Juventud

DESDE LOS CÍRCULOS VIRTUALES

La crisis estudiantil durante el Covid-19, una cuestión de clase

La crisis del coronavirus ha obligado a millones de estudiantes y al personal de la educación a parar la actividad presencial y a tratar de continuar su trabajo, su educación y su vida, desde sus propias casas, contando solo con los medios de los que cada une disponga.

Luca

Burgos

Lunes 20 de abril | 09:57

En todo el Estado, las estudiantes de clase trabajadora nos encontramos con una situación difícil para poder aprovechar los contenidos y en una absoluta incertidumbre sobre nuestro futuro próximo. Y vemos cómo en la lógica de la gran cadena del sistema económico y en la de los sucesivos gobiernos y sus ataques a la educación pública, siempre pagamos el pato las mismas.

La necesidad de que todo el alumnado tenga que recibir una educación vía on-line, en un sistema educativo público que ha sido duramente recortado durante los últimos años y que no estaba preparado para la educación 2.0, está teniendo consecuencias en la calidad de la educación y respuestas que estamos recibiendo.

La herramienta por excelencia para ello, el aula virtual, no puede soportar tantas conexiones al mismo tiempo, obligándonos a profesores y estudiantes a tener que buscar las horas de menos conexión, y a intentar y re-intentar una y otra vez, conectarnos para poder acceder al material, subirlo, enviar las tareas, dar clases on-line, hacer controles, etc. En definitiva, nuestro medio de comunicación y evaluación falla de forma continuada. Esta realidad la sufren especialmente, familias con poco o nulo acceso a internet y quienes deben compartir un ordenador familiar o no disponen de uno, ya que muchas veces no llegan a poder acceder al aula virtual ni sus contenidos.

Esta crisis ha hecho evidente la necesidad de reforzar el sistema educativo público en vez de invertir dinero público en corporaciones religiosas mediante la educación concertada. Porque como en el resto de cuestiones, la crisis, como se vive y qué consecuencias tiene, es una cuestión de clase.

La transformación de las clases presenciales a formato on-line, también nos ha dejado curiosas contradicciones. “En mi caso en Formación Profesional, donde la mayor parte de la formación se lleva a cabo de manera práctica, y aunque en muchos centros y formaciones de FP no sea obligatorio tener libros de texto se da que, ante esta situación de absoluta falta de medios, los profesores tengan que mandar realizar las actividades de estos como única vía para poder continuar con la formación, dejando a muchos alumnos dependiendo de que otros compañeros les envíen fotos de los libros.”

Otro de los grandes problemas que sufrimos la mayoría de estudiantes, es la falta de explicaciones del contenido. Se nos exige que hagamos tarea, mucha tarea, toda proveniente del libro y sin ninguna explicación de la materia, es nuestra responsabilidad estudiar, comprender y aplicar la materia del libro, todo para poder justificar y cumplir con la obsesión de podernos evaluar.

Y ¿qué hacen los profesores ante esto? Pues la mayoría, todo lo que puede. Pero ¿cómo van a responder los mensajes de cientos de alumnos con dudas? La superpoblación de las clases y la ruptura de las ratios de profesor por número de estudiantes ya eran un problema antes de la cuarentena, ¿cómo suplir su presencia en clase ahora con un escueto mensaje?

El Ministerio de Educación, el de Universidades, los rectores y altos cargos del gobierno se han reunido sin tener en cuenta la opinión de los y las estudiantes para el mal llamado “Aprobado General” anunciado por la ministra Isabel Celaá, que no es tal. Este resulta arbitrario, no se aplica a todo el estudiantado y tiene muchas excepciones.

En una situación como esta y en un país en el que el 30% de los menores de 15 años ha repetido y la tasa de abandono escolar es del 18%, es necesario tomar otras medidas. Garantizar que no haya suspensos ni repeticiones de curso, inyectar dinero a la educación pública, contratación de profesionales y puesta a su disposición de los medios necesarios, apertura de Internet durante la cuarentena para que todo el mundo pueda tener acceso al derecho a la educación...

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En Castilla y León la hoja de ruta seguirá según lo previsto, el curso acabará en junio y solo se contempla julio para realizar actividades de refuerzo voluntarias. Así lo explico la consejera de Educación Rocío Lucas. Es decir, no habrá aprobado general, en contra de lo que pedían asociaciones de estudiantes, sino que “se seguirá avanzando durante el tercer trimestre en “contenidos básicos” de cada etapa y se realizará una evaluación de carácter continuo, diagnóstico y formativo, que tendrá en cuenta los dos trimestres anteriores ya que el 65% del curso ya se ha desarrollado de manera presencial”.

Ya están surgiendo fenómenos como la Huelga de Estudiantes en Galicia y experiencias de autoorganización. Si la herramienta virtual sirve para dar clase o teletrabajar, también sirve para hacer asambleas virtuales por cada clase, con reivindicaciones y portavocías propias.

Finalmente, vemos que no faltan motivos para quejarse, y organizarse. El capitalismo, que lleva siglos dando más importancia a los beneficios de las escuelas que, a la calidad de su enseñanza, y los sucesivos gobiernos, que han privatizado, financiado a la iniciativa privada en detrimento de la pública y priorizado el pago de la deuda al gasto público, no van a ser quienes diseñen una salida a la medida que necesitamos las estudiantes de clase trabajadora.

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