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La lengua catalana, nueva moneda de cambio en la mesa de diálogo

En las sesiones del debate de política general que se celebra estos días en el Parlament de Catalunya, ERC volvió a enaltecer las negociaciones en la mesa de diálogo, cuando en realidad esta es un “quid pro quo” constante a la cual se suma la lengua catalana. Pero del referéndum de la autodeterminación y la amnistía no hay señales.

Guillermo Ferrari

Barcelona | @LLegui1968

Jueves 30 de septiembre | 09:22

El último rifi rafe entre el gobierno catalán y el gobierno central hace referencia a la legislación sobre la lengua catalana. Un nuevo desacuerdo al cual ayer Pere Aragonès no hizo referencia, a pesar de la defensa efusiva de la mesa de diálogo. Esta misma mesa que el presidente del Gobierno definió como una oportunidad histórica por los catalanes.

El gobierno de Pedro Sánchez tiene la mesa de diálogo, la reunión entre presidentes, reuniones entre partidos y todo tipo de encuentro, pero de repente decide hacer una ley que arrincona algo más la lengua catalana en los medios de comunicación. Parecería sorprendente que esto, con tantas reuniones, no se haya hablado antes. Pero no lo es. Son las “negociaciones” que hay en la famosa mesa diálogo.

El gobierno español ha dicho a diestra y siniestra que nunca concederá un referéndum de autodeterminación o la reclamada amnistía. Y el gobierno catalán dice que esto es el que quiere. Los dos saben que no habrá ningún referéndum pactado. Pues, las negociaciones tratan de poder autonómico y de dinero. Esto es el que denominamos como la “restauración autonómica” que está haciendo los gobiernos de ERC y JxCat desde la legislatura de Torra y ahora más decididamente con la presidencia de Aragonés.

Han sido las negociaciones de las millonarias ayudas europeas que llegan gota a gota; el proyecto de ampliación del aeropuerto y qué administración lo gestiona; el encarcelamiento de Puigdemont y su situación y seguramente las negociaciones de presupuestos. Y, desde hace unos días, la presencia de la lengua catalana en los medios de comunicación. La lengua catalana, poco a poco, pierde presencia social y si la discriminación positiva que hay a los medios se pierde, será un golpe difícil de asimilar. Todo vale, para el gobierno de Sánchez.

Todo esto es una muestra más que la mesa de diálogo es la mejor forma que han encontrado para sacar de las calles el movimiento independentista y pasivizarlo lo máximo posible. Sin embargo, la Diada del 11S ha demostrado que hay fuertes críticas dentro del movimiento contra la “mesa de diálogo” y que a pesar de la Covid-19 todavía hay voluntad de movilizarse. Pero estas críticas no tienen ninguna organización que las encuadre y las traduzca en una lucha en las calles.

Ni Jordi Cuixart, con su efusividad; ni Elisenda Paluzie, con su nuevo eslogan (“presidente haga la independencia") hacen nada más que movilizaciones los días de fiesta y se dedican a presionar discursivamente a ERC y JxCat para que hagan algo para disimular.

Desgraciadamente, los dirigentes de la CUP se encuentran en el camino de apoyo, con críticas impotentes, al nuevo gobierno y con los dos años de gracia que concedió a Pere Aragonès. El nuevo eslogan de Carles Riera es una muestra de esto: “Presidente, haga el referéndum”. La cúpula de la CUP elige presionar a ERC y JxCat para hacer un nuevo 9N y 1O. Pero ¿ahora sin “jugar de farol”?.

El movimiento independentista se encuentra en una encrucijada. O continua de la mano de ERC y JxCat por el camino de la restauración autonómica, o busca movilizarse y organizarse de forma independiente de los agentes de la burguesía catalana para relanzar la lucha por la autodeterminación de Catalunya e imponer el referéndum de autodeterminación a los poderes políticos españoles y a los dirigentes burgueses catalanes.






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