Cultura

CIENCIA Y CAPITALISMO

Hawking, el futuro del capitalismo y la desigualdad

En octubre de 2015, el reconocido físico y cosmólogo Stephen Hawking hizo una dura crítica al modelo capitalista. Con los rápidos avances tecnológicos de las últimas décadas así como la informática, la robótica y la inteligencia artificial, hemos visto crecer las desigualdades económicas a un ritmo alarmante a la par de que las riquezas de los poseedores de dicha tecnología aumentaban estratosféricamente.

Aztlán Almodóvar

Corresponsal en Ciudad Juárez, Chihuahua

Miércoles 3 de febrero de 2016

Ante este panorama, Hawking cree que si las máquinas terminan por reemplazar el trabajo manual humano, caeremos en una distopía de unos cuantos poseedores y cientos de millones de desposeídos viviendo en la pobreza extrema, sin poder adquisitivo ni empleo para alcanzarlo. En una sesión de “pregúntame lo que quieras” de Reddit, Hawkins escribió:

"Si las máquinas producen todo lo que necesitamos, el resultado dependerá de cómo se distribuyen las cosas. Todo el mundo podrá disfrutar de una vida de lujo ociosa si la riqueza producida por las máquinas es compartida, o la mayoría de la gente puede acabar siendo miserablemente pobre si los propietarios de las máquinas cabildean con éxito contra la redistribución de la riqueza. Hasta ahora, la tendencia parece ser hacia la segunda opción, con la tecnología provocando cada vez mayor desigualdad".

La sustitución del trabajo humano por máquinas ha sido siempre uno de los temores de la clase trabajadora. Al inicio de la revolución industrial, ese miedo dio lugar a una reacción violenta de los trabajadores conocida como el movimiento ludista: en Inglaterra, los trabajadores textiles protestaron contra los despidos y las dificultades económicas destruyendo equipos industriales y fábricas. Hoy en día, ese temor está más presente que nunca con la cercana eliminación de muchos puestos de trabajo fabriles previamente estables en ciudades como Baltimore y Detroit, sustituidos en gran medida por la automatización.

Este tipo de innovación tecnológica que tiene lugar en toda la historia del capitalismo es lo que Joseph Schumpeter llamó la "destrucción creativa", que describió como un "proceso de cambio industrial que revoluciona incesantemente la estructura económica desde dentro, destruyendo sin cesar la antigua, creando incesantemente una nueva”. Schumpeter llamó a este proceso “la característica esencial del capitalismo".

Iniciando el 2016 se han anunciado muchos empleos que desaparecerán y muchos de ellos no tienen una conexión directa con la rama industrial, lo cual es realmente preocupante. De acuerdo con Yahoo Noticias, la consultora McKinsey & Co. declaró que cerca del 45% de la labor que hacen empleados estadounidenses puede ser realizada por máquinas o computadoras.

Del mismo modo empleos que tienen que ver con la contabilidad, auditorías y facturaciones serán reemplazados en los próximos años por software. Los técnicos automotrices, obreros de la construcción, panaderos y carniceros están bajo el esquema de la automatización, al borde de la extinción.

No es la primera vez en la historia que el devenir tecnológico extingue trabajos y oficios. Sin embargo, a la par que unos empleos y profesiones dejaban de existir, aparecían otras que hacían útil al ser humano dentro de la pirámide social y de producción. No obstante, la automatización y la inteligencia artificial no vienen a sustituir unos trabajos por otros para el ser humano, sino a suprimirlos y a hacer innecesaria la intervención humana en el desarrollo de los mismos.

Es aquí donde yace la preocupación de Hawking acerca no del inevitable avance tecnológico, sino de los propietarios de dicho avance y la tecnología relacionada con él. Todo apunta a que los poseedores de los nuevos medios de producción serán un puñado de personas que paradójicamente tendrán mucho que vender pero nadie a quién vendérselo salvo a sus pares de la clase poseedora, relegando las masas a la pobreza y la marginación en un mundo de abundancia.

Esta cuestión podría parecer ilógica: un mundo lleno de riquezas al alcance de todos pero reservados sólo a unos cuantos poseedores de la tecnología para producirlos.

Una salida lógica, pacifista y utópica sería que los dueños de la tecnología fueran capaces de compartirla fraternalmente con el resto de la humanidad. Sin embargo, eso jamás ocurrirá y la historia nos lo ha demostrado siglo tras siglo. Sólo existirá una salida para hacerse con la tecnología que se ha ido desarrollando con la intervención de las masas obreras a lo largo de la historia, y esa será una salida revolucionaria y por la fuerza contra los poseedores. De lo contrario, el futuro de las mayorías, cual película de ciencia ficción, será el futuro cada vez más temible que estamos dando en cuenta con el pasar de los años, un futuro triste y desolado para el 99% de la población mundial.

Un futuro desalentador

Sólo basta con mirar en lo que se ha convertido el mundo para darnos cuenta de que algo está terriblemente mal con el actual sistema y su modo de sobrevivir a cuestas de todos y de todo a nuestro alrededor. Con la peor crisis ecológica de la historia, con cientos de extinciones, hambrunas en unas partes y obesidad en otras, contaminación, precariedad, guerras y desigualdad, xenofobia, marginación y discriminación es que no han pasado ni dos décadas del siglo XXI y ya los científicos hablan de un camino sin retorno hacia nuestra propia extinción como lo veíamos en este texto que salió en Izquierda Diario.

Es imperativo empezar a construir las bases de una organización internacional completamente anticapitalista, socialista y revolucionaria que cuestione, como lo han hecho Einstein y Hawking, al actual sistema capitalista, y no sólo eso, sino que luche por el derrocamiento del sistema que nos consume día a día.






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