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¿Hacia una mayor expansión de la OTAN en los países nórdicos?

La invasión reaccionaria de Putin a Ucrania incide en la correlación de fuerzas en Europa. Ahora Suecia y Finlandia, que se habían mantenido históricamente neutrales, consideran unirse a la OTAN.

Óscar Fernández

Miércoles 18 de mayo
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Las primeras ministras de Suecia, Magdalena Andersson (izq.), y de Finlandia, Sanna Marin, en conferencia de prensa conjunta en diciembre de 2021. Imagen: Markku Ulander/Lehtikuva/AFP via Getty Images

A casi tres meses de iniciar las hostilidades bélicas entre el reaccionario régimen bonapartista de Putin y el gobierno pro-UE de Zelensky, en los últimos días resonó la noticia de la nueva postura de Suecia y Finlandia. Es una adición más a la reubicación estratégica de Europa en su conjunto, en la cual destaca principalmente Alemania, que había anunciado un aumento del presupuesto destinado a la OTAN.

Con ello, Alemania podría convertirse en el país en Europa que más aporta en términos económicos al rearme y sostenimiento de la OTAN dada su capacidad como potencia imperialista en función de que aquélla actúe como garante de la hegemonía burguesa imperialista occidental encabezada por Estados Unidos. Pero estos reacomodos también alcanzaron la península escandinava al hacerse pública la posición de Suecia y Finlandia de pedir su acceso a la coalición imperialista.

“Hay una clara mayoría parlamentaria que respalda la adhesión”, fueron las palabras de la primera ministra, Magdalena Andersson, del Partido Socialdemócrata Sueco. "Nosotros los socialdemócratas creemos que lo mejor para la seguridad de Suecia y el pueblo sueco es unirnos a la OTAN", declaró luego de que el parlamento aprobara un documento que plantea que "la pertenencia de Suecia a la OTAN tendría un efecto disuasorio". En Suecia, desde el mes pasado circulan datos de diversas encuestas que presentan un sorprendente 51% de la población sueca a favor de que el país escandinavo se una a la OTAN.

Según Andersson, la decisión estuvo "profundamente influida" por los acontecimientos en la vecina Finlandia. Allí, su homóloga, la primera ministra, Sanna Marin, también miembro del Partido Socialdemócrata Finlandés, aseguró que confirmaría la decisión tomada en el parlamento "en los próximos días".

En Finlandia, otrora parte del imperio ruso; aún persisten en la memoria histórica las atrocidades de la "Guerra de Invierno", la invasión fallida de Stalin a Finlandia, tres meses después del comienzo de la II Guerra Mundial. En Finlandia, el servicio militar se hace pensando en clave de una hipotética invasión rusa. En ese sentido, la burguesía finesa ha aprovechado el clima guerrerista para encauzar a la población que era favorable en un 25% a unirse a la OTAN, hasta un elevado 76%.

La neutralidad finesa se debía a un genuino deseo de paz entre las naciones originado por la devastación de la Segunda Guerra Mundial, lo cual permitió que el partido finés pro-soviético, la Liga Democrática Popular de Finlandia (SKDL), llegara a ser de los partidos más votados en Europa e integrara incluso gobiernos de coalición. Así, la invasión de Putin fue aprovechada para cambiar la opinión pública de ambos países.

Asimismo, el pasado 15 de mayo, la OTAN se reunió en Berlín para evaluar el ingreso de ambos países. El secretario general de la OTAN, Jens Stolberg, afirmó que "su ingreso en la OTAN aumentaría nuestra seguridad compartida, demostraría que la puerta de la OTAN está abierta y que la agresión no paga".

Rusia advierte y Turquía anuncia veto

Pero la noticia no pasó sin tener reacciones de propios y ajenos. Por supuesto, Moscú no dudó en responder. En palabras del ministro de Relaciones Exteriores, Sergei Ryabkov, advirtió a los países nórdicos que "no deberían hacerse ilusiones de que simplemente lo toleraremos" y que su "error tendrá consecuencias de gran alcance". Pero Putin declaró que la decisión no presenta "ninguna amenaza directa para Rusia" y que no tiene "ningún problema" con su ingreso en sí.

Obviamente la consideración de Putin tiene un límite, ejemplificado hoy en Ucrania, ante la posibilidad de que proliferen bases militares de la OTAN con armamento pesado en países limítrofes con Rusia. Por otra parte, como la guerra en Ucrania ha demostrado, la OTAN también tiene sus límites, pues no puede garantizar con sus propias tropas y armamento una protección al gobierno de Zelensky, quien ha recurrido innumerables veces a los medios internacionales para pedir el ingreso de tropas extranjeras por la insuficiencia con la que cuentan sus propias fuerzas armadas ante las tropas de Putin.

Suecia y Finlandia correrían la misma suerte: la OTAN permitiría que entre ellos se masacren, en el caso casi improbable de que Rusia los atacara, a menos de que se desencadene el también muy poco probable escenario de una tercera guerra mundial. A su vez, terminarían endeudadas en gran media gracias al suministro obligado de armas proporcionado en primer lugar por Estados Unidos y en segundo por Alemania, cuyas empresas armamentísticas se verían altamente beneficiadas debido al ingreso de los países nórdicvos al mercado militar de la coalición.

Por otro lado, al interior de la OTAN, en la que sus 30 miembros tienen capacidad de veto, el presidente de Turquía, Erdogan, afirmó que "estamos siguiendo los acontecimientos en Suecia y Finlandia, pero no tenemos posiciones favorables". Acto seguido, anunció su intención de vetar la entrada de ambos países nórdicos, justificándose en que “los países escandinavos son prácticamente albergues de organizaciones terroristas", e insistió Erdogan: "Hay incluso sostenes del terrorismo en los parlamentos de algunos países. No nos es posible estar a favor", acusación basada en que opositores a su gobierno miembros del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) han recibido el asilo político en estos países.

Así, los intentos de la OTAN de ampliar su membresía a costa de países cercanos a las fronteras rusas para intensificar el aislamiento de Rusia, se darían no sin fuertes contradicciones internas con uno de sus miembros, Turquía. Mostrando al mismo tiempo que la negativa, hasta ahora, de las potencias imperialistas a enfrentarse directamente con el ejército invasor ruso ─lo que no les impide lanzar una política de rearme a las principales potencias europeas─, les lleva a mantener como opción privilegiada la vía diplomática que, además de las fuertes sanciones económicas, optaría por el engrosamiento y expansión territorial del enorme aparato militar de la OTAN impulsado por el imperialismo estadunidense desde los tiempos de la guerra fría.


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Óscar Fernández

Politólogo - Universidad Iberoamericana

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