenemos la mayor responsabilidad”. Tuvo hasta la sinvergonzonería de decir que tenían que “respetar y cumplir las leyes”, mientras mantiene a su padre en un retiro dorado a costa del erario público. Pero a renglón seguido añadió que “sin duda también la sociedad tiene que jugar un papel esencial” y recordó que las circunstancias nada fáciles que nos han tocado vivir sobre todo a lo largo de los últimos 40 años nos han forjado como una sociedad fuerte y responsable”. Una referencia al mantra del gran “esfuerzo y sacrificio” que forjaron la prosperidad de la democracia y que ahora sería momento de reeditar para un desafío similar.

Pero si hablamos de “esfuerzo y sacrificio” ni el más monárquico podrá defender sin sonrojarse que este haya sido el caso de la familia real. Estas cuatro décadas, a golpe de comisiones y negociazos en común con los grandes capitalistas, catapultaron a los Borbones a la Lista Forbes. Mientras millones de trabajadoras y trabajadores padecieron las reconversiones industriales, décadas de desempleo masivo, una precariedad estructural de un 30% y el grueso de los costes de las diversas crisis, incluidas la de 2008 y la actual.

No podían faltar sus menciones a la Constitución del 78 como el marco que “nos integró en las modernas democracia occidentales”, e inculcó los valores de “unidad”, “diálogo”, “respeto”, “integración”.... La definió esta vez como “la viga maestra que ha favorecido el progreso” y por lo tanto “merece respeto, reconocimiento y lealtad”.

Este sería pues el marco inamovible para encarar la nueva etapa. Una forma elegante de decir que “el que saque los pies del plato” se queda fuera del reparto. Un mensaje que hace tiempo entendieron los dirigentes independentistas catalanes que cierran 2021 embarcados de regreso a la autonomía a cambio de una participación significativa de los fondos.

Estos últimos, los euritos para la nueva gran fiesta de la democracia y el IBEX35, no salieron hasta el final del discurso. Felipe VI los mencionó en el marco de una reivindicación general de la UE, definiéndolos como unas fondos que servirán para “modernizar el país y las empresas, en clave digital, verde, inclusiva...” y “una ocasión única que no podemos desaprovechar”.

Acabó su mensaje con algún que otro saludo protocolario a todos “los servidores públicos” y una felicitación navideña en castellano, euskera, catalán y galego para demostrar que, a pesar de ser el monarca del 155, tiene mucha sensibilidad con todos sus súbditos.

Ninguna sorpresa por lo tanto. Este 25 las reacciones han sido también las de esperar. Críticas de la izquierda institucional y los nacionalismos periféricos por lo que no dijo – el problema es que están de acuerdo con lo que sí dijo, ya que es su proyecto desde Moncloa o desde el apoyo parlamentario a Moncloa – y aplausitos del PSOE y todas las derechas.

La lucha contra esta reaccionaria institución sigue siendo una demanda democrática pendiente que, además, está profundamente ligada a la pelea contra una democracia al servicio del IBEX35 y las hojas de ruta del capitalismo español para salir de la actual crisis a costa de un nuevo “sacrificio histórico” a cargo de las y los trabajadores y sectores populares.






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