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Las tareas de los revolucionarios ayer y hoy

En un nuevo aniversario de la revolución española ponemos a disposición el artículo "La revolución española y las tareas de los comunistas" que forma parte del volumen 7 de las Obras Escogidas de León Trotsky, España, la victoria era posible: escritos 1930-1940.

Sergio Folchieri

Trabajador de Volkswagen

Viernes 17 de julio | 23:54

Al recomendar esta lectura que es parte de los Escritos de León Trotsky sobre la revolución española lo primero que se puede decir es que es una clase obrera que nos enseñó a muchos trabajadores poder tener una fuerza creativa y combativa. Es la única clase social, que todo lo hace, y nada posee. Estos escritos hablan de huelgas generales, insurrecciones, la lucha contra los fascistas, los falsos socialistas y comunistas, y hasta contra los anarquistas. Alerta sobre enemigos y falsos amigos. Habla de una clase obrera que organizaba la producción, las milicias antifascistas, la educación, la recreación, las patrullas de control (policía obrera). En las calles de Barcelona y Madrid se respiraba igualdad, libertad y fraternidad, pero sin la bandera tricolor de la revolución burguesa francesa.

Ese proceso revolucionario me enseño que nuestra clase está hecha para cosas mucho más grandes que luchar por el salario o por el trabajo. Los trabajadores tenemos el destino de gobernar, y podemos hacer casi todo, para que ello ocurra. Lo único que no puede construir la clase obrera, por su cuenta, es un partido revolucionario. Es necesario que la vanguardia de la clase mantenga vivas las lecciones de la lucha de clases, como fueron su triunfo en Rusia, sus múltiples derrotas, en España, en Alemania. Que forme un partido como el bolchevique, que se prepare para dirigir la toma del poder por los obreros. Que tenga militantes preparados a resistir el terror fascista, y sobre todo, las dulces palabras de los falsos amigos del frente popular.

En momentos de debacle económica mundial, que se agudizó exponencialmente producto de la actual pandemia, los tiempos de crisis, guerras y revoluciones se ven venir, de la mano de decenas de millones empujados al hambre. Recordemos nuestras luchas del pasado, para organizarnos en el presente, y poder triunfar, en el futuro.

Las lecciones de España

Septiembre de 1929. Comienza la crisis económica internacional, con la caída de la bolsa de Wall Street, abriendo un periodo de desocupación de masas, crisis económica profunda, con procesos revolucionarios y contrarrevolucionarios, y el camino a la masacre de la Segunda Guerra Mundial.

Consecuencias de un capitalismo cada vez más concentrado, en pocas manos, y una clase trabajadora más extendida, desde el portón de la fábrica, hacia ferrocarriles y telégrafos. Y centenares de millones de desocupados e indigentes. 104 años después, y con una clase obrera también extendida a grandes cadenas de supermercados, comidas y cadenas de distribución entre otras, podemos decir que la explotación y la opresión poco han cambiado.

Pero volvamos a España. Cae la monarquía española (esa nobleza católica reaccionaria, que hundió en el atraso a la península ibérica y saqueó a toda Latinoamérica), y se instaura la república con un gobierno de coalición burguesa-socialista. Se abre un proceso revolucionario de 8 años.

En este artículo, León Trotsky hace una definición del atraso estructural de España, viejo gran imperio, desplazado por Holanda y posteriormente por Inglaterra. El peso del atraso español se materializa en la influencia clerical, la debilidad de la burguesía domestica, un 70% de un campesinado, hambriento y analfabeto, y una gran esperanza: una nueva clase obrera, localizada centralmente, en las nacionalidades oprimidas de Cataluña (Barcelona) y el país vasco (Bilbao).

¿Cómo desarrollar un país, donde la tierra es de la nobleza y el clero, y para el campesino solo hay hambre? Las modernas fábricas abiertas durante la Primera Guerra Mundial, en la que España era neutral, dieron una expansión al movimiento obrero, incorporando el transporte y las comunicaciones. Se desarrolla un ejército proletario de millones de asalariados en el que convergen nacionalidades oprimidas en su interior, que no podían usar idiomas propios, ni debatir sus futuros.

La única alternativa era la revolución y la dictadura del proletariado. Un gobierno de las organizaciones obreras y campesinas, que expropiara la gran propiedad agraria, y la repartiera a los campesinos. Que terminara con las cargas fiscales sobre el pueblo, la deuda insoportable del Estado e instaurara un gobierno barato, dirigido por los trabajadores mismos. Que separara la iglesia del Estado, entregando sus riquezas al pueblo pobre. Que le diera la posibilidad de autodeterminación a las naciones oprimidas.

Un programa de legislación social radicalizado, partiendo de un seguro de desempleo, transferir los impuestos del pueblo pobre a los capitalistas, y que simultáneamente, levante un programa transicional (del Estado capitalista hacia el obrero) que imponga el control obrero de la gran industria, la nacionalización sin pago del transporte, la industria minera y los bancos. Medidas tendientes a preparar la transición a una economía socialista.

Pero en la España del 31, grandes organizaciones obreras reformistas dirigían el proletariado y el campesinado. Desde el poderoso Partido Socialista, principal organización de masas, que asume el gobierno junto a la burguesía republicana, hasta la Confederación Nacional de Trabajadores (CNT) de orientación anarquista, que aglutinaba al proletariado más revolucionario y era hegemónica en Barcelona. Los comunistas eran un pequeño grupo, y los oficialistas, que respondían a Stalin, estaban empapados de la teoría del “tercer período” (el período de ofensiva final para derrotar al capitalismo en el mundo), ignorando que los factores subjetivos (desarrollo del partido revolucionario, de las organizaciones de masas y de las consignas) estaban muy atrasados. Y allí estaba el peligro.

En España, los socialistas administran la decadencia capitalista matando la ilusión de cambio de millones. Anarquistas, que son antipolítica, correrán hacia la burguesía, cuando la revolución los tome desprevenidos. Cinco años después, ocurrió lo predicho por Trotsky, con el ingreso de tres ministros anarquistas al gobierno burgués del frente popular.

Trotsky dice: “la ventaja de las situaciones revolucionarias consiste en que las masas aprenden con gran rapidez. Su evolución provocara diferenciaciones y escisiones de manera inevitable, no solo entre los socialistas, sino también entre los sindicalistas”.

España, una deuda de la revolución, las juntas o los organismos de doble poder (como los soviets rusos)

“Para entrar en la senda de las grandes acciones, el proletariado tiene la necesidad de una organización que se levante por encima de las separaciones políticas, nacionales, provinciales y sindicales existentes en las filas del proletariado, y que corresponda a la envergadura tomada por la lucha revolucionaria actual. Una organización tal, elegida democráticamente por los obreros de las fábricas, de los talleres, de las minas, de los establecimientos comerciales, del transporte ferroviario y marítimo, por los proletarios de las ciudades y del campo, no puede ser más que el soviet. Los epígonos (falsos discípulos del leninismo) han causado un daño incalculable al movimiento revolucionario en todo el mundo, al implantar en las mentes, el prejuicio de que los soviets solo se crean para las necesidades del levantamiento armado, en vísperas de la insurrección. En realidad los soviets se constituyen cuando el movimiento revolucionario de las masas obreras, que se halla lejos todavía de la insurrección, siente la necesidad de una organización amplia y prestigiosa, capaz de dirigir los combates políticos y económicos que abarcan de manera simultánea, establecimientos y profesiones diversas. Solo a condición de que durante el periodo preparatorio de la revolución, los soviets logren arraigarse en el seno de la clase obrera, resultarán capaces de desempeñar un papel directivo en el momento de la lucha inmediata por el poder”.

Es una tarea de todo aquel que se precie como revolucionario pelear por los organismos de frente único de la clase trabajadora. Las juntas obreras en España, surgieron ante el levantamiento fascista del 19 de julio del 36. Como organismos de producción, distribución, organización de los pueblos del campo y la ciudad, de control de la retaguardia. De la vida misma de las ciudades. Pero la ausencia de un partido revolucionario, arraigado en el pueblo obrero, llevó a su disolución, y al restablecimiento de ayuntamientos y municipalidades, formas burguesas de gobierno, donde las masas son expulsadas de la conducciones de base, del país.

Hoy vemos, en EE.UU., huelgas solidarias de choferes y portuarios, con el movimiento antirracista. Se pone al orden del día la coordinación y el frente único como embriones de organizaciones independientes de las masas, para disputar la dirección de la clase trabajadora yanqui, controlada por el Partido Demócrata.

Como ultima conclusión, reproduzco la frase de León Trotsky, que sintetiza el problema pasado y el actual: “para llevar a cabo todas estas tareas de un modo eficaz, son necesarias tres condiciones: el partido, el partido y el partido”






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