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La izquierda anticapitalista argentina que se planta ante la extrema derecha

Argentina se encamina a las elecciones legislativas del 14 de noviembre con una inflación por el cielo, récord de pobreza y una gran polarización política, por derecha y por izquierda. El Frente de Izquierda y de los Trabajadores Unidad se encuentra a las puertas de una elección histórica, expresando desde la izquierda el descontento con el gobierno peronista de Alberto Fernández. Un importante ejemplo a seguir desde la izquierda a nivel internacional.

Josefina L. Martínez

@josefinamar14

Martes 9 de noviembre | 08:38

“La extrema derecha se abre paso en el Congreso argentino con ataques a la ‘casta política’” podía leerse este domingo en el periódico El País. Una foto en pantalla completa muestra a Javier Milei, posando en un escenario cual estrella de rock, con el pelo revuelto y vestido con chaqueta de cuero. El economista ultraliberal de 51 años, a quien le gusta presentarse como amigo de VOX en España, agitaba así a sus votantes: “Si quieren liberalismo, no elijan la copia trucha, elijan el mejor liberalismo, el de Libertad Avanza”. Y desde la tribuna le respondían: “Libertad, Carajo”. Los simpatizantes de Milei llevaban chapitas con las siglas LGTBI. ¿Sorprendidos? Aguardad. Lo que decían era LGTB: Libertad, Guns, Bolsonaro y Trump.

Los medios españoles vienen escribiendo sobre el nuevo “fenómeno” de la política argentina, esa extrema derecha libertaria (ultraliberal) que se emparenta con la alt-rigth norteamericana y las extremas derechas europeas. Milei obtuvo un 13% en las PASO de septiembre (Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias, una especie de primera vuelta, donde se dirimen los candidatos de cada partido entre todos los votantes).

Sin embargo, mientras que su fuerza se concentra en la capital del país, hay otro dato que debería tener un impacto aun mayor. La izquierda anticapitalista argentina representada en el FIT-U (Frente de Izquierda y de los Trabajadores – Unidad) se transformó en la tercera fuerza a nivel nacional, con un récord de votos del 23% en la provincia de Jujuy, en el norte del país, y con baremos por encima del 10% en varias localidades. El FITU es una alianza político electoral de la extrema izquierda argentina que nuclea a las principales fuerzas de la izquierda trotskista: el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) - impulsora de la red internacional La Izquierda Diario-, el Partido Obrero (PO), Izquierda Socialista (IS) y el Movimiento socialista de los Trabajadores (MST).

En las últimas elecciones, este frente ha capitalizado una parte del descontento con el gobierno peronista de Alberto Fernández, en medio de una gran crisis social y económica. Un gobierno que se presenta como “progresista” y que ganó las elecciones con la promesa de terminar con los ajustes del gobierno anterior, pero que aplica políticas a favor de los capitalistas argentinos e internacionales. Por dar un ejemplo muy sentido, en medio de la pandemia millones de personas se quedaron sin recibir el escaso ingreso de emergencia, y al mismo tiempo se impuso un duro ajuste fiscal para seguir pagando la deuda externa al FMI. "Decepción", "bronca", dicen los que lo votaron, pero ya no volverán a hacerlo.

Este sábado, mientras Javier Milei cerraba su acto homófobo y reaccionario en el Parque Lezama, en otra punta de la ciudad se desarrollaba una multitudinaria marcha del Orgullo LGTBI. Allí, pie de calle junto a miles de activistas, estaba Myriam Bregman, candidata del PTS en el FITU a Diputada por la Ciudad de Buenos Aires. La “rusa” Bregman aprovechó la presencia de los medios para reclamar por la aparición con vida de Tehuel, une joven trans que desapareció hace siete meses. Además, exigió que se implemente de una vez el Cupo Laboral Trans, ya que, si bien figura en el papel, no se está aplicando ni siquiera en las contrataciones del Estado. También aseguró que es una miseria el presupuesto que se asigna para la Educación Sexual Integral mientras que se gastan enormes sumas en mantener a la Iglesia.

Y mientras varios medios le pedían entrevistas, decenas de jóvenes se acercaban para hacerse fotos con quien dejó knockout a Milei en el debate de los candidatos en TV hace dos semanas.

“Milei habla de la casta, pero fue asesor del genocida Bussi [un militar de la dictadura argentina, responsable de crímenes de lesa humanidad]; está con los fachos de Vox en España que defienden la monarquía. Ideas más rancias no se consiguen", lo increpó Bregman en ese debate. Y agregó que “cuando Milei habla contra la casta lo hace para distraer, para ocultar al poder económico del cual es empleado. Ninguna de las tres fuerzas [en referencia a Milei, a la derecha tradicional y al peronismo] se quiere meter en serio con el poder económico, porque ahí está el verdadero poder del país". Milei quedó desdibujado y Bregman lo remató: “¿Conocés la Teoría de McDonald’s? Sos el empleado del mes de las multinacionales”.

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Myriam Bregman no es la única que viene pateando el tablero a los políticos de la casta. Mil quinientos kilómetros hacia el norte, en la frontera con Bolivia, se encuentra la provincia de Jujuy, donde es mayoritaria una población trabajadora con fuertes raíces en los pueblos originarios. En esa región empobrecida, entre valles y quebradas, hay algo nuevo que se cuece desde abajo. Alejandro Vilca, un trabajador recolector de residuos, de procedencia colla, rompió todos los esquemas en septiembre, cuando obtuvo el 23% de los votos para el Frente de Izquierda. Con este resultado, se transformó en un peligro para los dos partidos tradicionales que se reparten el poder provincial en un régimen caciquil: radicales y peronistas. Vilca ya fue elegido diputado provincial y puede ser el tercer diputado de la provincia en el Congreso Nacional si repite los resultados de las primarias. Desde la izquierda alertan contra las maniobras fraudulentas que se estarían preparando en su contra. Gerardo Morales, el actual gobernador, ha salido a confrontar de lleno con ellos, acusando a Vilca de ser “antipatria”.

La campaña del FIT-U crece desde el llano, con familias trabajadoras enteras que convencen a sus vecinos de apoyar a Vilca y que se proponen como fiscales en las escuelas donde se vota el próximo domingo, para asegurarse de que se cuente hasta el último voto de la izquierda.

“Hacemos una campaña a pulmón y enfrentamos tanto al oficialismo del Gobierno nacional -que impulsa la candidatura del Frente de Todos jujeño- como al Gobierno de Gerardo Morales. Detrás de la izquierda se demuestra que se puede enfrentar a los poderosos, que los puede desafiar. Una gran elección puede darles mucho valor y fuerza a los trabajadores, para puedan salir a pelear por sus reclamos, a veces postergados”, asegura Vilca.

“Que seamos todos laburantes es una de las cuestiones que más empatía crea. Ser de una misma clase. Nos estamos enfrentando contra el bipartidismo de una casta de políticos que viven como ricos, gobiernan para los ricos. O que son ricos y empresarios. Ya excede una cuestión de los partidos, sino ya es una cuestión de clase. Entonces esto es bastante profundo”.

Un fenómeno profundo

Los resultados de las PASO fueron una derrota importante para el oficialismo de Alberto Fernández y Cristina Kirchner. Y aunque esto favoreció a la oposición de derecha, las dos grandes coaliciones del régimen político (la coalición peronista y la derecha) atraviesan importantes crisis internas. El contexto económico y social en Argentina es crítico, con una inflación que ronda el 40% y salarios estancados. El gobierno no tomó medidas de fondo para revertir esta situación, en un país con 19 millones de personas en niveles de pobreza que tienen dificultades para acceder a alimentos básicos.

En este contexto, los partidos que integran el Frente de Izquierda Unidad se han ganado “el reconocimiento masivo en el pueblo de trabajador por poner el cuerpo, por estar siempre presentes en cada lucha, siendo consecuentes con nuestro programa” señalan en este artículo.

En la provincia de Buenos Aires, Nicolás de Caño del PTS viene sosteniendo una campaña militante y de base, junto a sectores de trabajadores en lucha, apoyando a las mujeres que ocuparon tierras para vivir, junto a los trabajadores ferroviarios que se enfrentan a la burocracia sindical, apoyando a los jóvenes precarios y denunciando las políticas represivas del gobierno. Y se encuentra con lo mismo que sus compañeros: en todos lados crece la simpatía hacia la izquierda. Lo más profundo es que hay sectores obreros, muy precarios, que toda la vida votaron al peronismo, y que ahora cambian su voto hacia la izquierda trotskista.

“Nicolás del Caño y Myriam Bregman son los rostros más visibles para millones de una izquierda que conquistó representación en el Congreso desde 2013 y se renovó desde el 2015, profundamente comprometida con la clase trabajadora, las mujeres y la juventud, una izquierda que enfrenta el ajuste y al FMI, que defiende la lucha socialista por un gobierno de las y los trabajadores sin someterse a la gestión de este capitalismo decadente ni a la desmoralización producto de las derrotas de las últimas décadas. Alejandro Vilca en Jujuy, Raúl Godoy en Neuquén, Claudio Dellecarbonara en el AMBA, son referentes obreros que han conquistado amplísimo reconocimiento en sus provincias o regiones y se proyectan a nivel nacional.”

Una alternativa de izquierda frente al “mal menor”

Cuando el peronista Alberto Fernández ganó las elecciones, se apoyó en la idea del “mal menor” contra la derecha de Mauricio Macri (un empresario liberal que fue presidente de la Nación entre 2015 y 2019). Sin embargo, después de dos años de gobierno peronista, quedó claro que el rechazo a la derecha no era suficiente para generar una base social y electoral sólida. La pandemia golpeó más a los más pobres, el gobierno incumplió todas las promesas de campaña y el pueblo trabajador sigue cargando con las consecuencias de años de ajustes y crisis económica.

Este tipo de campaña basada en la idea del “mal menor” contra la derecha no nos resulta extraña en el Estado español –al igual que ocurre en muchas otras latitudes–. Así intentan justificar desde Unidas Podemos el hecho de seguir “tragando sapos” en el gobierno junto con los social-liberales del PSOE. Una y otra vez, repiten el mismo dogma: “no podemos hacer nada”, “no da la correlación de fuerzas”, pero “peor estaríamos con la derecha”. Pretenden que los trabajadores y trabajadoras, los jóvenes y las mujeres se conformen con las migajas de cambios cosméticos para que nada cambie, mientras venden el cuento de que son el único muro de contención frente a la derecha.

La realidad es muy distinta, como hemos visto a lo largo de la historia y hoy se vuelve a comprobar. Cuando los “progresistas” no hacen nada para revertir los ajustes al pueblo trabajador, cuando no tocan los intereses de los poderosos y mantienen lo esencial de las políticas de la derecha, lo único que logran es abrirle camino a esa derecha. Y si la “relación de fuerzas es desfavorable” es en primer lugar porque ellos trabajaron para que así fuera, desactivando los movimientos sociales y las luchas obreras, con la inestimable colaboración de las burocracias sindicales. Esta ha sido a dinámica de los últimos años en el Estado español, pero podríamos señalar tendencias similares en otros países. En Estados Unidos, donde el Partido Demócrata ha actuado en el mismo sentido, a poco más de un año de presidencia de Biden, este ha sufrido un duro revés electoral, mientras que se ha recuperado el trumpismo.

Por eso es tan importante destacar la trayectoria y las luchas de la izquierda anticapitalista argentina, que está logrando concentrar por izquierda una parte de ese descontento con el gobierno de Alberto Fernández. Y para crecer en influencia, no rebaja su programa. El FITU defiende en la campaña electoral un programa de independencia de clase, que cuestiona las ganancias de los capitalistas. Esto se expresó en la propuesta de reducir la jornada laboral sin reducir el salario –para crear nuevos puestos de trabajo y combatir el desempleo–, así como otras medidas contra la crisis ambiental, por los derechos de las mujeres y la juventud, el no pago de la deuda externa y la ruptura con el FMI. Todo planteado en la perspectiva de luchar por un gobierno de los trabajadores, opuesto a las ilusiones de reformar el capitalismo. Como vemos, es una dinámica opuesta a la deriva que siguió Unidas Podemos en el Estado español (desde Unidas Podemos apoyan al gobierno de Alberto Fernández) y otros grupos que fueron parte de este proyecto desde su fundación, como Anticapitalistas. Unidas Podemos pasó de la denuncia a la casta, a ser parte de esta, transformándose en los mejores gestores del capitalismo desde el Estado imperialista español junto al PSOE.

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El ejemplo del PTS en el Frente de Izquierda en Argentina muestra hoy que frente al conformismo de una izquierda reformista que solo busca adaptarse a los poderes reales porque “no da la relación de fuerzas”, es posible apostar por construir algo distinto. Una izquierda combativa y anticapitalista, de los trabajadores y la juventud, con un programa de independencia de clase. Una izquierda que interviene en las elecciones y en las luchas actuales no como fin en sí mismo, sino como forma de prepararse para intervenir en los próximos ascensos de la lucha de clases, que es donde se puede dirimir el futuro.






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