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Inglaterra: ¿qué fue del free cinema?

A finales de los años cincuenta del siglo pasado se producen una serie de cambios progresivos en la sociedad inglesa motivados por cuestiones como las nuevas inquietudes juveniles, la pérdida de algunas colonias e ínfulas imperialistas, la emancipación femenina, la creciente lucha sindical.

Eduardo Nabal

Martes 12 de junio de 2018
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En el terreno del teatro esto provoca un desplazamiento del salón a la cocina, del chiste elegante al alarido de protesta, nuevos sectores sociales aparecen representados. La nueva juventud y las nuevas inquietudes, la voz de la clase obrera y algunos avances en el terreno de las costumbres íntimas resquebrajan el modelo de esa Inglaterra a la vez prepotente, estirada y provinciana.

Los jóvenes ya no quieren las típicas comedias o dramas de salón, la elegancia se ve sustituida por un grito de realismo, veracidad y experimentación con nuevas formas estéticas alejadas de los viejos dogmas. Una nueva generación no se sentía representada ni por el té con pastas ni por los uniformes.

A principios de los años 60 se produce la eclosión de los jóvenes airados con gente como John Osborne (“Mirando hacia atrás con ira”), Selagh Delaney (“Un sabor a miel”) o Allan Sillitoe (“La soledad del corredor de fondo”).

En el cine surgen nombres ya míticos como Tony Richardson, Karel Reisz, Lindsay Anderson o John Schlesinger, que abordan temas como los dilemas de la nueva generación, el paro, la alienación laboral, el cambio de costumbres el terreno sexual y lo hacen con una libertad creativa solo comparable a sus homólogos de la “nouvelle vague”.

Cuestiones como los jóvenes de las barriadas obreras aparecen en trabajos impecables como “Sábado noche, domingo mañana” y también comienzan a aparecer cuestiones como la enfermedad mental en “Morgan, un caso clínico”, la comedia de Karel Reisz o “Family life”, el drama social de Ken Loach, en contacto con las corrientes contrapsicológicas.

La homosexualidad y la emancipación femenina aparecen en filmes como “Un sabor a miel” o “La habitación en forma de L”, que mezclan austeridad y lirismo, realismo y poesía. “If” de Lindsay Anderson arremetió con virulencia contra las reglas de los colegios ingleses tradicionales, ridiculizó sus pretensiones y con su poesía anárquica y arrebatado furor desató una polémica en el festival de Cannes de 1968.

Con sus luces y sus sombras se ha abierto una brecha contra el impoluto establishment británico y grandes o pequeños grupos alzan su voz que es también un grito contra los iconos monárquicos, la educación represiva, el militarismo y las viejas costumbres o escenarios apolillados.

La alienación laboral se pone rostro, así como una juventud que habita las calles de la ciudad con nuevos intereses y sin viejos prejuicios. Entre los intérpretes encontramos nombres como Richard Harris, Vannessa Redgrave, Malcom McDowell, Glenda Jackson o el emblemático Tom Couternay, protagonista de filmes como “Billy el embustero” o la combativa “La soledad del corredor de fondo”, ambientada en un reformatorio.

De los últimos de estas filas contestatarias surgen nombres hoy en activo como Ken Loach que han llegado a representar el cine de izquierdas de su país o incluso Stephen Frears o Derek Jarman, que arremetieron con belleza contra la estrechez de miras de la que venía un país anclado en modelos familiares tradicionalistas y heteropatriarcales.

Su herencia, aunque se ha trasformado no ha desaparecido del todo y nuevos temas como Irlanda, la inmigración, la juventud LGTB, los derechos laborales y la protesta contra los iconos culturales han sido posibles gracias a la irrupción de los jóvenes airados a finales de los cincuenta.


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Eduardo Nabal

Nació en Burgos en 1970. Estudió Biblioteconomía y Documentación en la Universidad de Salamanca. Cinéfilo, periodista y escritor freelance. Es autor de un capítulo sobre el new queer cinema incluido en la recopilación de ensayos “Teoría queer” (Editorial Egales, 2005). Es colaborador de Izquierda Diario.

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