Internacional

Panorama poselectoral

La centroizquierda chilena en el piso y el PC-Frente Amplio le tienden la mano

Al rojo vivo, la bancarrota del histórico eje de la coalición que gobernó ininterrumpidamente 20 de los 30 años: la Democracia Cristiana y el Partido Socialista.

Sábado 22 de mayo

Foto: Gabriel Boric (FA), Paula Narváez (PS), Daniel Jadue (PC)

Esta semana estuvo marcada por las tensiones, acuerdos y diferencias dentro de la "oposición" de centroizquierda, la histórica coalición con eje el la Democracia Cristiana (DC) y el Partido Socialista (PS) que conformó la "Concertación" que gobernó el país desde el fin de la dictadura de Augusto Pinochet ininterrumpidamente hasta 2010 y fue la gran derrotada en las elecciones del sábado pasado.

La ex-Concertación toca a fondo entre renuncias, declinación en candidaturas y negociaciones contrarreloj. Una verdadera novela donde los protagonistas libran una batalla campal por quién se constituirá como la principal fuerza política frente a una derecha que vive también su propia agonía.

La difícil situación en la que se encuentran la DC, el PS y el PPD (Partido por la Democracia) quedó de manifiesto el miércoles. Ese día renunció el presidente de la DC, Fuad Chahín. También dió un paso al costado ante una posible candidatura un de las figuras presidenciables de ese partido, Ximena Rincón.

Una carta claramente marcada por la buena aprobación que viene teniendo en diversas encuestas es la presidenta del Senado, Yasna Provoste. Las proyecciones ubican a esta democratacristiana como la figura mejor posicionada de la centroizquierda. Pero aunque sectores de la ex-Concertación se encuentran expectantes, Provoste se ha mostrado esquiva a algún pronunciamiento de candidatura.

Pero quizás lo más significativo fue el ultimátum lanzado por los partidos de la coalición Apruebo Dignidad, una de las ganadoras de las megaelecciones, al Partido Socialista. Daniel Jadue, candidato del Partido Comunista y Gabriel Boric, candidato del Frente Amplio, le ofrecieron al PS un acuerdo para las primarias presidenciales que deja afuera a sus socios del PPD. Paula Narváez, la candidata del PS, decidió declinar la oferta y no medirá fuerzas con Jadue y Boric.

Como era de suponerse, las declaraciones no se hicieron esperar desde los referentes de los distintos partidos de la centroizquierda neoliberal. Paula Narváez señaló que el PC tuvo miedo de ir a primarias con ellas. El presidente del PS, Álvaro Elizalde, manifestó que “no se humilla al partido de Salvador Allende”.

Desde Apruebo Dignidad se mostraron bastante confiados en medio de la batahola de esta semana. Jadue les enrostró tanto a la DC como al PPD su reelección como alcalde de Recoleta, señalándolos como “los que hace una semana no podían ir a ninguna parte con nosotros”. Boric, por su parte, manifestó que el PS “No estuvo dispuesto a hacer este salto sin partidos que han sido castigados por la ciudadanía, particularmente el PPD”.

Pero el Frente Amplio, con su típico guiño conciliador con la centroizquierda neoliberal, también le puso paños fríos a la situación. Boric, de Convergencia Social, manifestó que con Paula Narváez y las bases del PS “podamos llegar a caminos de acuerdo y que nos encontremos.”

Sin embargo al parecer hay más matices en la otra pata del Frente Amplio, Revolución Democrática (RD). De acuerdo a las palabras de uno de sus reconocidos diputados, Giorgio Jackson, el centro del problema recae en las condiciones que querían ser impuestas por ciertos sectores de presionar a primarias presidenciales con el PPD y listas parlamentarias conjuntas. Pero expresó que "no nos basta para gobernar entre las fuerzas de Apruebo Dignidad" y manifestó que hay una "necesidad de trabajo conjunto hacia la segunda vuelta” y que “existan los apoyos cruzados para que haya una coalición de Gobierno".

En el caso de la presidenta de RD, Catalina Pérez directamente dijo no compartir la decisión de dejar afuera al PPD ya que a su parecer “se perdió la oportunidad de terminar con la Concertación” y agregó que “un Gobierno de transformación no puede cerrarle las puertas a nadie que esté comprometido con dichas transformaciones”. Claramente una posición a la defensiva, y otro guiño de diálogo y convivencia con los repudiados partidos de los 30 años.

Lo que se viene

No hay dudas que los resultados de las recientes elecciones significaron un importante golpe para los partidos de los 30 años, tanto de la derecha, como de la centroizquierda neoliberal hegemonizada durante décadas por el PS y la DC. Expresión de ello fue el triunfo de candidaturas independientes en la elección de constituyentes, con la Lista del Pueblo a la cabeza, pero también de un sector del reformismo en la lista Apruebo Dignidad compuesta por el partido Comunista y el Frente Amplio, que además conquistó posiciones estratégicas importantes como la alcaldía de Santiago y Valparaíso.

El ascenso de un nuevo tipo de izquierda en Chile se da a la par del agotamiento del clásico sector de centro neoliberal que durante los 30 años gobernaron a favor del empresariado chileno y en contra de los intereses fundamentales del pueblo trabajador.

Pero si bien los resultados parecen marcar un terreno a favor de estas nuevas fuerzas reformistas, aún no está tan claro cuál va a ser el desarrollo de la Convención Constitucional, ni tampoco de las próximas elecciones, en que se reconfigura el tablero político. Tampoco ningún sector tiene una mayoría que le permita dirigir la Convención Constitucional con tranquilidad.

Se vienen los momentos de diseccionar el proceso, analizando detalladamente a los integrantes que conforman la Convención, sus planteamientos y actuar político, donde aparecerán de manera más clara las contradicciones en su interior.

Lo que sí está claro, es que la centroizquierda pro empresarial como durante décadas la conocimos, vive hoy su ocaso, y hace de todo para mantenerse, con uñas y dientes. El histórico bloque PS-DC se encuentra por el suelo y sobrepasado. Pero como ya lo demostraron en la cocina del pacto constituyente que preservó a Piñera, el PC y el FA insisten en tenderles la mano.

La clase trabajadora y el pueblo chileno, protagonistas de la rebelión popular, tienen planteado aprovechar la derrota de los que gobernaron "los 30 años", tanto la derecha como la Concertación, retomando el camino que se abrió en aquel octubre de 2019, para organizar la lucha y movilización por todas sus demandas, empezando por la libertad de los presos políticos de la rebelión.

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