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¿Huelga contra la guerra y la inflación? Una idea (de las obreras) con más de 100 años

¿Viene un invierno de frío, guerra y precios altos? Esta situación tiene paralelismos con la lucha que levantaron miles de obreras hace mas de 100 años. Conócela para pensar hoy en día como luchar contra la guerra y que la crisis la paguen los capitalistas.

Jorge Remacha

Lunes 19 de septiembre
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Los efectos de la guerra y las sanciones en Ucrania, junto con un gasto militar extraordinario, son la razón de fondo de esta subida de precios que amenaza las condiciones de vida de millones en todo el planeta. Al mismo tiempo los capitalistas aparecen convencidos, no solo de continuar la guerra, sino de hacerla pagar a la clase trabajadora, utilizándola como justificación para subir los precios mientras los salarios se quedan atrás.

Ya en toda Europa hay un goteo de huelgas por aumentos salariales o condiciones laborales que se producen como respuesta a una alta inflación, desde el correo al petróleo o los transportes, desde Reino Unido a Alemania o Italia. Tal vez la historia de la clase trabajadora en lucha tenga algo que recordarnos.

Conoce estas luchas con más detalle: [DOSSIER FOTOGALERÍA] Así fueron las huelgas de mujeres que hace 104 años pararon todo

En 1918 arrancaba una oleada de huelgas de mujeres en más de 30 ciudades del Estado español contra la carestía de la vida, enfrentando el frío, el hambre y la represión. Ese invierno vació las despensas de las familias obreras y llenó las calles de mujeres en lucha contra el alza de los precios de la comida y el carbón.

Según avanza la guerra, se multiplican por toda protestas y huelgas encabezadas por mujeres: en 1915 en Berlín, una gran manifestación contra la guerra, y en Glasgow, una huelga de alquileres, en 1916 en toda Francia, el saqueo a almacenes y depósitos de carbón, y en Austria protestas contra la guerra, en 1917 en París, la huelga contra la guerra, con costureras y municioneras a la cabeza, entre otras movilizaciones, o en 1918 en toda Austria, Suiza o Alemania estallan huelgas contra el hambre que paralizan cientos de fábricas. Este tipo de huelgas llegan hasta Chile o Japón.

Ya no sólo se trata de las obreras de Barcelona, Málaga o Alicante peleando por controlar los precios. La guerra y la inflación golpean a la clase trabajadora de todo el mundo.

Coincidencia 1: la energía, otra vez un terreno de lucha de clases

La pelea por el carbón no era para menos, ya que se trataba de uno de los inviernos más duros del siglo XX y en el Estado español su precio se había triplicado en cinco años, por los efectos de la guerra, pero también por la especulación capitalista. Los distribuidores recibieron el nombre de “acaparadores” y a través de la lucha de miles de obreras, un acaparador se convirtió en un objetivo a expropiar.

No hace falta alarmarse, hoy en día las eléctricas nunca nos harían algo así. Solamente el coste interanual de la factura combinada de electricidad y luz en Reino Unido pasaría de 1400 libras en octubre de 2021 (tras una subida durante la pandemia) a un cálculo de 3358 libras (4000 euros) en octubre de 2022. Por ello hay una campaña que proponer dejar de pagar las facturas masivamente.

Se esperan subidas similares en toda Europa, dando escenarios en los que millones de personas se enfrenten al invierno sin poder pagar la luz o el gas, con una inflación desbocada que se come el salario. También en Alemania el gobierno anunció subidas a partir del 1 de octubre con un costo adicional de hasta 1.000 euros más al año en la factura por cada hogar medio. En el Estado español ya se han vivido picos de quintuplicación de la factura respecto al año anterior en el invierno de 2021-2022.

Por eso es necesario luchar por la nacionalización sin indemnización de las grandes compañías eléctricas y de servicios públicos, bajo control, administración y gestión de trabajadores y control de los usuarios populares. De este modo se podría acceder a tarifas bajas o gratuitas para quienes no pueden pagarlas.

Coincidencia 2: llenar el carro y controlar los precios

Entre 1913 y 1918, también el precio de los alimentos casi se había doblado de media. La razón era la especulación con ellos por parte de lo más selecto de la burguesía española. Además, el envío y la ocultación productos para la exportación, más rentable en guerra, especialmente agroalimentaria, textil y del carbón, provoca el desabastecimiento. Debido a la Primera Guerra Mundial, podían exportarlos a precios elevadísimos, creando inmensas fortunas. Las 55 principales empresas españolas ganaron 61.500 millones en 2021, un 88,4% más que antes del COVID y en 2022 sus beneficios siguen aumentando.

El resultado de estas medidas fue la inflación y la pérdida del salario real, ya que en cinco años los precios habían aumentado un 113%, frente a un aumento del 25% del salario. En 2022, mientras los precios siguen subiendo y el IPC supera el 10%, los salarios apenas han aumentado un 2,45%.

Ya entonces las realizaban todo tipo de maniobras para justificar que no pueden subir los salarios o para aumentar sus precios. Por ello, hay que exigir que sus balances contables sean públicos. Para impedir la especulación sobre los precios que hacen grupos empresariales como los grandes supermercados y empresas alimenticias, la hostelería o la vivienda, es necesario imponer el control de precios mediante comités de trabajadores y consumidores sobre todas las cadenas de productos esenciales, desde la producción, distribución hasta la venta en grandes superficies.

Luchas como estas nos sirven para pensar en el siglo XXI como pelear por el control de precios mediante comités de trabajadores y consumidores sobre todas las cadenas de productos esenciales, desde la producción, distribución hasta la venta en grandes superficies.

Coincidencia 3: abajo las armas, arriba los salarios

Un lema que recorrió numerosas manifestaciones obreras en Italia en 2022 fue ¡Abajo las armas, arriba los salarios! Contra la maquinaria de guerra y las consecuencias que pagan las clases obreras de todo el mundo.

Para que la inflación no se coma el salario es necesario extender la pelea por cláusulas de revisión salarial automáticas y mensuales en todos los convenios y contratos por fuera de convenio de acuerdo al aumento del IPC, con subida de emergencia de salarios y pensiones. Otra medida para trabajar menos y trabajar todes sería reducir la jornada a 6 horas diarias con cinco días laborales a la semana, es decir treinta horas semanales, sin reducción salarial y con un salario mínimo de 1500 euros.

Europa: guerra, inflación y huelgas obreras

Volviendo a 1918, mientras incluso los países que no están en guerra vivían una inflación galopante, en el resto de Europa, la Primera Guerra Mundial es una carnicería para la clase obrera desde 1914. Millones de obreros son enviados al frente a matarse entre sí y millones de mujeres ocupan los puestos que dejaron, haciendo interminables jornadas, pero cobrando la mitad del salario. Ellas también levantarán huelgas y protestas contra la guerra y la inflación, por derechos políticos para las mujeres o mejoras salariales en toda Europa.

Las organizaciones obreras deben ponerse a la cabeza de enfrentar la maquinaria de guerra e impulsar una movilización independiente contra los planes de rearme, los envíos de armas y de tropas a misiones en el extranjero, la guerra económica de las sanciones y las reaccionarias políticas de extranjería.

Coincidencia 4: un frente único contra la inflación y la guerra

Esta historia de mujeres organizadas, que en 1918 decidían sus demandas en mítines y asambleas, organizaban asaltos y repartos, impulsaban huelgas de miles de personas, enfrentaban a la policía o trataban de imponer el control de precios, ha sido poco estudiada y conocida. Sin embargo, supone un punto de reflexión sobre el aumento del precio de los alquileres, la electricidad o los productos básicos mientras la inflación se come los salarios, precarizados por sucesivas reformas laborales, pero también sobre la necesidad de combatir al capitalismo y el patriarcado para construir un feminismo combativo, de clase y militante.

Antes de 1918 este tipo de protestas ya existían, pero eran habitualmente sostenidas por mujeres sin contar con las organizaciones obreras, ya que no se habían desarrollado tanto y además el rol de administradora del hogar recaía sobre la trabajadora y los sindicatos se centraban en el papel de proveedor de salario asignado al trabajador. No en vano contaban con mucha más afiliación masculina. Cuando las trabajadoras peleaban contra el hambre o el frío en sus casas sin poder disponer de la fuerza sindical organizada perdían gran parte de sus herramientas para combatir. Cuando imponían a los trabajadores organizados salir a pelear por “lo asignado a las mujeres” esa unidad hacía temblar a los capitalistas y eran más frecuentes las victorias.

Empujar a la convocatoria de movilizaciones a los principales sindicatos fue determinante: o si imponía la debilidad de no contar con las organizaciones obreras más grandes, o la pelea suponía un revulsivo para que esas organizaciones integraran sus demandas.

De estas huelgas nacen múltiples sindicatos de inquilinas por la bajada de los alquileres, pero también políticas para organizar a las trabajadoras más precarias. El precio de la luz, los alquileres, la guerra... ¿os suena de algo? ¿Y si hay que despegar de sus asientos a la burocracia sindical para que convoque movilizaciones masivas para parar la maquinaria de guerra y que la crisis la paguen los capitalistas?

Hay que poner en marcha una gran campaña en todo el Estado que incorpore al conjunto de la clase trabajadora a esta lucha. De cara a esta tarea tiene una importante responsabilidad la izquierda sindical, pero también es necesario llamar a las bases de CCOO y UGT que quieren luchar para que pueda salir adelante.

Solo la lucha independiente de la clase trabajadora en todos los países, contra nuestros respectivos gobiernos, podrá detener esta escalada militarista que promete una degradación histórica de nuestras condiciones de vida.

Cinco medidas para enfrentar la inflación y que la crisis la paguen los capitalistas


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Jorge Remacha

Nació en Zaragoza en 1996. Graduado en Historia en la Universidad de Zaragoza. Milita en la Corriente Revolucionaria de Trabajadores y Trabajadoras (CRT) del Estado Español y en la agrupación juvenil Contracorriente.

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