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LUCHAS OBRERAS

Lucha contra la precariedad: claves de la actual oleada de luchas obreras

Esta semana se realizó un taller contra la precariedad organizada por Izquierda Diario y la Red de trabajadoras y trabajadores precarios. Participaron del mismo luchadorxs obrerxs del SAD, Telemarketing , hostelería, entre otros.

Viernes 3 de diciembre de 2021 | 18:31

*Reproducimos la intervención de Pablo Juárez, trabajador de hostelería, en el taller contra la precariedad.

Nosotros comenzamos a pensar en organizar este taller hace un mes atrás. En un primer momento, para dar herramientas básicas a trabajadoras y trabajadores precarios para enfrentar a los empresarios, sobre todo en esos sitios en donde la plantilla se encuentra en una total indefensión. Para eso invitábamos también nuestro compañero Juan Carrique, abogado con amplia experiencia en la CGT.

Sin embargo, en esto días tuvimos que cambiar un poco el contenido para dar cuenta de la nueva realidad. Cuento esta anécdota porque el otro día pensando al respecto nos dábamos cuenta de que hay un cambio grande en estas últimas semanas y que hemos vivido un noviembre caliente en la que han emergido diversos conflictos, alguno de ellos como el de Cádiz enormemente intensos y combativos.

Un fenómeno internacional

Esto no es algo que solo se esté dando aquí sino que forma parte de un fenómeno internacional, que por distintas vías viene haciendo emerger las luchas de la clase obrera.

Por ejemplo en EEUU se hablo de un Striketober, es decir un octubre plagado de huelgas e incluso un analista burgués de allí hablaba de una "huelga general encubierta". Esto lo decía por la oleada de huelgas que hubo en ese mes como sobre todo por la cantidad de trabajadoras y trabajadores que decidieron abandonar sus puestos de trabajo de forma individual, por considerarlos empleos de mala calidad. Al mismo tiempo la sindicalización y aumento de la reorganización obrera avanza a niveles que no se habían visto en décadas.

También estamos viviendo una crisis energética y de suministros que dura ya varios meses, y que por la negativa también pone de relieve la importancia de la clase trabajadora y su capacidad para paralizar la economía cuando en sus centros neurálgicos no funcionan.

Ya desde la pandemia se puso en valor de lo que se llamo “trabajadores esenciales” yendo en contra de toda la lógica neoliberal de décadas en la que se transmitía un discurso incluso de negación de la existencia de la clase obrera. Bueno pues durante esos meses, se vio que existen determinados trabajadores sin los cuales nada funcionaria en el mundo, que forman parte esencial de la economía y la producción.

Toda esa revalorización del papel de la clase obrera y su lugar en la sociedad se combina con la situación explosiva que estamos viviendo en estos momentos y que hace que surjan fenómenos de lucha obrera por todo el mundo y que en este mes de noviembre han irrumpido en Estado español también.

Inflación y lucha de clases en el Estado español

Para situar un poco más. Aquí hemos visto como en los últimos meses la economía experimentaba una fuerte recuperación, después del descalabro del 2020. Eso ha hecho que se recuperen niveles de empleo de antes de la pandemia, e incluso un poco más, y que se genere una sensación de cierto desahogo y menor miedo a perder el empleo.

Todos estos años de avance de la precariedad, volvieron a pegar un salto durante la pandemia y la patronal ha tratado de normalizar situaciones que antes parecían impensables. El no pago de horas, el alargar las jornadas, y en general apretar mas a la plantillas en las empresas es una realidad que la patronal impuso con la excusa de la situación excepcional que se estaba viviendo y aprovechándose del estado de shock que había.

Esto se agrava también por la inestabilidad y desequilibrios con que se desarrolla el actual crecimiento, que tiene como uno de sus principales elementos el aumento de la inflación hasta niveles no vistos en décadas en el Estado español, que golpea directamente a los niveles de vida de la clase trabajadora.

Por ejemplo, este noviembre terminamos con un aumento de los precios del 5,6 por ciento Y este año terminaremos con los índices de inflación más altos en tres décadas. Se trata de una nueva realidad, que aunque en proporciones mucho mayores, también en los países latinoamericanos es un problema permanente para las clases populares y generador de todo tipo de revueltas.

Este fenómeno inflacionista es un fenómeno global y se está dando en muchas de las principales potencias imperialistas, como EEUU, Alemania o países centrales de Asia como China.

Al mismo tiempo la burguesía y las grandes empresas no pararon de obtener beneficios ni siquiera en los momentos más duros de parálisis económica. Los viajes al espacio de Jeff Bezzos, la impunidad de empresarios como Florentino Perez que se hacen ricos gestionando las residencias y dejando morir en las peores condiciones a miles de ancianos, son las expresiones más odiosas de esto.

Todos estos elementos operan en la subjetividad de la clase obrera y explican este noviembre caliente. Y mas allá de los ritmos con lo que esto se vaya a desarrollar todas la luchas que surgen se enmarcan en esta situación, y son el resultado no solo de las condiciones pandemias y coyunturales sino la acumulación de años de agravios y de desprecio hacia la clase trabajadora.

Las luchas del metal en Cadiz, las de las compañeras del Sad en Madrid, las de limpiadoras en Valencia, son en defensa de las condiciones de vida y por mejores convenios ante una realidad que como decimos empuja a la pobreza a pesar de los datos de mejora económica.

Por tanto lo que está en cuestión es la disputa de sobre en quién va a recaer este aumento abrupto de los precios: si sobre los trabajadores o los más ricos. Por tanto el escenario que se dibuja es el de un conflicto de clases tenaz, mucho menos pacifico que lo que preveía la burguesía y el Régimen de conjunto.

El gobierno “progresista” en defensa del orden burgués

En este marco, el Gobierno viene mostrando lo que es: un gobierno que se posiciona abiertamente con la patronal, y no le tiembla el pulso a la hora de reprimir y apalear obreros. Sus medidas más sociales se han demostrado como una autentica miseria, como la subida del salario minimo, el ingreso mínimo vital, los ERtes, que están siendo devorados por la inflación. Y que por otro lado palidecen ante las ayudas directas e indirectas a los bancos y grandes empresas, sobre todo a raíz del desembolso desde Europa.

Pero también, y aun más escandaloso, ante las respuesta y resistencia de los trabajadores para pelear contra las condiciones de miseria que quiere imponer la patronal, el Gobierno utiliza la represión abierta y se juega a ser el máximo garante del orden burgués. Esto puede comenzar a significar un cambio grande con respecto a la percepción del gobierno progresista y principalmente de su socio supuestamente mas de izquierdas. Hasta ahora el Gobierno se había excusado en la pasividad de la gente y en el miedo a la extrema derecha para justificar su existencia, ya que no podía hacerlo realmente en medias que ayudasen a mejorar las condiciones de las clases populares.

Desde Cádiz hasta las movilizaciones en Galicia pasando por las limpiadoras de Castellón están mostrando la mentira del relato con el que se sostiene este gobierno tanmbién muestran, incipientemente la posibilidad de que surja una oposición de izquierda y de clase al mismo. Hasta ahora desde el punto mediático parecía que si estabas en contra del gobierno eras de derechas o poco menos que de Vox.

Incluso en conflictos como el del metal en Cádiz, el Gobierno tiene responsabilidad y control directo en muchas de las grandes empresas del sector que estaban en conflicto. Por eso cuando el dirigente del PCE pide a los trabajadores que confíen en el gobierno y acto seguido saca una tanqueta no puede haber un mayor desenmascaramiento de a quién realmente sirven el PSOE, Podemos y el PCE.

Por eso se jugaron a acabar con la lucha de los obreros en Cádiz, porque como mencionaban los compañeros también en un artículo de ID de balance del conflicto, en cada huelga se esconde la hidra de la revolución o al menos la posibilidad de poder luchar por mejores condiciones de vida para la clase obrera.

La clase trabajadora parece que no va esperar pasivamente a que el peso de la inflación, la carestía de la vida y todos los problemas que arrastra recaigan nuevamente sobre sus espaldas. Y en esa lucha el gobierno está en la barricada de enfrente, y lo mismo en Cádiz, Alicante o como pasó en Tubacex. Literalmente son el enemigo a quien enfrentar físicamente.

La burocracia sindical como freno para el desarrollo de la lucha de clases

La precariedad golpea sobre la clase obrera, todos estos conflictos tienen como denominador común que luchan contra esas condiciones de precariedad. Y son precisamente los sectores que más precarizados lo que toman la vanguardia de la lucha. Por ejemplo en Cadiz son los trabajadores de las subcontratas los que llevaron el peso de las movilizaciones, u otro sector como las limpieza en Cádiz y Castellón.

Eso no quita que hace falta sumar a los trabajadores de las grandes empresas que son el centro de gravedad del funcionamiento de esos sectores. De hecho, cuando no sucede eso, la patronal se aprovecha para desgastar los conflictos.

En ese sentido el papel de la burocracia sindical es clave. Cuando nosotros decimos que son la policía y los agentes de la patronal en el interior del movimiento obrero lo decimos por esto. Porque son los que garantizan la división entre las filas obreras. Los que se niegan a convocar huelga en Navantia, Airbus en Cadiz mientras sus hermanos de las subcontratas están en huelga en talleres del mismo polígono. A veces son hermanos literales, porque trabajan familias enteras en el sector en distintas empresas o depende de ellas.

Por eso cuando se intenta justificar la división o la parálisis de la clase obrera por falta de solidaridad o mezquindad de los obreros nosotros tenemos que decir que es mentira. Esto es por el papel de los dirigente de CCOO y UGT que hacen todo lo posible para que no establezcan lazos de solidaridad entre los trabajadores y reventar huelgas como por ejemplo las de las trabajadoras de la limpieza en Castellón en donde los burócratas de CCOO desconvocaron impunemente la huelga en contra de la voluntad de las huelguistas.

Ahora, también hay que decir que ese papel de la burocracia está más cuestionado que nunca. La anterior crisis y ciclo de la lucha de clases significó un duro golpe para muchos de los actores del Régimen, entre ellos la monarquía o el bipartidismo. Pero los sindicatos salieron relativamente indemnes. Y fueron un factor fundamental a la hora de impedir que la clase obrera pudiese intervenir con todo su peso social y sus métodos de lucha en la movilizaciones que desató entonces el 15M.

Ahora es diferente, o al menos empieza a haber fisuras más evidentes en la burocracia sindical. En primer lugar por la fuerte desafección que hay entre los trabajadores y por el debate que empieza a surgir dentro del ámbito de la izquierda sobre el papel de los sindicatos y en concreto de las burocracias de CCOO y UGT. Por ejemplo salió un artículo del periodista Antonio Maestre, que habitualmente es un palmero total de podemos y el PCE, que se titulaba bastante bien “CCOO y UGT en la tanqueta”, en referencia al conflicto de Cádiz. O multitud de artículos, no de Izquierda Diario, sino de los típicos medios progres del sistema, esta vez poniendo a debate y criticando a la burocracia sindical. Bueno yo eso no lo había visto de manera tan abierta nunca. Y expresa seguramente un estado de opinión entre la izquierda y las contradicciones que supone la emergencia de luchas obreras no solo para el Gobierno sino también para los grandes sindicatos.

Por otro lado, precisamente donde la burocracia sindical tiene menos peso y otros actores como los sindicatos alternativos han conquistado comités de empresa, secciones y posiciones en general es donde surgen estos conflictos y donde la burocracia tiene que ceder y verse obligada convocar paros, movilizaciones e incluso huelgas. Asi ha sucedido en Tubacex, en el metal en Cádiz, en donde hay procesos incipientes de reorganización sindical y la izquierda sindical empieza a cobrar más peso. O con los conflictos del Telepizza en donde nuestros compañeros en Zaragoza organizaron la lucha desde CGT.

En estos años la izquierda sindical ha venido ganando peso e influencia, y eso empieza a tener repercusiones en varios conflictos. Sin embargo también arrastran una falta de perspectiva estratégica y unas lógicas sectarias y corporativistas que lastran precisamente estos conflictos y hacen que desperdicien una y otra vez las oportunidades que les da la lucha de clases para avanzar en la reconfiguración del movimiento obrero y en dotarle de una mejor correlación de fuerzas.

Las posibilidades que abre este noviembre caliente

En ese sentido llegar bien preparados y poner en marcha nuevos espacios amplios de base, en forma de asambleas y coordinadoras es clave para romper la camisa de fuerza y la división que quiere imponer las burocracias. Pero esta tarea no puede ser pensada como algo que va a surgir espontáneamente, sino como una tarea estratégica en la que tiene que desarrollarse antes, durante y después de los conflictos, rompiendo cualquier lógica sectaria y mezquina que pueda haber entre las propias filas del sindicalismo alternativo.

Al mismo tiempo, luchas como la de Cádiz o la exitosa huelga de Tubacex demuestran la necesidad de extender los conflictos y sacarlos de las cuatro paredes de los centros de trabajo y rodearlos de solidaridad y buscar la confluencia con las grandes fábricas y centro neurálgicos de la economía.

El peso de la burocracia sindical es grande pero en muchos sentidos estas luchas demuestran que con una política correcta de denuncia y exigencia se les puede quebrar y obligarles a que se movilicen. Pero es necesario dar un paso más e ir construyendo poco a poco una dirección alternativa. La situación permite pensar que nuevos embates de la lucha de clases permitirán tener la posibilidad de que esto suceda. Nuestra perspectiva es luchar por eso, aun cuando nuestro grupo sea aun pequeño. En los sitios donde hemos podido hacerlo lo hemos hecho. Como mencionaba antes, en el Telepizza en donde organizamos por abajo la primera huelga en la empresa. Al mismo tiempo que nos solidarizábamos con los distintos conflictos que surgían.

En definitiva, pensamos es que es necesario desarrollar diversos métodos de lucha que permitan forjar una vanguardia obrera que a su vez se disponga a unir las filas de la clase obrera y sobre todo a organizar a los sectores más explotados y reventados. Que por cierto son los que en su inmensa mayoría no están sindicalizados. Y para atraer al grueso de esos sectores es necesario forjar organismos de autoorganización amplios que superen a los propios sindicatos.

Por último y ya abrimos el debate. Esta oleada de conflictos y luchas obreras muestran a la clase obrera nuevamente como un sujeto social determinante y que patea el tablero de la lucha de clases. Son muchos los que daban por muerta a la clase obrera, entre ellos supuestamente gente progresista y de izquierdas. Esa desconfianza iba en sentido directamente proporcional en la confianza en conseguir cambios y mejoras mediante la intervención en las instituciones del Estado burgués. La prueba de fuego la estamos viendo ahora, incluso estando en el gobierno lo único que los adalides del cambio tienen para los obreros son porrazos y pelotazos.

Nosotros en cambio ni en los peores momentos le hemos perdido la confianza a nuestra clase, porque sabemos que tarde o temprano acudirá a su cita con la historia. Y que si pone en pie con confianza y orgullo de sí misma puede hacer temblar el mundo.






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