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Universidades: la semipresencialidad volverá a ser la norma este curso

Tras un verano en el que la mayor parte de la población ha sido vacunada (se supera ya el 70% con la pauta completa) y en el que han desaparecido gran parte de las restricciones al ocio, las estudiantes no entienden la reciente noticia de que las universidades inicien el curso con un modelo de docencia mayoritariamente semipresencial.

Irene Olano

Madrid

Lunes 6 de septiembre | 08:38

La fórmula de las universidades para afrontar este comienzo de curso y la crisis sanitaria sigue siendo la misma, a pesar de que un año y medio de pandemia ha mostrado que no funciona. Esta fórmula consiste en optar por un modelo semipresencial o directamente online, pero no se da ninguna solución eficaz para resolver la brecha digital para que todas las estudiantes puedan seguir las clases. Además, las y los estudiantes seguimos yendo a las facultades en metros y trenes completamente hacinados que ni universidades, ni gobiernos apuestan por mejorar.

Este curso se añade el ingrediente de incertidumbre que indirectamente echa a las clases populares de la educación superior. El cambio en el modelo de enseñanza de la presencialidad esperaba a la semipresencialidad a solo unos pocos días del inicio de las clases y las escasas respuestas sobre el futuro inmediato de miles de jóvenes dificulta enormemente que un estudiante se pueda plantear conseguir un trabajo estable o, directamente, continuar sus estudios.

Las incógnitas sobre la presencialidad, las ya altísimas tasas y las dificultades económicas que trajo consigo la crisis del coronavirus echa poco a poco a los sectores populares de las universidades, sobre todo a aquellas jóvenes que para pagarse el grado tiene que trabajar o que carecen de un buen espacio desde donde seguir las clases.

A pesar de lo que nos cuentan las autoridades universitarias, las universidades no están preparadas para ofrecer una enseñanza de calidad a distancia, echando sobre estudiantes y docentes una carga extra para poder seguir el curso académico.

Una estudiante de Nutrición y Dietética nos cuenta que considera que la universidad no se hace cargo de la situación de los y las estudiantes, muchos de los cuales tienen enormes dificultades para poder conectarse a clase desde casa en condiciones óptimas: “La universidad te da un ordenador propio si lo necesitas, pero no puede darte una habitación propia”, señala.

Varias estudiantes se refieren a que la calidad de la enseñanza ha caído en picado desde el cambio al modelo on-line y que su propio rendimiento se ha visto mermado dada la dificultad de concentrarse varias horas seguidas delante de una pantalla. “Si hubiera deseado estudiar a distancia, me habría apuntado a la UNED”, destaca además una de ellas.

Olivia, estudiante que va a comenzar este curso un máster, señala la contradicción entre la actitud de las autoridades universitarias en junio, cuando señalaron que no era posible llevar a cabo los exámenes online y juntaron a una multitud de jóvenes en las aulas, provocando masificaciones, y su decisión ahora de continuar con la docencia on-line: “La única explicación es que, yendo la mitad del tiempo a clase, les costamos también la mitad de dinero”, señala.

Otra estudiante recuerda que es posible mantener más distancia en clase de la que se puede mantener en transporte público, y que la universidad no tuvo reparo en congregar a varios cientos de estudiantes a la misma hora el curso pasado, que tuvieron que llegar en un transporte público masificado a los exámenes.

Raúl, integrante de la agrupación juvenil Contracorriente, ha señalado que la decisión de la universidad de empezar con un modelo semipresencial y avisando con tres días de antelación “no termina de sorprender teniendo en cuenta que es la misma universidad que, a principios de año, nos obligó a acudir a aulas masificadas en uno de los peores momentos de la pandemia”.

Destaca también que el problema de fondo no es tanto la presencialidad (sobre la cual los propios estudiantes han mantenido posturas distintas) como “la falta de democracia en la universidad, que impide que los estudiantes tengan ninguna voz en la toma de decisiones en ella, pese a ser la mayor parte de la comunidad universitaria”.

El modelo de universidad-empresa neoliberal se ha mostrado más inoperante que nunca durante la pandemia, el momento perfecto para mostrar que la universidad podía ponerse al servicio de los intereses de las mayorías sociales. Frente a eso, mostró todo el curso pasado su cara más represiva, tratando de impedir a toda costa la autoorganización estudiantil, sin criticar un ápice las medidas de confinamiento clasista y sin tener en cuenta la opinión y necesidades de los estudiantes.

Raúl señala además que, a pesar de ser mayoría, los estudiantes son quienes menos voz tienen en la toma de decisiones en la universidad mientras que empresas como el BBVA o el Santander tienen puestos en el Consejo Social, órgano que rige en última instancia la universidad.

Este modelo de universidad neoliberal en el que la voz de las estudiantes y otros trabajadoras de la universidad (como personal de limpieza o mantenimiento) está siempre por detrás de la de grandes empresarios es una pieza clave para el mercado y la competencia capitalista.

La educación superior queda, como el resto, adaptada a los intereses y vaivenes del mercado laboral. No sólo no nos garantiza trabajo, sino que degrada la formación en contenidos, colaboración y espíritu crítico de forma servil a los intereses de las empresas a cuyas garras acabamos arrojadas una vez acabamos de estudiar. En definitiva, promueve cualidades que interesan que tengan los futuros trabajadores cualificados del capitalismo.

Desde la agrupación juvenil anticapitalista y revolucionaria Contracorriente apostamos por una universidad dirigida por el conjunto de la comunidad universitaria, tanto estudiantes como trabajadores docentes y no docentes, en el que se discuta mediante métodos democráticos cuáles son las medidas para garantizar una vuelta a las aulas seguras, así como cualquier otra medida que nos afecte, en lugar de ser dirigida por la casta universitaria y grandes multinacionales.

Por todo esto debemos seguir luchando contra todos los avances de la universidad neoliberal en nuestra educación y su forma de enseñanza cada vez más elitista. Tenemos que pelear por una universidad 100% pública, gratuita y de calidad, libre de empresas que decidan qué y cómo estudiamos, al servicio de la clase trabajadora y de las necesidades de la sociedad.

Este nuevo curso, ¡súmate a Contracorriente para organizar un movimiento estudiantil capaz de arrancar la universidad de las manos de las empresas y sus intereses!






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