Sociedad

AUMENTO PRECIO ELECTRICIDAD

La trampa del recibo de la luz: un mercado al servicio de los capitalistas

¿Cómo se ha llegado a esta situación en el mercado eléctrico? ¿Cómo se compone la factura de la luz? ¿Qué tipos de mercados y tarifas existen? ¿Qué papel juega el gobierno y cómo se enriquecen las empresas? ¿Qué salida hay para la clase trabajadora? Sobre estos y otros aspectos escribimos en esta nota.

Martes 7 de septiembre | 09:13

En esta nota explicaremos, en primer lugar, como se ha llegado a esta situación en el mercado eléctrico, los diferentes tipos de mercados y tarifas existentes y las previsibles consecuencias de un aumento en el precio de la electricidad sin precedentes; para, posteriormente reflexionar sobre las posibles soluciones para que la clase trabajadora, una vez más, no nos veamos más precarizada por un sistema económico que nos condena a la miseria y como algunas organizaciones -tanto a nivel político como “sindical”- no hacen más que velar por los intereses de las grandes empresas en contra de los intereses del pueblo trabajador al que dicen representar.

¿Cómo se compone la factura de la luz?

En primer lugar, trataremos de explicar, para que lo entienda todo el mundo, de que se compone la factura eléctrica. Esto es importante porque, si queremos hablar de verdadera democracia, el primer paso es que la clase trabajadora -clase mayoritaria ya que los capitalistas son una minoría, pese a que posean la mayoría de la riqueza- tenga los conocimientos necesarios para así poder decidir qué es lo que le conviene y lo que no; más allá de dejarse guiar por tertulianos televisivos que defienden a la clase dominante: la burguesía.

La factura de la luz se compone de una parte fija y otra variable. La parte fija es la que se paga por la potencia contratada. Se mide en KW y es la potencia máxima que se puede consumir sin que se corte el suministro. Para que todo el mundo lo entienda, podremos decir que se paga más o menos en función de los equipos eléctricos que podremos conectar simultáneamente en nuestro domicilio sin que salten los plomos; aunque hay que tener en cuenta que no tiene la misma potencia un horno, una cocina o una máquina de aire acondicionado que una bombilla, un televisor o un ordenador personal. Por otra parte, en la factura de la luz, tenemos también la parte variable que mide el consumo en KWh; es decir la cantidad de electricidad que hemos consumido. En los últimos meses hemos observado cómo el precio por KWh (es decir el precio por la cantidad de electricidad que consumimos) se ha incrementado de una manera salvaje y sin precedentes, siendo el responsable de la subida en la factura de la luz.

Mercado libre y “regulado”

Este precio por KWh se divide principalmente en dos mercados: el mercado libre y el mercado “regulado” (aunque a continuación veremos que la regulación brilla por su ausencia). El mercado libre es, teóricamente, el acuerdo al que llega el consumidor individual con la empresa eléctrica sin ningún tipo de regulación; y el regulado aquel en el que interviene el gobierno. Dentro del mercado libre cada empresa energética es capaz de ofertar los precios que le venga en gana. Usualmente las empresas energéticas dicen que este mercado es más beneficioso para el usuario, pero numerosos estudios de organizaciones de consumidores han demostrado reiteradamente que es falso. Una de sus principales alegaciones en este sentido es que cuando el mercado regulado sube (más adelante explicaremos por qué lo hace) el acuerdo al que han llegado la empresa y el consumidor se mantiene sin sufrir dicho incremento. Hecho completamente falso ya que las subidas en el mercado regulado siempre han repercutido en subidas en el mercado libre; incluso, en los últimos meses desde el tarifazo progresista, incumpliendo las normativas mínimas que, supuestamente, lo impedían. No ocurre así, sin embargo, cuando se han registrado bajadas de precios en el mercado regulado. Hecho que nos demuestra que los capitalistas pretenden obtener cada vez más beneficios a costa de la miseria de la clase trabajadora.

El mercado “regulado” era lo que, anteriormente a la reforma de éste por parte del ejecutivo de Mariano Rajoy, se llamaba Tarifa de Último Recurso (TUR). Esta tarifa, TUR, sí podríamos decir que era una tarifa regulada, puesto que se fijaba un precio fijo para el Kwh (recordemos que es la unidad en la que se mide el consumo eléctrico) durante un periodo de tiempo determinado. Con la reforma eléctrica de Mariano Rajoy este sistema cambió: en lugar de fijar un precio para un periodo determinado, se comenzó a fijar un precio para cada hora del día. Dicho precio se fijaba el día anterior en una “subasta” en la que la mayor parte de quienes producían la energía y quienes las compraban eran las mismas empresas ¿adivináis quien? Sí, las empresas capitalistas que conforman el oligopolio eléctrico. Tampoco hay que tener un master en economía para darse cuenta de que si dejas en manos de capitalistas sin escrúpulos fijar el precio de la energía no va a ser beneficioso para la clase trabajadora. Este precio es al que los grandes medios de comunicación aluden cuando citan el precio del MWh -sí ese que en el Estado español está en máximos históricos por encima, incluso, de otros estados europeos-. Pero este no es el precio que pagamos los consumidores por la energía consumida, a dicho precio hay que añadirle lo que llaman peajes de acceso: una suerte de impuestos debidos, en gran parte, a la deuda histórica que tiene el estado con las compañías eléctricas. En esta nota, por simplificar, no nos extenderemos en este asunto; pero podremos decir que fue otra de las victorias de los capitalistas frente a la clase trabajadora.

La farsa progresista y el verdadero aumento del precio de la luz

Con la llegada al gobierno de las y los ministros “progresistas” (esos que un día están repatriando MENAS saltándose incluso la doctrina de la justicia burguesa, otro están mandando a la policía a apalear brutalmente a la clase trabajadora que lucha por sus intereses -como recientemente en el desalojo del Gaztetxe Errotxapea en Iruña y no han derogado las reformas laborales ni la ley mordaza, pero te venden como un éxito rotundo una subida irrisoria del SMI), la situación no mejoró en absoluto. El Gobierno, lejos de meter mano al proceso por el que se obtiene el precio de la energía -recordemos esa “subasta” entre quienes venden y compran que son los mismos-, lo que hizo fue una redistribución y revisión al alza de dichos peajes para venderte la moto de que si planchas a las tres de la mañana te iba a salir más barato; pese a que eliminaron la tarifa nocturna que realmente ofrecía unos peajes menores en horario de 22 a 12 horas. Os pondré algunos ejemplos del precio de la energía en diferentes momentos, desgranando los diferentes conceptos, y no os aburriré más con tecnicismos:

· El 3 de setiembre de 2021 a las 21 horas el precio del Kwh era de 31,26 céntimos, de los cuales el precio de la energía no superaba los 18 céntimos.

· El 13 de enero de 2021 el pico máximo se registró a las 20 horas con un precio de 18,7 céntimos, de los cuales el precio de la energía rozaba los 14 céntimos. Recordemos que durante esos días estábamos todavía bajo los efectos de la ola de frío que dejó la borrasca Filomena, cuando se incrementó el consumo de energía y los capitalistas decidieron subir el precio para aumentar sus beneficios.

· El 11 de noviembre de 2020 a las 15 horas el precio del Kwh era de 9,3 céntimos, de los cuales el precio de la energía rondaba los 4 céntimos.

· El 12 de abril de 2015 a las 16 horas se registró un precio de 8.5 céntimos para el Kwh; de los cuales el precio de la energía rondaba los 1,5 céntimos.

Con estos datos parece que la subida del 25%, según los datos del gobierno, se queda un poco corta. (Fuente: https://www.esios.ree.es/es/pvpc)

Debemos hacer mención a que, además de las empresas del oligopolio eléctrico, existen otras. Incluso algunas en régimen de cooperativa, sin ánimo de lucro y orientadas a satisfacer las necesidades de las y los usuarios. Sin embargo, dichas empresas, dentro del mercado capitalista, a día de hoy no está en disposición de ofertar unos precios razonables a los consumidores debido, en parte, a que han de acceder al mercado eléctrico controlado por las grandes empresas capitalistas para poder comprar energía y a que la red eléctrica -los cables por los que llega la electricidad a tu casa- también pertenecen a estas empresas. Otro hecho destacable es que, al bono social, una ayuda directa -aunque ínfima, y más en la situación en la que nos encontramos- por parte del Gobierno a colectivos desfavorecidos, familias numerosas y otras, sólo es posible acceder si se contrata la tarifa regulada con las empresas del oligopolio eléctrico. Cambiar este hecho tampoco parece que se encuentre en la agenda de las y los miembros del Gobierno, ni siquiera en el ala esa que se gusta denominar “progresista”, o incluso “comunistas”, como se autodenomina el ministro de consumo.

Los obscenos beneficios del oligopolio eléctrico

También hay que recordar cómo las empresas eléctricas han vaciado embalses, con los consiguientes efectos medioambientales y de falta de suministro a algunos pueblos, con el fin de obtener más beneficio. La energía hidroeléctrica es una de las más baratas de producir; si durante una época de precios de venta al alza la energía que se vende es producida de una manera económica, los beneficios son aún mayores. Esto nos vuelve a recordar que son capitalistas sin escrúpulos que únicamente pretenden seguir generando una riqueza que no podrán gastar ni aunque vivieran cientos de veces, mientras la precarización de la clase trabajadora es cada vez mayor.

Otro aspecto importante a tener en cuenta es el efecto que esto producirá en la economía sujeta a las bases del capitalismo, recordando que la electricidad es necesaria en la mayoría de procesos productivos y distributivos de los bienes de consumo: para las máquinas industriales, cámaras refrigeradoras de hostelería, etc. Si el precio de la electricidad se incrementa, pongamos en un 50%, siguiendo las bases de este sistema económico el precio del producto final se incrementará en la misma media: un 50 %, aumentando así el beneficio de los capitalistas, ya que uno de sus principios básicos es que siempre tienen que ganar más. Hecho que ha sido demostrado reiteradamente en todos los momentos, incluso en aquellos que algunos han denominado como crisis.

Esta situación es la que ha provocado que en 2020 Endesa obtuviera un beneficio neto de 1394 M€ e Iberdrola 3610 M€. ¿Os imagináis los beneficios que van a obtener a partir de ahora? Teniendo todo esto en cuenta, las burocracias sindicales de CCOO y UGT han decidido que no van a llamar a la movilización de la clase trabajadora contra este abuso. Cosa que tampoco nos sorprende si recordamos el folclore que se gastaron el 1º de Mayo en Madrid los dirigentes de CCOO y UGT con las y los ministros del “mal menor”. Miserables agentes de la burguesía en nuestras propias filas, que llevan décadas sin trabajar viviendo a costa de quienes trabajamos, cuyo maquillaje de representantes de la clase obrera no resistirá mucho más.

Por un frente de lucha contra el oligopolio energético capitalista y el Gobierno que lo sustenta

Debemos ser conscientes de la situación en la que nos encontramos. En los últimos 10 años UGT ha perdido 29.000 delegados y CC.OO. 23.000, aun así, parecen pocos teniendo en cuenta la situación actual. Frente a la postración de la burocracia sindical, debemos de tratar de buscar una confluencia, basada en asambleas, entre la mayor parte de colectivos de los que formamos parte quienes estamos abajo y a la izquierda, así como activistas y aquellas personas que, proviniendo de otras organizaciones, consideren que dichas organizaciones no tienen nada que ofrecer a la lucha obrera, así como con compañeras y compañeros de aún siendo afiliadas a estas organizaciones burocratizadas se proponen sacarse de encima a los burócratas atornillados a sus sillones y transformarlas en instrumentos para la lucha de nuestra clase.

Así debemos formar un frente de lucha lo más amplio posible en contra de las empresas energéticas capitalistas y el Gobierno que las sustenta, exigiendo a los grandes sindicatos que se pongan a la cabeza de esa lucha y que si no lo hacen queden retratados como lo que son. Porque no queremos migajas, ni una rebaja en la factura eléctrica ni volver a la situación de 2005, en plena burbuja capitalista. Queremos la expropiación sin indemnización de las empresas eléctricas y su nacionalización bajo una gestión realmente democrática ejercida por las y los trabajadores y usuarios. Para que así estas empresas dejen de tener como objetivo principal la acumulación de riqueza en manos de unos pocos y realicen una función social, suministrando energía en función de las necesidades de cada uno. No se puede seguir consintiendo que cuatro capitalistas sin escrúpulos sigan especulando y forrándose con bienes tan básicos como la energía a costa del perjuicio de la clase obrera. Nosotrxs decimos BASTA.






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