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Julio Scherer Ibarra, la oportunidad en el apellido

"Julito" tiene una larga carrera política con la que ha amasado una enorme fortuna desde secretario de García Paniagua hasta consejero jurídico de López Obrador, ahora enfrenta una serie de acusaciones por corrupción.

Oscar Castillo

Martes 8 de marzo
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Julio Scherer Ibarra es hijo del reconocido periodista del siglo XX, fundador del semanario Proceso, el prestigio del padre le abrió camino al hijo abogado que supo posicionar sus despachos al servicio de los círculos más altos del poder político y económico.

De esta forma consiguió diversos cargos públicos en la época de la hegemonía priista; ocupó un puesto medio en la Secretaría de Agricultura cuando Miguel de la Madrid era presidente, fue secretario particular de García Paniagua cuando éste era el presidente nacional del PRI.

A fines de la década del noventa, al frente del Consorcio Azucarero Escorpión protagonizó un escándalo acusado de fraude por simular la exportación de 130 mil toneladas de azúcar, operación por la que la empresa cobró un subsidio del gobierno de más de 15 millones de dólares. En el año 2000 se integró a la campaña presidencial de Ricardo Labastida como consejero político.

En el equipo de AMLO

A pesar de este camino que se trazó públicamente, Julio llegó cerca de López Obrador en el 2006 y fue parte del equipo jurídico que llevó la demanda del fraude electoral. Se ganó el respaldo de su confianza, al grado de que en el proceso electoral del 2018 en MORENA lo nombraron coordinador territorial de los estados de Oaxaca, Chiapas, Veracruz, Campeche, Yucatán y Quintana Roo.

En cuanto Andrés Manuel tomó el cargo de presidente designó a Scherer al frente de la Consejería Jurídica del Ejecutivo Federal, dependencia que se encarga de revisar y validar los acuerdos, decretos e iniciativas de ley que presenta el ejecutivo, además representa a la presidencia en cualquier controversia de ley o juicio en el que se le requiera, en palabras simples: es el abogado del presidente.

Julio permaneció en este cargo hasta que la presión era insostenible, los escándalos estaban saliendo a la luz, y antes de salpicar la imagen de López Obrador (que no está en su mejor momento) se dio a conocer su renuncia el 2 de septiembre del 2021, justo después de que Adán Augusto López tomó las riendas de la Secretaría de Gobernación.

Los escándalos

Todo comenzó con la publicación de la investigación periodística llamada “Pandora papers”, en la que aparece el nombre de Julio Scherer como propietario de una empresa fantasma con sede en las Islas Vírgenes Británicas, la cual tenía registrado a su nombre un lujoso departamento en Miami, con valor de más de 1.5 millones de dólares.

Después, el abogado Paulo Diez Gargari dio a conocer en los medios de comunicación que había levantado una acusación penal en contra de Julio Scherer por tráfico de influencias, asociación delictuosa y ejercicio ilícito del servicio público. Diez Gargari afirma poseer pruebas que comprueban que Julio creó una red de corrupción para beneficiar a empresas privadas utilizando sus influencias para adjudicar a su favor los contratos públicos de obras y servicios, los cuales representan millones y millones de pesos.

Según el abogado Scherer movió sus influencias y aprovechó su puesto privilegiado en el gobierno para frenar la investigación sobre la explotación de la concesión a favor de la empresa Aleatica en el cobro de peaje del Viaducto Bicentenario.

En diciembre del año pasado la Fiscalía Especial de Control Competencial (Fecoc) abrió una carpeta de investigación a 9 despachos jurídicos vinculados con Scherer acusándolos de tráfico de influencias y extorsión. Obtenían dinero de los empresarios a cambio de que desde la Consejería Jurídica se presionara a las distintas dependencias para que los clientes de estos despachos fueran beneficiados con los contratos millonarios de suministro de bienes y servicios para el Estado.

El nombre del ex consejero resaltó de nuevo en los medios de comunicación ya que la familia de Juan Collado (preso desde el 2019 acusado de lavado de dinero y delincuencia organizada) lo acusa de extorsión, tráfico de influencias, asociación delictuosa y lavado de dinero. Los hijos de Collado afirman que les exigieron el pago de 2 mil millones de pesos y que vendieran, a bajo costo, una de sus empresas para que fuera adquirida por una persona cercana a Scherer.

Consecuencias para la 4T

El escándalo Scherer Ibarra y todo lo que devenga de esta serie de demandas no es menor para el gobierno de Andrés Manuel. El que uno de sus principales elementos sucumba por múltiples acusaciones de corrupción deja mal parada a una “Cuarta Transformación” que se olvidó de barrer las escaleras. Ahora que es gobierno no es suficiente con que López Obrador se desmarque, tiene una responsabilidad. Es evidente que las viejas formas carcomen las entrañas de este gobierno que, a pesar de su retórica progresista, continúa administrando los intereses de los empresarios.


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