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Finaliza la huelga del metal en Cantabria: ¿Se podría haber conseguido más?

Tras 20 días de huelga CCOO, UGT y USO llegaron a un preacuerdo con Pymetal que fue ratificado en una multitudinaria asamblea de más de 1200 trabajadores. La huelga ha demostrado la fuerza de los trabajadores del metal y su gran moral en la lucha, a pesar de la mala preparación por parte de las direcciones sindicales y de los límites del acuerdo. Las luchas por el salario no terminan aquí, los trabajadores del metal en Euskadi siguen su ejemplo iniciando justo ahora otra huelga del sector.

Elías Lavín

Jueves 23 de junio
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La asamblea que ratificó el acuerdo tuvo lugar este martes por la tarde en el Palacio de Festivales de Santander, en un ambiente de tensión entre los trabajadores y los delegados sindicales de la comisión negociadora. La reunión fue en realidad era un acto de los sindicatos, CCOO, UGT y USO para pedir el voto a favor del acuerdo. Pero la gran cantidad de trabajadores disconformes con el preacuerdo acabó convirtiendo el acto en una asamblea real. Los delegados se vieron obligados a abrir un “turno de preguntas” antes de la votación, en el que la gran mayoría de los trabajadores criticaron los límites del preacuerdo frente a las expectativas iniciales por las que salieron a luchar. Mostraban así la voluntad de una parte de los huelguistas de seguir con la lucha.

Recordemos que las exigencias iniciales de los trabajadores eran que no desapareciera el contrato de relevo (la prejubilación), ni el plus de distancia, los cuales querían ser eliminados por Pymetal. También que no desapareciera el cobro de los atrasos, del que pedían que se tomara como referencia el IPC real de cada ejercicio. Asimismo, exigían una revisión salarial debido a la inflación, con una subida del 6,5% para 2021 y para el resto de los ejercicios que este incremento se ajustara al 100% del IPC real.

La patronal, por su parte, trataba de lanzar un ataque en toda la línea a los derechos de los trabajadores. Los salarios llevaban congelados desde 2020, y el convenio vencido año y medio. En la segunda semana de huelga, la propuesta de Pymetal fue la de eliminar el plus de relevo y el plus de distancia, una paga única por trabajador de 600 euros correspondiente a 2021 y un incremento salarial del 4,5%. Además, ofrecía en 2023 un incremento salarial del 3,5% y revisión a tablas en el 60% del IPC real del año, sin pago de atrasos. En 2024, el incremento salarial sería del 3,5% con la misma de tablas.

El preacuerdo que presentaron los sindicatos en la asamblea conserva el plus de distancia y el contrato relevo. Asimismo, logra un incremento salarial a tablas en 2021 del 3,5%, más pago de atrasos de 250 euros. En 2022, un aumento del 4,5% a tablas, con abono de atrasos del 8%, y revisión del IPC Real al 65% sin atrasos. En 2023 y 2024 un 3% de incremento a tablas, con una revisión del IPC Real al 85% sin atrasos.

Este preacuerdo fue ratificado en la asamblea, con 495 votos a favor. Pero como decimos, en la asamblea de más de 1200 trabajadores el ambiente no dejó de ser tenso en todo momento, debido a que una buena parte de los trabajadores consideraban que se podría haber conseguido más. El grito de que el acuerdo “no nos vale” y “seguimos”, refiriéndose a la huelga, inundaba por momentos la Sala Argenta. Y es que el acuerdo con Pymetal, si bien no elimina los derechos consolidados del convenio que los trabajadores consideraban fundamentales -como los pluses de distancia, el plus convenio y el contrato de relevo- supone también un acuerdo salarial a la baja.

A pesar de ello, las lecciones son claras. La huelga ha demostrado que no era verdad lo que planteaba Pymetal de que si los trabajadores luchaban por conservar sus derechos, los costes iban a resultar inasumibles para las pymes. Por su parte, las declaraciones de la CEOE a través de la Federación Cántabra del Metal, que engloba a las grandes empresas del sector, también se demostraron falsas al afirmar que la huelga era “un lujo que no nos podemos permitir”. La lucha de los trabajadores también ha demostrado para quién trabajan los principales medios de comunicación, que presentaban a los huelguistas como delincuentes, sobredimensionaban las propuestas de la patronal, o silenciaban el conflicto. La huelga es un pulso, la determinación de los trabajadores y su fuerza, que se expresó en un 95% de seguimiento de la huelga y en piquetes contundentes en los principales polígonos y astilleros de Cantabria, es la que hizo posible torcer el brazo a la patronal y frustrar sus objetivos iniciales.

Sin embargo, no se consiguió todo lo esperado. La pregunta de un trabajador “¿qué posibilidades tenemos de conseguir algo más?”, es, seguramente, la pregunta que quedó rondando en las cabezas de todos lo que acudieron a la asamblea. El principal obstáculo para lograr “algo más” han sido los propios dirigentes sindicales que lideraban la huelga. Esto fue así desde el principio del conflicto, si bien en la asamblea del martes fue más tangible que nunca. La huelga se extendió y logró un gran seguimiento a pesar de muchas de las acciones de los sindicatos. La no preparación de una caja de resistencia es un hecho incomprensible a ojos de los trabajadores. Esto habría supuesto un colchón económico para los huelguistas, y una forma de concretar el apoyo de todas las personas que se solidarizaban pero que no trabajaban en el metal.

Asimismo, tampoco tenía sentido que la huelga se convocara sin realizar antes asambleas por centro de trabajo o por polígono que permitieran a los trabajadores discutir los motivos de la huelga, precaverse ante el chantaje de la patronal, y organizar de forma democrática los piquetes. Estas asambleas habrían permitido una mayor participación y movilización de los trabajadores que decidieron no acudir a los piquetes, así como nombrar representantes que vigilaran las propuestas de la comisión negociadora, en la que tan solo había delegados de CCOO, UGT y USO, y ningún trabajador sin afiliación sindical.

Finalmente, resultó crucial para poner límites a la huelga, que no se convocara huelga en las grandes empresas del metal, que no están dentro de Pymetal, sino de la Federación Cántabra del Metal. Sin embargo, también se ven afectados por la inflación y son parte del mismo proceso productivo, la mayoría de las pymes del metal trabajan para estas grandes empresas y la huelga las dejó totalmente paralizadas. Organizar la solidaridad con las plantillas de las grandes empresas del metal, con convenios propios, y que saliesen a luchar junto a los trabajadores de las pymes habría supuesto un gran incentivo a la lucha.

A pesar de todo esto, hay algunos elementos que permiten afirmar que existían posibilidades reales de conseguir un mejor acuerdo. El primero de ellos es el enorme seguimiento de la huelga, del 95%, otro la gran participación en la manifestación de semana pasada (20.000 personas acudieron a la manifestación en Santander, una de las más grandes en décadas), y, especialmente, la radicalización y crecimiento de los piquetes en esta semana, la tercera semana de huelga, que muestra que había suficiente fuerza y voluntad de luchar como para continuar la lucha y lograr un mayor incremento salarial en el convenio. Hay que añadir la moral de lucha que había en la asamblea del martes. Si bien CCOO, UGT y USO pidieron el voto favorable, 242 trabajadores votaron en contra y más de 400 trabajadores se abstuvieron de votar. Una base que expresa el descontento y que la fuerza de la huelga todavía no estaba agotada.

La pelea de los trabajadores de Cantabria porque se incluyesen en el convenio cláusulas de revisión salarial de acuerdo al 100% del IPC, que eran los objetivos iniciales de la huelga, sigue vigente. La lucha de los obreros del metal en Cantabria muestra el camino. La confianza de los trabajadores en sus propias fuerzas para salir a luchar y parar la producción es lo que permitirá, no solo resistir a la patronal, el chantaje de las eléctricas y la subida de precios por la inflación, sino lograr mejoras y avances en el futuro independientemente de quién este en el gobierno autonómico y en el gobierno central, e independientemente del silencio y las mentiras de los medios de comunicación.


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