Internacional

Análisis

La gira europea de Lula y un anticipado clima electoral en Brasil

Es evidente el contraste entre el aislado Bolsonaro, recientemente ignorado en la cumbre del G20, con el requerido Lula, en gira por Europa.

Sábado 20 de noviembre | 17:00

El viaje de Lula por Europa ha sido expresión del clima anticipado de las elecciones. Mientras Bolsonaro hace turismo en el desierto, anda en una moto Harley Davidson en Catar, el expresidente petista es recibido con pompas en el Parlamento Europeo, incluso por el odioso neoliberal Emmanuel Macron. De un lado, el aislamiento de la extrema derecha, del otro, la adhesión de los líderes del imperialismo europeo al proyecto lulista.

Es evidente el contraste entre el aislado Bolsonaro, recientemente ignorado en la cumbre del G20, con el requerido Lula, en gira por Europa. Un hecho que se relaciona directamente a otro: Bolsonaro se postula como la personificación de la extrema derecha global -a pesar de su creciente aislamiento- tras la derrota de Trump, resaltando por su negacionismo climático y sanitario. Más allá de que el poder haya pasado a manos de los demócratas, Bolsonaro mantiene su línea de vasallaje en primer lugar de Washington. Lo que explica la repulsión de los demás líderes a su persona, porque les gusta ostentar el barniz demagógico del capitalismo verde, aun cuando están al frente de algunos de los países más contaminantes del mundo. Pero la adhesión a Lula pasa también por el mensaje que quiere transmitir el expresidente.

El viaje de Lula es evidentemente una nueva pieza de su campaña ya en curso. Su discurso electoral se basa en la nostalgia del pasado y en la promesa de restauración de los años dorados, y eso no solo en relación a Brasil sino en la dinámica global. Lula se ubica como profeta en una marcha atrás de los nacionalismos económicos que emergieron con la crisis de 2008, el profeta de un mundo caduco donde el fracaso del multilateralismo de sus mandatos parió figuras como Trump, Boris Johnson y Bolsonaro

Sin embargo, son protagonistas de una de las más extraordinarias experiencias de la historia moderna, que fue la construcción de la Unión Europea. (...) La Unión Europea, el Parlamento Europeo y ustedes, señoras y señores eurodiputados, son por lo tanto ejemplos de esa virtud humana. La Unión Europea no es perfecta, como nada lo es, pero es un patrimonio de la humanidad, como ejemplo de cooperación y construcción de la paz entre los pueblos. (Fragmento del discurso de Lula en el Parlamento Europeo)

En el Parlamento Europeo, donde fue ovacionado, Lula hizo un discurso para agrandar los oídos de los defensores de la Unión Europea, en un momento en el que el bloque europeo sigue bajo contestación popular, como expresó el resultado del Brexit, en una ruptura capitalizada por la extrema derecha a través de Boris Johnson. Sin embargo, también por izquierda hubo enormes expresiones de descontento popular contra la tiranía de la Troika y de las instituciones de la Unión Europea, como fueron los plebiscitos en Grecia contra la imposición de los ajustes sobre las espaldas del pueblo trabajador griego, y que si no fuese por la dirección traidora de Syriza podrían haber resultado en una ruptura por izquierda contra esa hegemonía de la burguesía europea.

Esa contestación del emprendimiento de la Unión Europea es el mayor síntoma de la crisis orgánica que toma los principales países europeos. Una crisis que se revela en la crisis de representatividad de los distintos sistemas políticos, como en Alemania, donde la eterna canciller Angela Merkel se retiró luego de dos décadas en el poder. El viaje de Lula de hecho fue una invitación de la socialdemocracia alemana, de la fundación Friedrich Erbert, asociada al SPD que heredó el poder después de la era Merkel, pero en una coalición bastante pulverizada para elegir el primer ministro, Olaf Scholz, con quien se encontró Lula. La invitación a Lula muestra los esfuerzos de la socialdemocracia por el mundo de detener la hemorragia de la democracia liberal burguesa, que viene siendo desafiada por el ascenso de la extrema derecha, pero también por la lucha de clases como los Chalecos Amarillos en Francia y las masivas jornadas por la independencia de Catalunia en relación al Estado español.

Creemos en un mundo cada vez más plural, unido alrededor de valores como solidaridad, cooperación, humanismo y justicia social. Creemos en una nueva gobernanza mundial, empezando por la ampliación del Consejo de Seguridad de la ONU, y vamos a seguir luchando por ella.

El centro del discurso de Lula fue sobre la necesidad de cooperación y unidad, un disfraz tradicional de la socialdemocracia para su práctica política y de conciliación de clases. Algo bastante simbólico de ese contenido fue que durante ese mismo tour por Europa, Lula hizo declaraciones dando señales positivas frente a las especulaciones de Gerardo Alckmin, del neoliberal PSDB del expresidente Cardoso, como su compañero de fórmula, diciendo que “le tiene profundo respeto” y que “no hay nada que haya ocurrido que no pueda ser reconciliado”. Alckmin, que según dijo Lula es el “único tucano que quiere a los pobres”, fue el gobernador que administró el estado de San Pablo por más de una década atacando y precarizando los servicios públicos, principalmente la educación y los profesores, y reprimió violentamente a la población con la Policía Militar. ¿Cómo no recordar la masacre de Pinheirinho?

El encuentro de Lula con el presidente francés Emmanuel Macron fue en el mismo sentido. Macron es un presidente odiado por los trabajadores franceses, y ha sido blanco del levantamiento de los Chalecos Amarillos, contra reformas sociales y suba del impuesto a los combustibles, y también de las protestas contra la reforma previsional, que llevaron a una huelga general en 2019. Aun con esas credenciales de reaccionario, enemigo de los trabajadores, en el cálculo político de Lula pesa el hecho de que Macron sea un desafecto de Bolsonaro, principalmente en la cuestión del medio ambiente, donde de forma demagógica, el presidente francés busca posicionarse como defensor de la cuestión ambiental. El petista muestra que su política externa será la extensión de la política interna, para derrotar a Bolsonaro vale todo tipo de alianzas.

Felizmente, esta era de tinieblas que se abatió sobre el planeta, por el ascenso de gobiernos de extrema derecha por el mundo, emite claras señales de que está llegando a su fin. Partidos y candidatos progresistas vienen conquistando importantes victorias. Eso está pasando en varios países, y estoy seguro de que va a pasar también en Brasil, a partir de la elección presidencial del próximo año.

Así como Lula ya había dado señales en relación a China, este es un nuevo movimiento del expresidente, señalando que la diplomacia reciente de alineamiento automático a Washington tendrá fin en un posible gobierno suyo, aunque Lula y el PT mantengan los votos de simpatía a Biden. El entusiasmo de la recepción de líderes europeos busca también reestablecer los puentes con un socio estratégico en América Latina, luego de haber sido frustrado, por ejemplo, el acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur, trabado por el negacionismo ambiental de Bolsonaro y que sería benéfico para las industrias alemanas.

Lula denunció en su discurso el exorbitante monto que gasta el imperialismo para promocionar las guerras en Medio Oriente, 8 billones de dólares, dinero suficiente para erradicar el hambre en el mundo. Es una señal de que los acuerdos con el Partido Demócrata no van bien, que prefiere una alternativa de la derecha neoliberal clásica para gobernar el país en 2023. Sin embargo, Lula no dijo ni una palabra sobre que Francia, Alemania, Reino Unido, también fueron parte y financiaron esas mismas guerras. Sea el imperialismo estadounidense, sea el imperialismo europeo, el papel del imperialismo es la defensa de los intereses de la burguesía en detrimento de los trabajadores de las más diversas nacionalidades.

Como muestra la eterna pretensión de Lula por un lugar en el Consejo de Seguridad de la ONU, su perspectiva es aumentar el margen de maniobra del país en la geopolítica que el sistema capitalista permita. Solo la lucha de los trabajadores podría ofrecer una respuesta consecuente al dominio imperialista, batallando para revertir las entregas de las riquezas nacionales, así como de las privatizaciones al capital extranjero. Por eso defendemos una asamblea constituyente libre y soberana, donde los trabajadores puedan luchar por la emancipación nacional contra el yugo de los diferentes imperialismos.






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