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La nueva “coalición” de Boric, las reformas moderadas y la lucha por las demandas de octubre

Las expectativas en Boric y la Convención son altas. Hay que llevar esas expectativas hacia las luchas y revitalizar las asambleas, comités y coordinaciones en perspectivas de la movilización para conquistar las demandas de octubre.

Pablo Torres

Sábado 29 de enero
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Decíamos en una nota al momento que fue nombrado el primer gabinete de Boric, que “ampliar la base de apoyo” de Apruebo Dignidad se trataba en realidad de una nueva “coalición ampliada”, ahora junto al Concertacionismo “progresista” o el social-liberalismo representado en el PS, PDD, PR, partidos que gobernaron 20 de los últimos 30 años cuestionados en las calles. Un viejo ideólogo concertacionista (Joaquín Brunner) la alabó como una “muestra de elemental realismo; de ser un gobierno de minoría pasa a ser, ahora, un gobierno de semi mayoría, a cambio de flexibilizar el purismo ideológico-programático.” Camila Vallejo en su primera entrevista ante El Mercurio señaló que se trata de un “gobierno de centro-izquierda”. A confesión de parte…

Con este cambio de naturaleza política del gobierno, Boric sumó cuatro partidos a la coalición, con Apruebo Dignidad quedando con la mitad del gabinete (mitad (5 CS, 2 RD, 1 Comunes, 3 PC, 1 FRVS) y el socialismo neoliberal que se dice “progresista” 7 carteras. Como muchos señalaron se trata del encuentro inicial de “dos mundos” que se podrían complementar, aunque también verán nacer probables agudas luchas intestinas en su seno. Los “hijos de la Concertación” si en un principio “mataron al padre” como señaló Tironi, el “perdón” del “padre” en segunda vuelta (con el apoyo incondicional de Lagos, Bachelet y casi todo el viejo mundo concertacionista) les llevaron a la “reconciliación”.

El final del eje histórico PS-DC, y el inicio de una nueva alianza Apruebo Dignidad (FA-PC) y “socialismo democrático” (PS, PPD, PR, PL) podrían marcar el inicio de un nuevo sector “liberal-progresista”, particularmente entre el FA y los ex concertacionistas. No casualmente el PC, si buen obtuvo la “vocería” con Camila Vallejo y el ministerio del trabajo y de ciencias, no quedó contento con la nueva coalición, sobre todo con el aterrizaje de varios ministros concertacionistas y en particular el neoliberal Mario Marcel en Hacienda.

¿Cómo cambia representación parlamentaria?

  •   AD por sí mismo tiene 37 diputados (24% de la Cámara) y 6 senadores (10%).
  •   El social-liberalismo concertacionista les agrega 28 diputados (13 PS, 4 PL, 7 PPD, 4 radicales) o sea 18% de la cámara; y 13 senadores o 26% del Senado (7 PS y 6 PPD).
  •   La ampliación de la coalición implica una duplicación de fuerzas en la Cámara de Diputados: pasa de 37 diputados a 65 diputados; y triplica en el Senado, de 6 senadores a 19.
  •   Esta “ampliación” de la base de apoyo si bien le modifica la relación de fuerzas parlamentaria, saliendo de la minoría aproximada del tercio en diputados y de mucho menos en el senado; implica sin embargo, negociar todo, y por tanto, hacer concesiones, primeramente a toda el ala conservadora y neoliberal de su propia coalición. O sea, cualquier proyecto de ley de reforma probablemente inicie ya amputado de cualquier medida más o menos radical.
  •   Y aun temiendo eso, no alcanza la mayoría. Esta se logra con 78 diputados y 26 senadores. En Diputados le faltan 13 votos para la mayoría y en el Senado 7 votos. Esto implica que para lograr mayoría en el Senado tendrá que negociar constantemente con la DC, que tiene 8 diputados y 5 senadores. O sea, más “moderación” a las reformas. Y también con el bloque de 6 diputados del Partido de la Gente que emergió con fuerza en el norte. En el Senado, aun considerando que a fuerza de concesiones logre el apoyo DC, aún le faltarían 2 votos de la Derecha para mayoría. Ni qué tenemos que decir lo que implica esos negocios para obtener votos derechistas.
  •   Este círculo de la relación de fuerzas parlamentaria, para lograr aprobar sus reformas, implica por tanto que aquellas que lleguen con mayoría como la reforma tributaria vendrán cuasi-mutiladas, completamente “moderadas” para caerles bien a las viejas fuerzas políticas burguesas, mismas que también ahora son parte del gobierno o fuera. Recordemos que fue un banquero quien señaló que él había sido el “padre de la guagua” (de la reforma tributaria de Bachelet) cuando la hicieron digerible al gran empresariado.
  •   Y no hablamos de las reformas más cualitativas, como algunos casos de indulto (donde ya el Concertacionismo lo mutiló en la negociación para dejar a cientos de muchachos presos o procesados) o para las AFP que requieren un quorum de 3/5 que implica un gran acuerdo amplio con la vieja concertación y la derecha.
  •   Estos “cálculos” que en su momento dejan tranquilo al gran empresariado, los medios de prensa y viejos partidos, de que vuelva la “democracia de los acuerdos” que predominó los últimos 30 años: el co-gobierno entre “progresistas” y derechistas.

    Eso ya asegura que no se trata de grandes transformaciones radicales al modelo. ¿Habrá cambios? Sí, es probable. Pero será despojando cualquier aspecto más radicales para que sean reformas “digeribles” por el sistema y gradualmente. Un programa de “reformas al neoliberalismo” continuando el camino de Bachelet.

    De ahí la cuestión de la independencia frente al gobierno: mayor “cooptación” implicará más subordinación a estas negociaciones y moderaciones. De ahí también la necesidad de la movilización independiente: es la única forma de arrancar conquistas que respondan a los intereses populares y no a los negocios.

    Está por verse la batalla que se libra en la Convención Constitucional ahora que se entran a tocar los temas de fondo, sin embargo ya ha iniciado la campaña empresarial, de viejos partidos e incluso del FA y el PS, de una “constitución moderada”, con derechos sociales pero “sobre la base de lo construido estos 30 años”.

    La presión del mercado vendrá desde el PS al interior de la coalición, y por fuera, además del uso de la “opinión pública” o golpes de mercado que puedan hacer para eliminar o moderar reformas que no les gusten, la DC y la derecha aseguran que cualquier “acuerdo” para reformas no impliquen tocar sus intereses. La presión desde abajo vendrá de la calle y/o los movimientos, del impulso de masas por sus demandas inconclusas y por cambios radicales. Mantener la independencia y oposición a este gobierno y al sistema será clave para fortalecer las organizaciones y movilizaciones.

    Las expectativas en Boric y la Convención son altas. Hay que llevar esas expectativas hacia las luchas. En las iniciativas populares de ley cientos de miles han firmado varias propuestas pero por el filtro anti-democrático de 15 mil firmas hasta ahora han pasado poco más de 30 de más de 6 mil presentadas. Este filtro no solo atenta contra cualquier deliberación popular (a diferencia de la derecha que hace campañas pagas y con miles de mecanismos comerciales facilita las firmas) cuestión que debería eliminarse; sino que además, so pena de quedar en la ilusión de que la Convención resuelva esos problemas (lejos de ello, la CC ha respetado casa una de las reglas del sistema, partiendo por los 2/3 y abandonar la liberación de los presos) deben ir en la perspectiva de las luchas, y de revitalizar la deliberación democrática de trabajadores, jóvenes, mujeres y pueblos originarios en asambleas, comités y coordinaciones. Hay que avanzar a un pliego único de demandas y un plan de lucha unificado exigiendoles a las conducciones sindicales y de los movimientos, para reimpulsar la movilización independiente para conquistar todas las demandas irresueltas de octubre y luchar por una salida por izquierda desde las y los trabajadores.


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    Pablo Torres

    Dirigente nacional del Partido de Trabajadores Revolucionarios (PTR). Autor y editor del libro "Rebelión en el Oasis", ensayos sobre la revuelta de octubre de 2019 en Chile, Edición Ideas Socialistas, 2021.

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