MOVIMIENTO ESTUDIANTIL

Huelga en la URJC: centenares de estudiantes obligan al rector a entrar por galerías subterráneas

Finaliza la semana de huelga en la URJC con un enorme encierro y concentración que pone en jaque al rectorado, pese a que finalmente el Plan de Reordenación ha sido aprobado. Relatamos en palabras e imágenes el desarrollo de una jornada que ha movilizado a más de mil estudiantes.

Sábado 23 de febrero | 21:15

Este viernes el campus de Móstoles de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid ha sido el escenario de una movilización estudiantil como hacía tiempo no se veía en las universidades públicas madrileñas. Más de mil estudiantes procedentes de los distintos campus de la universidad mostraron su rechazo al Plan de Reordenación Docente propuesto por el rectorado.

Para la imposición del plan, que cuenta con el rechazo mayoritario de los estudiantes, el equipo rectoral se jugaba a su votación en el Consejo de Gobierno. Una institución universitaria compuesta por 51 miembros, de los cuales solo cuatro de ellos son estudiantes mientras que el rector tiene la potestad de designar directamente a quince de sus integrantes.

Tras una semana de huelga y movilizaciones, sus organizadores realizaron un encierro en el edificio rectoral durante la noche del jueves para protestar contra la celebración del Consejo de Gobierno convocado para la mañana del viernes. Más de 700 estudiantes acudieron a esta cita y realizaron una multitudinaria asamblea para organizar la resistencia contra la aprobación de un plan que pretende extinguir y trasladar varios grados de la universidad.

Temprano por la mañana los estudiantes se dispusieron en las diez puertas de acceso al edificio con el fin de bloquear la entrada a los consejeros de gobierno que pretendían asistir a la reunión. No así a los trabajadores de la universidad, a los que se les garantizó la entrada en todo momento. Una proeza que solo posibilitaba la gran cantidad de estudiantes concentrados que llegaron a superar los mil asistentes.

A la movilización acudieron también activistas de la marea pensionista y estudiantes procedentes de las universidades Autónoma, Carlos III y Complutense que veían la necesidad de mostrar un frente solidario contra el ataque a la universidad pública emprendido por rectorado.

Las amenazas por parte de la universidad a dar el aviso a la policía fueron constantes. Aunque finalmente ningún uniformado se personó en el campus, los estudiantes reportan la presencia de policía secreta que habría llegado a mediar en las negociaciones con la institución.

La rabia y el descontento hacia la casta universitaria se hicieron evidentes durante todo el proceso y los cánticos exigiendo la dimisión del rector fueron recurrentes.

Lamentablemente, pese a los esfuerzos de los manifestantes 36 de los consejeros lograron acceder al edificio alcanzándose finalmente el cuórum necesario para la realización de la reunión, tres horas más tarde de lo estipulado en la convocatoria oficial. Estos habrían conseguido entrar a través de las galerías subterráneas por las que recorren las cañerías y cables que suministran a la universidad. La comparación con las alimañas que se desplazan a través de las alcantarillas era inevitable.

Si toda duda que pudiera quedar sobre la legitimidad de esta reunión desaparecía con la imagen del rector Javier Ramos y el resto de los consejeros moviéndose por los túneles para forzar una votación contra el deseo de la mayoría de los estudiantes, lo que está planteado ahora es la legalidad de esta a tenor de las múltiples irregularidades que la rodean. No obstante esto, la votación finalmente tuvo lugar y el Plan de Reordenación Docente ha sido aprobado.

Sin embargo, las posibilidades de impedir la reordenación no terminan con esto. Los estudiantes de la URJC ven en una moción de censura que se viene gestando desde hace tiempo las posibilidades de terminar con el gran proyecto de Ramos y, de paso, con su carrera política.
Al final de la jornada el sentimiento de los manifestantes podía calificarse de agridulce. A pesar de la tristeza por no lograr impedir la celebración de la reunión sumado a la indignación de la jugada tan sucia realizada por el rectorado, son conscientes de que han obtenido una victoria política que ha mostrado la enorme fuerza que puede mostrar el estudiantado organizado. Una lección a aplicar en los próximos combates que están por venir en esta lucha de David contra Goliath.






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