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La ofensiva de los jueces y la derecha contra el catalán en la escuela es un ataque contra los hijos e hijas de la clase trabajadora

La sentencia del Tribunal Superior de Justicia ataca la inmersión lingüística en Cataluña obligando a hacer un 25% de las clases en castellano. El PP pide un 155 educativo. Una ofensiva contra la educación en catalán que acabará perjudicando a los hijos e hijas de la clase trabajadora.

Contracorrent

Catalunya

Jueves 25 de noviembre

El Tribunal Supremo ha inadmitido el recurso presentado por la Generalitat contra la sentencia del TSJC que imponía en los centros educativos catalanes hacer un mínimo del 25% la docencia en castellano. Esta sentencia supone el fin de la inmersión lingüística, un grave ataque en la escuela catalana y una nueva injerencia del estado Español.

Desde las organizaciones en defensa de la escuela pública catalana se hace un llamamiento a la desobediencia. Diversas organizaciones estudiantiles como el Sindicato de Estudiantes de los Paisos Catalans o la agrupación Contracorrent, han convocado paros de la actividad lectiva para este próximo viernes 26 de noviembre.

La derecha españolista, con el PP de Casado al frente, pide un 155 contra las competencias educativas de la Generalitat. Un ataque con tufo franquista que quieren volver a imponer en qué lengua se puede o no se puede estudiar en Catalunya.

Ante esta situación, hay que recordar que la conquista del catalán como lengua vehicular en las escuelas fue una victoria del movimiento obrero en Catalunya durante la Transición. Contra la propuesta de la derecha catalanista de implantar un modelo de doble red, en el que habría centros divididos por lengua, la apuesta por la normalización lingüística era la defendida por todas las organizaciones obreras y de la izquierda.

Esta vía pretendía evitar la división de la clase trabajadora migrada del resto del estado y la originaria de Catalunya en escuelas distintas. A la vez, representaba una forma de evitar que los hijos e hijos de obreros castellanohablantes acabaran yendo a escuelas en castellano, lo cual dificultaría su aprendizaje del catalán. El motivo era evitar una mayor desventaja en la hora de acceder a puestos de trabajos más cualificados donde la clase media y alta contarían con las herramientas lingüísticas necesarias, además de los recursos económicos.

La derecha vasca impuso el modelo segregador y los resultados son, 40 años más tarde, muy diferentes. La diferencia en el dominio del euskera entre las alumnos escolarizados en ikastolas y los que lo han estado a escuelas con el castellano como lengua vehicular es muy grande.

No obstante, la inmersión lingüística ha sido sin duda parcial. A pesar de que ya son muchas generaciones las que han estudiado en catalán y lo saben utilizar, el uso del catalán entre el alumnado de la ESO ha disminuido. Mientras que hace quince años un 67,8% de los estudiantes lo utilizaban “siempre o case siempre” actualmente solo lo hace el 21,4%

Lejos de la leyenda españolista que dice que el castellano es una lengua marginada, en Cataluña sigue siendo la lengua hegemónica en televisiones, plataformas, cine y un largo etcétera.

Ahora, el 25% del castellano obligatorio acaba con la inmersión lingüística y abre la puerta en una escuela segregadora por lengua, modelo todavía más perjudicial para los hijos e hijas de la clase trabajadora no catalanohablante.

Desde Contracorrent rechazamos la sentencia del TSJC ratificada por el Supremo y las amenazas de la derecha del 155. Apostamos por una escuela totalmente pública donde el catalán sea la lengua vehicular y nos sumamos a todas las iniciativas de movilización y desobediencia que se impulsen desde las organizaciones de la comunidad educativa.

Al mismo tiempo, defendemos un aumento de la financiación y la contratación de profesorado en la enseñanza pública, gravemente afectada por los recortes de los últimos años por parte de los gobierno de la Generalitat. Una de las partidas más insuficiente es la que se dedica en las aulas de acogida, horas y profesionales indispensables para garantizar que la inmersión no genere nuevas brechas contra los alumnos recién llegados.

Es necesario acabar también con los conciertos educativos y desplegar una gran red de centros públicos, evitando la segregación de los barrios populares, tanto perjudicial por los hijos e hijas de la clase trabajadora tanto a nivel de lengua como de calidad educativa.






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