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INDEPENDENCIA DE CATALUNYA

La izquierda y la autodeterminación, apuntes de un balance (Parte I)

El proceso democrático catalán ha generado un gran debate entre quienes no apoyan la autodeterminación y quienes defendimos el derecho del pueblo catalán a decidir su destino. Apuntes de un balance.

Guillermo Ferrari

Barcelona | @LLegui1968

Lunes 16 de julio de 2018 | 17:35

La irrupción masiva del pueblo catalán demandando la independencia y/o ejercer el derecho de autodeterminación ha generado un enorme debate dentro de la izquierda (y fuera) y entre los trabajadores. La manifestación del 10 de julio contra la decisión del Constitucional que recortó el Estatut de 2006 fue la expresión de que se había llegado al final de la “vía estatutaria”.

La Diada de 2012 fue la constatación de que amplias franjas de la población querían superar el limitado autogobierno que el Régimen del 78 imponía al pueblo catalán. Centenares de miles de personas se movilizaron para sorpresa de todos. Se llegó a hablar de casi dos millones. Las encuestas y estudios sociológicos indicaban que alrededor de la mitad de la población quería la independencia. Y que el 80% quería votar en un referéndum sobre el estatus de Catalunya.

Un enorme movimiento social se estaba gestando desde las bases. Amplios sectores del pueblo catalán estaban emergiendo y expresando su profundo malestar ante la grave situación política, económica y social que padecía (y padece) ante la peor crisis en décadas en el Estado español, Europa y el resto del planeta. Sin embargo, los principales dirigentes de ese movimiento fueron encontrados con el paso cambiado.

Convergència y el PSC miran a otro lado

Las huestes de Artur Mas y Jordi Pujol y Durán i Lleida fueron atrapadas por sorpresa ante este movimiento de enorme calado. Ellos estaban negociando más financiación con Mariano Rajoy, el llamado “Pacte fiscal català” para beneficiar a la gran patronal catalana. Los recortes que el Gobierno del PP obligó a hacer a las CCAA dejó a la burguesía catalana, dependiente del BOE catalán, con una parte muy reducida del “pastel español”, cuestión que preocupaba a CiU.

La gran patronal catalana estaba al frente del Consell Assesor per a la Reactivació Econòmica i el Creixement (CAREC). Ese organismo asesoraba al Govern “business friendly” de Artur Mas y Convergència y estaba presidido por el Presidente de Abertis y un ejecutivo de Price Waterhouse. En el documento citado se encargaba de aclarar que el Pacte Fiscal que los principios del “Pacte se basa en principios de eficiencia” y que debería ejercerse en el marco del “Estatut como una ley orgánica”.

También el PSC de José Montilla y Pasqual Maragall iba en dirección contraria (al igual que sus socios de gobierno Esquerra e ICV). Los social-liberales estaban tratando de implementar el Estatut del 2006. Ellos pasaron del “aprobaré el Estatut que salga del Parlament” de Zapatero al Estatut recortado por una negociación posterior de Zapatero y Artur Mas. Y, finalmente, se tragaron la madre de todos los recortes del Constitucional, el PP y el búnker.

El PSC acabó siendo el fiel escudero del PSOE, como no podía ser de otra forma. Al fin y al cabo son socios desde hacía casi 40 años. Y, el PSOE es el máximo defensor del Régimen del 78 y los negocios de la Corona española. Ellos firmaron la continuidad del Rey nombrado por Franco y los pactos de La Moncloa. Si faltaban más pruebas de ello, el “nuevo PSOE” de Pedro Sánchez lo vuelve a demostrar evitando hablar sobre las grabaciones de Corinna y Villarejo.

La izquierda también se dividió. Aunque lamentablemente la izquierda no mantuvo una posición independiente de las diferentes facciones burguesas. Esta ausencia no ayudó a que surja una postura que resuelva la cuestión nacional desde una perspectiva de la clase trabajadora y el conjunto de los explotados. Y, por tanto, no hubo un sector que dispute la hegemonía y dirección del movimiento a Convergència y Esquerra.

La izquierda que no denuncia la represión del Estado

Un grupo de intelectuales “personas de izquierda” publicó a mediados de setiembre de 2017 en el diario “El País” una declaración denunciando al 1-O como “una estafa antidemocrática. Y llamamos a no participar en esta convocatoria”. Entre algunos firmantes destacados estaban la líder feminista Lidia Falcón, el exsecretario general del PCE Paco Frutos, varios dirigentes de Recortes Cero y sindicalistas que ya no están en activo o dirigentes políticos de segundo orden del PSC, del PSUC o de ICV.

En primer lugar hay que destacar que estas personas de izquierda coinciden 100% con la postura del Gobierno, la derecha del PP y Ciudadanos (y el PSOE que fue la sombra de Rajoy), el Tribunal Constitucional, la caverna mediática de Madrid y el búnker del 78. Todos ellos han llamado a no participar en el referéndum del 1O. Y ya vimos cómo fue perseguido por la “Justicia” y la fuerzas represivas.

Este grupo de intelectuales denuncia que no hubo “tiempo para un debate sosegado”. Sin embargo, no menciona que la sociedad catalana lleva años movilizándose pidiendo la realización de un referéndum. Años pidiendo que el Estado delegue la competencia para convocar un referéndum o buscar alguna fórmula pactada. Sin embargo, la respuesta de los jefes de Gobierno y de la oposición fue que jamás acordarían tal convocatoria.

En todo el texto resulta muy sonoro el absoluto silencio que hay respecto de la acción del Gobierno de Rajoy en relación con Catalunya. No se habla del rol del Constitucional anulando artículos del Estatut que se encuentran exactamente igual en otros estatutos autonómicos. Tampoco de la desinversión progresiva por parte del Estado. Y, mucho menos aún, de la represión judicial y policial que en esos días vivía el pueblo catalán.

Pero lo peor de todo, es que estos intelectuales de izquierda no mencionen al pueblo catalán. Hablan de que Puigdemont convocó el 1-O. Sin embargo, “olvidan” las numerosas movilizaciones de las Diadas y en diferentes fechas pidiendo votar. Olvidan que casi la mitad de la población votó a opciones independentistas y que mucho menos votó a posiciones claramente unionistas.

Una “izquierda” que se “olvida” de la acción del Régimen del 78 y de la acción de amplios sectores del pueblo catalán se asocia directamente con el búnker franquista y se aleja de un reclamo legítimo de las masas. Se convierte en una izquierda de salón que es útil al Régimen y que se enfrenta a la voluntad que las masas.

La izquierda que quiere pactar con el Estado

La “nueva política” de Podemos se movió buscando una equidistancia imposible, de contradicción en contradicción y con principios para agradar a todos, aunque no agradaban a nadie. La dirección encabezada por Pablo Iglesias y otros dirigentes regionales planteaban la necesidad de un “referéndum pactado”, lo cual era un perfecto oxímoron. El objetivo era no cortar puentes con el PSOE y tener un perfil propio de cara a su parroquia.

Por otro, Barcelona en Comú de Colau, a último momento, acabó acordando ceder colegios electorales de la capital catalana para realizar el Referéndum del 1-O. Sin embargo, el espacio “dels Comuns” no ha participado abiertamente en el impulso y organización del referéndum. Para ellos era condición sine qua non pactar el referéndum con el estado opresor. Es imposible de olvidar cómo Coscubiela fue aplaudido en el Parlament catalán por Ciudadanos, el PP y el PSC. Su más firme escudero.

Tanto Podemos, como los intelectuales de izquierda han servido a la política del Régimen del 78. Al querer limitar al movimiento popular y democrático oprimido que busca cambiar su situación política y social han ayudado al Estado opresor. En movimientos sociales de éste tipo hay que ponerse del lado del pueblo oprimido para derrotar las instituciones opresoras. Al lado del pueblo catalán contra el Régimen del 78.

Mientras amplias franjas del pueblo catalán organizaron activamente un referéndum el 1-O, el líder de Podemos interpretaba que el "El 1 de octubre es una manifestación política legítima”. Y continuó aclarando que "Nosotros apostamos por un referéndum pactado y con efectos jurídicos concretos, que es algo muy distinto al 1-O”.

La izquierda que pide peras al olmo

La dirección de la CUP ha participado activamente en todos estos años del procés. El exdiputado David Fernández pronunció una frase que resume parcialmente la estrategia cupaire: “mano tendida con nuestro pueblo (avanzaremos por donde sea con tal de avanzar), y el puño bien cerrado contra les recortes y contra cualquier agresión a los derechos sociales o a los servicios públicos”. Parcialmente puesto que solo se cumplió la parte de “mano tendida” pero hacia Convergència y Esquerra Republicana.

Lamentablemente, la CUP decidió aprobar los presupuestos de JuntsxSí. Unos presupuestos que se adecuaron a los recortes sociales que había impulsado Artur Mas y Oriol Junqueras respetando las órdenes del entonces ministro Montoro. Es decir, unos presupuestos de “agresión a los derechos sociales o a los servicios públicos”. Mano abierta en la investidura del delfín de Mas, en la moción de confianza a Puigdemont, etc. y etc.

La formación “anticapitalista” también dejó “la mano tendida” para que Convergència y Esquerra, que llegaron tarde al vigoroso movimiento democrático catalán, se pusieran al frente del mismo y lo tuvieran durante años en un constante día de la marmota. La CUP se ha limitado en los momentos más calientes a apoyar al bloque de Convergència y de Esquerra incluso cuando estos participaron del 21D, luego de abandonar la voluntad popular del 1-O.

Una izquierda que le pide peras al olmo, que le pide valentía a la burguesía para movilizar al pueblo catalán, para acabar con los recortes, sino rompe con ella acaba perdiendo su carácter anticapitalista, socialista o feminista. La CUP está en la encrucijada.

Estos elementos de balance son muy necesarios para pensar las lecciones del gran proceso democrático catalán que aún no se ha cerrado. En una segunda parte continuaremos elaborando una propuesta desde el marxismo sobre cómo desarrollar un programa revolucionario.






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