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Juventud precaria: pasar la cuarentena en un cuarto sin ventana

Uno de los temas que quedarán claramente abiertos a debate cuando esta crisis sanitaria termine será el de las desigualdades referentes a la condición de clase y, por lo tanto, las enormes diferencias sociales que existen en nuestro país. La juventud precaria somos uno de los sectores que más estamos sufriendo esas desigualdades, y la falta de vivienda digna es una de sus expresiones.

Viernes 17 de abril | 14:27

Imagen: Intervención de Banksy en el baño de su casa.

La cuarentena sí entiende de clases sociales

Estos días podemos ver de forma evidente los enormes contrastes sociales. Cínicamente futbolistas y famosos muestran su cuarentena en las redes sociales: urbanizaciones privadas donde salir a dar un paseo, enormes jardines y ¡hasta un lago!, como pudimos ver hace unos días en el perfil de Instagram de Mauro Icardi, delantero del Paris Saint-Germain, a quien acusaron de salir a dar un paseo en medio del confinamiento, a lo que él sorprendentemente respondió que ese era el lago de su casa. Una situación que contrasta con la realidad de millones de jóvenes que tenemos que compartir pisos donde no hay espacios comunes, con plagas de insectos, con patios oscuros e incluso cuartos sin ventana.

La preocupante situación de los jóvenes que vivimos de alquiler en ciudades como Madrid no se plantea como una problemática nueva, aunque convivamos en pisos de alquiler a los que dedicamos una media de un tercio de nuestro salario mensual. En muchos casos, alquilando habitaciones sin ventana, obligados a vivir a las afueras de la ciudad y sin ser del todo bienvenidos por parte de los vecinos propietarios, que en muchas ocasiones nos tratan como a una amenaza.

La crisis del COVID-19 ha dejado a gran parte de la juventud desprotegida, sin trabajo o con sueldos reducidos para hacer frente al coste abusivo del alquiler, ya que sus fuentes de ingresos provienen en gran medida de contratos temporales y precarios que compatibilizan con sus estudios. Muchos de nosotros, ahora sin trabajo o bajo un ERTE, no sabemos si vamos a poder pagar el alquiler en los próximos meses.

Estamos siendo obligados a pasar por una soledad que está produciendo graves secuelas emocionales y psicológicas al subsistir en pisos bajo condiciones indignas, sin espacios para compartir en la vivienda y, en muchos casos, viviendo bajo la luz artificial de una bombilla durante todo el día.

Esta crisis sanitaria nos ha puesto frente al espejo, nos ha obligado a mirar a la cara a los grandes problemas que tenemos en nuestro sistema y, por lo tanto, nos ha hecho reflexionar sobre cómo deberían ser abordados en un futuro: ¿estamos dispuestos a pagar precios abusivos por una habitación inhabitable y sin ventanas? ¿Seguiremos esquivando los problemas de que la mayor parte de la juventud en España viva y trabaje de manera precaria? ¿Tenemos todos los mismos medios a la hora de tele-trabajar o tele-estudiar, y cómo influye esto en el rendimiento académico y sus posteriores resultados?

Debemos hacernos eco de esta problemática y luchar por la protección a los sectores más desfavorecidos de la sociedad. Colectivos que durante esta cuarentena han visto aumentar su brecha social, sabiendo que cuando todo termine serán los primeros en cargar a sus espaldas las consecuencias de esta crisis. Es una oportunidad de oro para replantearnos las soluciones a los graves problemas que tienen nuestro sistema económico y el falso estado de bienestar social, porque en realidad la pandemia de los barrios pobres y populares de muchos lugares se llama desigualdad.






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